¿Qué nos dejará la pandemia COVID-19?

Yadira Córdova[1]

Al preguntarnos qué nos dejará la pandemia de coronavirus, sólo podemos aproximarnos a interrogantes, vista la incertidumbre que generan impensables cambios inducidos por la estructura de dominación mundial, modelo de poder inimaginable, que ha encontrado en los movimientos sociales y políticos antineoliberales enormes fuerzas en resistencia activa.

Es necesario aproximarnos a plantear la concepción de salud que atraviesa el contexto en el cual emerge esta pandemia, inmerso en una malla de contradicciones, donde adquiere sentido y se despliega la acción de los Estados Soberanos y se organiza la vida de los pueblos.

Las decisiones que vienen tomando los gobiernos de los países afectados está marcada por el predominio de dos de los grandes paradigmas que han organizado el campo de la salud. De un lado, la visión de la salud pública consecuente con los intereses del capital, cuyo andamiaje conceptual sólo considera factores externos, plano que no le permite explicar lo esencial ni actuar frente a las grandes contradicciones que genera la búsqueda frenética de ganancia desequilibradora de la vida social. Del otro, la visión de la salud pública reconceptualizada a la luz de la determinación histórico-social y cultural de salud colectiva, que integra los procesos de salud-enfermedad, sufrimiento y muerte, y sus respuestas sociales como concreción ética, junto con movimientos que luchan por la liberación de los pueblos y el derecho a la salud.

El neoliberalismo produjo la internacionalización de la producción, distribución y consumo, como causa y consecuencia de la globalización de la economía y su trasvase macroeconómico; el “Estado mínimo” tomó cuerpo y provocó colapsos de salud. Para el siglo XXI, acudimos a un avance importante en materia de proyectos protectores de la vida colectiva; hoy, sin embargo, se sufre el retorno neoliberal con grandes retrocesos para los derechos sociales.

La diferencia de modelos en salud se ha evidenciado en la dirección y gestión tecno-política como vehículo de la materialización del derecho a la salud. Es el tradicional modelo médico hegemónico (MMH) el paradigma que sirve de enlace entre el capitalismo y el sistema de prácticas dominantes en salud. Mediante una racionalidad centrada en la enfermedad, estructura los sistemas de atención a partir de ejes demarcados por la industria farmacéutica y de producción tecno-médica, mediando en el papel que éste cumple para la legitimación del orden mundial, la estructura de clases sociales, los perfiles ideológicos y la acumulación de capital.

Así, la crisis mundial develada y agravada por la pandemia COVID-19, pone a la vista la gran contradicción existente entre intereses del capital y la defensa y protección de la vida y el trabajo, también en el campo de la salud. Hasta el momento, la diferencia en las estrategias no ha estado en la robustez de la organización de los sistemas de atención, lo cual pudiera condicionar la disponibilidad de tecno-médicos para la atención a los enfermos. Las diferencias parecieran estar apuntando a la calidad ética de las decisiones en la dirección o conducción tecno-política de la crisis.

En un bloque vemos países que han decidido dejar correr la pandemia en resguardo del funcionamiento de la economía bajo el argumento de la historia natural de la enfermedad y un cierto maltusianismo ante población jubilada o en retiro; dentro de este mismo bloque estarían aquellos que vienen tomando decisiones con dudas sobre la pertinencia de las medidas frente a consecuencias económicas de la pandemia.

En otro bloque están los países que tomaron decisiones radicales con una combinación que pone énfasis en la organización social y espíritu colectivo de prevención, contención y cuidados mutuos. Han puesto en prioridad a sus pueblos, utilizando todas las medidas conocidas hasta ahora para llevar al mínimo los complejos efectos de la pandemia.

Aún es temprano para poder evaluar los impactos de COVID 19 y los resultados de modelos y estrategias aplicadas. Indudablemente viene a complicar la inmensa crisis que presenta gran parte de los países en el mundo, con una base común: la imposición de un nuevo orden a medida de los intereses del capital en el siglo XXI. Frente a ello están los conflictos de los pueblos en lucha contra la opresión, que no aceptan las condiciones de confiscación de la vida y su futuro.

Para los gobiernos cuya base política es la garantía de los derechos de los pueblos, las decisiones radicales agravarán más su situación, visto el bloqueo al que están sometidos y las perspectivas de continuidad del asedio. Aun así, como eje de la sostenibilidad se requerirán planes que garanticen al máximo la recuperación integral para los grupos más afectados. Su base deberá ser organización, conciencia del deber social y participación protagónica, en un marco de democracia, justicia e igualdad como principal determinación de la salud colectiva.

Por otra parte, sobre la base del aprendizajehistórico social que como civilización hemos acumulado, es sensato plantear algunas interrogantes: ¿El COVID-19 es un arma de guerra contra el liderazgo económico y cultural de China? ¿Acaso es una operación de control demográfico? ¿La aplicación de medidas supranacionales facilitará el avance de todas las acciones de dominación por encima de las regulaciones nacionales? ¿El miedo generalizado facilitará nuevos métodos de sometimiento económico? ¿Cuáles serán los impactos en conciencia y espíritu colectivo frente a los intereses actuales del capitalismo? La experiencia de combate a una pandemia, ¿nos dará fuerza para continuar luchando por el proyecto de emancipación humana que venimos abrazando los pueblos oprimidos? ¿Nos dará nuevos argumentos para una ética de la salud direccionada a la defensa de la vida, del trabajo y de la felicidad social?

La batalla contra el COVID-19 es ya una lección histórica que ha puesto en evidencia los intereses contradictorios de los sistemas de salud en el seno de la dominación capitalista imperial. Para quienes luchamos por un cambio radical en dirección a la salvaguarda de la humanidad y el planeta, con sistemas de salud desde la ética de la vida, esta lección debe dejarnos con mayor comprensión de nuestras realidades y con poder para mostrarnos capaces de salir de esta pandemia con renovado compromiso que de contenido y direccionalidad a un cambio civilizacional.


[1]  Profesora titular jubilada de la Universidad Central de Venezuela.


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