Revuelta popular, Asambleas Territoriales y Educación Popular


Latinoamérica vive una época convulsionada que nos recuerda los procesos cíclicos de la historia. Después de la crisis y retirada de la oleada de gobiernos progresistas, estamos entrando a una época donde la emergencia de gobiernos de orientación fascistas y conservadores se entrelazan con rebeliones populares por todo el continente. Desde el majestuoso levantamiento del pueblo indígena en Ecuador con el ¡No al paquetazo! y el repentino ¡Todos al paro! de Colombia hasta el constante ¡Nou pap dom! de Haití y el ¡No al golpe! inesperado de Bolivia, se podía suponer que el “oasis” de paz social que era Chile se mantendría inmóvil ante tanto descontrol social. Sin embargo, como ya lo sabemos, ¡Chile despertó!, ya son más de 60 días de lucha que no parecen tener un fin cercano.

Mientras la lucha callejera y la “primera línea” ya se han hecho conocidas a través de los medios de comunicación hegemónicos por su enfrentamiento directo a las fuerzas policiales, las cuales desde el día uno han abusado de su fuerza de choque reprimiendo y violando sistemáticamente los DD.HH., por otro lado, “desde arriba” los partidos políticos tradicionales han buscado pactar salidas institucionales que puedan apaciguar las demandas sociales sin escuchar al pueblo, acomodando estas salidas a mecanismos que les permitan mantenerse en los puestos de poder que han ostentados desde la inconsumada transición a la democracia. Ejemplo de ello fue el “Acuerdo por la Paz y Nueva Constitución en Chile”[1]. Asimismo, partidos con discurso de izquierda han empezado a legislar junto con el gobierno de derecha para criminalizar la protesta y la lucha social, a la par que desde la calle y los territorios se escucha el grito por una Asamblea Constituyente paritaria y plurinacional, que aún está lejos de ser una realidad.

En este contexto político social, que es aún más complejo y fluctuante de lo que parece, “desde abajo” se ha venido gestando, por un lado, un proceso liderado por Unidad Social[2], que ha logrado posicionarse como actor dentro de esta coyuntura con una incipiente campaña para aglutinar las demandas históricas de los movimientos sociales y, por otro lado, un proceso que al mismo tiempo de la protesta callejera le ha dado sustento político social a la avanzada constituyente del pueblo en lucha. Estas son las Asambleas Territoriales Autoconvocadas, que fueron el primer movimiento organizado de democracia directa y reflexión que surgieron como respuesta a los actos de violencia del gobierno de Sebastián Piñera. Estos espacios de organización territorial fueron convocados por el mismo pueblo en las calles, y si bien su convocatoria fue espontánea durante los primeros días de la Revuelta, ellas nacen del acumulado de años de luchas y aprendizajes[3].

A la fecha, se siguen levantando Asambleas Territoriales, sólo en Santiago existen más de 110 registradas y son muchas más en todo el país. En su comienzo fueron una catarsis, nadie podía creer que los militares estuvieran nuevamente en las calles, y precisamente bajo el mando de un gobierno “democrático”, lo que lo hizo aún más desconcertante, desatando con mayor fuerza el despertar social. A los pocos días los rumores de desabastecimiento le dieron un sentido más propositivo y de acción a las asambleas. Los cacerolazos, intervenciones, cortes de calles, barricadas y marchas fueron las acciones organizadas desde las asambleas para desafiar el toque de queda y visibilizar el descontento ante la fuerza militar desplegada; a esto se le sumó la pronta organización de ollas comunes que sirvieran para apaciguar los rumores de desabastecimiento y convocar a la comunidad a un punto de encuentro común. Así, su accionar fue cambiando al calor de la lucha y la coyuntura.

Algunas de estas asambleas fueron levantadas por organizaciones políticas, sociales y culturales enraizadas en el territorio de cada barrio, pero al poco andar cada asamblea tomó su propio camino sin la necesidad de estas organizaciones para sostenerla y se crearon comisiones necesarias para el contexto de la revuelta y para su crecimiento. Más allá de las diferencias léxicas, la mayoría de las asambleas tienen comisiones de comunicaciones, autocuidado, educación popular, articulación y movilización, entre otras. A través de estas Asambleas, se han generado diversas instancias de comunicación, contrainformación, protesta, marchas territoriales, jornadas de autoformación y discusión, actividades culturales, de salud, de re-encuentro entre vecines y pobladores, entre un sinnúmero de actividades que ha reactivado la discusión política y el reconocimiento de les vecines en los territorios, reconstruyendo el tejido social desgarrado en dictadura y fortalecido por el miedo, el individualismo y la desconfianza impuesta por el modelo neoliberal profundizado en los posteriores años de transición a la democracia.

A la fecha, existen varias Asambleas que se levantaron durante la primera semana de la Revuelta y que llevan más de dos meses de organización, otras tantas se han ido levantando en el último tiempo, lo que da cuenta de la vitalidad y proliferación de estas organizaciones. Por otro lado, a partir de la rápida emergencia de asambleas, durante los primeros días de noviembre en Santiago se conformó un espacio de articulación de asambleas que hoy lleva por nombre “Coordinadora de Asambleas Territoriales”, espacio que surge de la necesidad de conocerse, compartir experiencias y de unir luchas, en el que se están articulando entre 30 y 60 asambleas territoriales. Este espacio de coordinación se posiciona desde un carácter popular, autoconvocado, autónomo, horizontal, feminista y democrático, y orientado a coordinar, las propuestas y demandas comunes que van surgiendo desde los territorios, la lucha contra la impunidad y la construcción de una vida digna. Se propone también aportar a fortalecer el desarrollo y autonomía de las asambleas, articular las movilizaciones, unir demandas desde lo local hacia lo nacional y avanzar hacia una Asamblea Popular Constituyente.

En paralelo se levantó la “Asamblea de Asambleas Populares y Autoconvocadas” en el que se coordinan varias asambleas territoriales y organizaciones populares como ANDHA Chile y otras organizaciones políticas como el MIR y Trabajadores al Poder. Al mismo tiempo se empezaron a organizar coordinaciones más a nivel territorial que nacen del deseo de accionar desde lo local en acciones más concretas, a la par de luchar por las demandas a nivel nacional; como lo son la Asamblea de Maipú que aglutina más de 15 asambleas más pequeñas; la Coordinadora de Asambleas Territoriales de la Provincia Cordillera, que convoca a alrededor de 20 asambleas de la zona sur oriente del Gran Santiago; y otras coordinaciones más pequeñas que, entre otras, podemos mencionar al Comunal Santiago, donde se coordinan acciones entre 15 asambleas del centro de Santiago y el Cordón Grecia, impulsando el accionar y lucha directa de esta gran arteria de la capital.

Uno de los elementos fundamentales que han desarrollado las Asambleas Territoriales en el marco de esta revuelta popular ha sido el levantar instancias de autoeducación a nivel local para poder ir a la par e incidir en la discusión que se va dando a nivel nacional. Si en un principio se hizo urgente el levantamiento de propuestas y demandas desde cada asamblea, luego lo fue la necesidad de comprender y discutir con respecto a la Constitución y los elementos que debía contemplar una Asamblea Constituyente. Vale acotar que si bien en un principio una gran cantidad de charlas, foros y conversatorios buscaban abordar el tema de la constitución y la Asamblea Constituyente, progresivamente se ha ampliado el espectro de discusión hasta un amplio horizonte que incluye problemáticas desde perspectivas feministas, de derechos humanos y derechos sociales, de las disidencias sexuales, por la autonomía territorial, de procesos constituyentes históricos de Chile y Latinoamérica, entre otros.

Esta necesidad y urgencia por la autoformación de las asambleas ha llevado a un gran número de éstas a conformar comisiones permanentes relacionadas al ámbito educativo cuyos nombres más recurrentes han sido los de “Educación Popular” o “Autoeducación”. Por otro lado, desnaturalizando la educación hegemónica, y ante la necesidad de construir una práctica alternativa que no era posible encontrar en ningún espacio educativo tradicional, les vecines elaboraron propuestas que tendieron a ser coincidentes con algunos principios de estas prácticas que se pueden leer explícitamente desde la Educación Popular. Entre otras características, se estarían configurando nuevas relaciones educativas y pedagógicas entre las y los sujetos que componen las asambleas, tendientes a la horizontalidad y el compartir el poder, definiendo los saberes necesarios por parte de la comunidad, cuestionando al modelo de sociedad detrás de la práctica educativa y recogiendo la experiencia de educadoras y educadores desde dentro de la misma comunidad local. En definitiva, estas instancias auto-educativas son precisamente el pueblo auto-educándose en comunidad. Esta orgánica que contempla la autogestión educativa para hacer frente a sus vacíos de formación en esta coyuntura, da cuenta de la importancia que las Asambleas Territoriales le asignan a la educación y a la formación política para la transformación de las relaciones de dominación. El pueblo ha debido auto-organizarse para resolver una aparente deficiencia de formación dentro del sistema educativo que debería estar contemplado para ello.

Si bien entendemos que el sistema educativo actual no busca potenciar al pueblo para la construcción de una vida digna, sino que responde al proyecto neoliberal impulsado por los grupos de poder dominantes, sí existen evidencias concretas de que éste aún es -y lo seguirá siendo- un espacio en disputa. Ejemplo de ello es que desde dentro de ese mismo sistema, es que reventó la protesta social. Fueron les estudiantes secundaries organizades y en resistencia contra la precariedad y la criminalización, quienes encendieron la mecha de este estallido social, sumando un hito más a uno de los principales actores en resistencia durante las últimas dos décadas y resignificando el supuesto rol pasivo receptivo del ser alumne al levantarse como agentes de transformación social. Por más que se llame a les estudiantes a “estudiar y no a hacer política” o se generen leyes como “Aula Segura”[4] para separar a “los buenos estudiantes de los malos”, éstos han generado espacios de organización, reflexión y acción desde dentro de los mismos centros educacionales, tensionando la formación tradicional y subvirtiendo las lógicas que afirman que la escuela tradicional sólo genera procesos de reproducción de las relaciones de dominación.

De la misma forma, el profesorado también ha generado procesos que se pueden leer en clave liberadora desde la “rebelión de las bases”[5] en el 2015, donde se fue más allá de las dirigencias demandando cuestiones que superaron lo gremial y lo reivindicativo, al cuestionar los contenidos curriculares y las lógicas de administración privada del sistema público de educación. Durante estos dos meses de lucha, incluso el gobierno de Sebastián Piñera se ha hecho eco de esta realidad tratando de aprobar una ley anti “adoctrinamiento político” en las escuelas y jardines infantiles, en la misma línea de “Escola sem partido” de Brasil, reconociendo así una realidad más que conocida. Toda educación es política, y es un campo en el que les profesores pueden ser agentes de transformación social en la disputa político-pedagógica del sistema educativo. En este sentido, los preceptos de la educación popular que le atribuyen a la educación en general y a la formación política en particular, la posibilidad de transformación y superación de las relaciones de dominación, no son algo que haya surgido espontáneamente desde las Asambleas Territoriales, es parte de un proceso de lucha más largo que se ha venido gestando tanto desde dentro del sistema de educación tradicional como desde los procesos autogestivos por fuera de éste.

Experiencias similares se pueden rastrear en el ciclo de luchas que levantaron las movilizaciones estudiantiles, donde se desarrollaron ocupaciones de colegios, liceos y universidades como un repertorio de acción creciente desde el 2006 en adelante, lo que planteó la posibilidad de generar prácticas incipientes de autogestión educativa que se inspiraron -explícita o implícitamente- en las prácticas de educación popular que estamos percibiendo hoy en día. Estas experiencias abrieron la posibilidad de construcción educativa real dentro del sistema educativo tradicional, pero autogestionando sus propios procesos pedagógicos en un contexto de conflicto y de lucha.

En el pasado reciente, no han sido pocas las instancias en las que se han conformado Asambleas Territoriales, pero en general éstas no han logrado mantenerse fortalecidas en el tiempo conformando territorios organizados o autogestionados. Durante las movilizaciones estudiantiles del 2006 y el 2011, se desarrollaron (con menores grados de masividad) varias asambleas autogestionadas que no lograron perdurar más allá de la coyuntura; asimismo las asambleas territoriales relacionadas a conflictos socio-ambientales y “zonas de sacrificio” como las de Punta Arenas, Chiloé, Freirina, Quinteros-Puchuncaví, que si bien obtuvieron triunfos concretos -como lo fue el cierre de la planta de procesamiento de carne en Freirina-, estos embriones organizativos se diluyeron al decaer la coyuntura que los levantó. Éste sería entonces uno de los principales desafíos que enfrenta esta gran cantidad de Asambleas Territoriales conformadas en el último tiempo: asegurar la permanencia sostenida en el tiempo más allá de la coyuntura y el conflicto actual.

Sería importante recalcar en este punto que para sostener estas organizaciones se hace fundamental enfrentar a los fantasmas de la división y el dogmatismo que acompañan a las organizaciones de izquierda, fantasmas que han mermado sus fuerzas y dado espacio para el avance neoliberal, fundamentalista o derechamente fascista. Es aquí donde volvemos al problema de la educación y a las posibilidades que tienen estas Asambleas de rebelarse contra la tradición y la educación impuesta para autogestionar sus procesos educativos, tanto para la disputa nacional y territorial como para abordar las problemáticas internas que han generado quiebres en estas y otras organizaciones. Para la conformación y consolidación de las Asambleas Territoriales como un actor relevante en la disputa y la construcción de una sociedad justa y por una vida digna, se hace necesario continuar desarrollando prácticas educativas que permitan superar estas problemáticas internas y de articulación, dimensión para las cuales la educación popular podría seguir siendo un aporte importante desde sus propuestas y desde la multiplicidad de experiencias de construcción y articulación con movimientos populares en Nuestramérica.

Considerando que durante los dos meses de la Revuelta Popular se ha iniciado un Proceso Popular Constituyente (y Destituyente) que ha dinamizado la re-construcción del tejido social y multiplicado la emergencia de organizaciones populares, y asumiendo que en el Plebiscito de abril se decidiera cambiar la Constitución Neoliberal impuesta en dictadura, existe la posibilidad de que este escenario Constituyente se mantenga por un par de años más. El carácter prolongado de este contexto nos plantea la necesidad, el desafío y la oportunidad de pre-figurar y de construir en colectivo y en clave territorial, popular, feminista, plurinacional y de clase, el proyecto de sociedad en el que queremos vivir.

Queda preguntarse entonces si estas asambleas quieren (o podrán) sostenerse durante el proceso constituyente; si podrán proyectarse hacia la construcción de territorios organizados más allá del logro de un cambio de Constitución; y si el rol que jugarán en el debate y la disputa nacional por una nueva Constitución será sólo receptivo de las propuestas que vengan “desde arriba” o se dará un paso adelante teniendo propuestas “desde abajo”. Vale destacar que de sobra podrían convertirse en un actor protagonista del proceso constituyente, quizás levantando candidaturas independientes o insumando con demandas a les posibles delegades constituyentes, entre otras opciones, pero también podrían continuar a la par con los procesos autogestivos prefigurativos de construcción de otra sociedad en el ahora. De esta forma, se podría ir avanzando en la conformación de territorios organizados que puedan generar procesos autogestivos para la resolución de sus necesidades de vida locales; resistir, incidir, controlar y proponer políticas e instituciones a nivel comunal; y capaces de articularse con otras asambleas, organizaciones y movimientos sociales para incidir en el debate y la disputa a nivel nacional.

Queda el desafío entonces como pueblo organizado y como integrantes de organizaciones populares que llevamos años de lucha y construcción territorial, el fortalecer las Asambleas Territoriales, asistir en procesos articulatorios con otro tipo de organizaciones sociales y propiciar procesos educativos para que sea el mismo pueblo quien decida hasta dónde llega esto para que la dignidad se haga costumbre.

“…Porque, más temprano que tarde, sabrán también de nuestro poder constituyente…”

Sebastián Guerrero Lacoste
Estudiante de Magíster en Educación, mención Currículo y Comunidad Educativa. Educador Popular de la Escuela Pública Comunitaria. Militante del Movimiento Emancipación, por una Educación Pública Comunitaria y Popular. GT CLACSO de Educación Popular y Pedagogías Críticas.

Diego Cabezas Bravo
Doctor © en Estudios Americanos IDEA/USACH. Docente en UMCE. Educador Popular de la Escuela Pública Comunitaria. Militante del Movimiento Emancipación, por una Educación Pública Comunitaria y Popular. GT CLACSO de Educación Popular y Pedagogías Críticas.


[1] En este acuerdo se elaboraron y negociaron los acuerdos generales para el plebiscito a realizarse en abril. Esto generó una gran polémica por su carácter cerrado y poco participativo ya que no intervino el principal actor en este conflicto, es decir, el pueblo, por lo cual fue popularmente conocido como “Cocina Constituyente”.

[2] Unidad Social es un conglomerado de organizaciones sociales y sindicales que ha logrado posicionarse como actor dentro de esta coyuntura convocando a marchas, cabildos y demandando una Asamblea Constituyente.

[3] Como lo que ocurrió en Magallanes, Aysén, Calama, Freirina; con Montenegro, Vallenar, Quellón, Chonchi durante los primeros años de los 2010, donde se levantaron Asambleas territoriales para coordinar acciones de resistencia y de construcción popular, desde “zonas de sacrificio”; como lo hicieron les estudiantes secundarios para coordinarse durante el levantamiento del Movimiento Estudiantil; y como lo hacen les pobladores en la lucha por la vivienda desde los 60 hasta la fecha.

[4] Es una ley promulgada a fines del 2018 como respuesta a los diversos actos violentos acontecidos durante el último año en varias instituciones educativas de la Región Metropolitana. Para algunes, era el marco legal que permitía poner fin a las tomas de colegios y a actos que involucren violencia en general por parte de estudiantes. Para otres, es solo un mecanismo autoritario de desarticulación del estudiantado que no aborda el problema desde su raíz, y sólo acelera las expulsiones de estudiantes sin un proceso de investigación acucioso de los sucesos ocurridos.

[5] Miles de profesores siguieron en paro pese al acuerdo firmado entre la directiva del Colegio de Profesores y el gobierno. Mientras las diferencias entre las bases y la dirigencia estaban en su más álgido momento, se calculó que eran unas 200 comunales las que estaban en paro.


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