14 de noviembre, 2019

Los chalecos amarillos, espejo francés de una crisis democrática universal

Al cumplirse un año del estallido del llamado movimiento de los
“chalecos amarillos” en Francia, ofrecemos un análisis del investigador francés Jean Jacques Kourliandsky, Director del Observatorio
América Latina de la Fundación Jean Jaurès de París.
https://jean-jaures.org/

Francia está viviendo desde el 17 de noviembre de 2018 un momento de protesta social duradero, de difícil definición, popularizada con el nombre de movimiento de los “chalecos amarillos”. Este nombre se impuso “naturalmente”, por la chaqueta identificatoria adoptada por los manifestantes, dándoles visibilidad como identidad.

No faltan los intentos de explicación, ningunos de ellos satisfactorios. Muchos reflejan prejuicios morales o políticos de sus autores. Otros proponen llaves que permiten abrir, pero solo en parte, puertas de entendimiento.

Esta crisis, para el autor de estas líneas, tiene factores conyunturales, que se nutrieron de otros que son estructurales. Los primeros son indudablemente nacionales, franceses. Los otros expresan con los trastos de una cultura autóctona la crisis universal de las democracias en el mundo globalizado.

LOS FACTORES CONYUNTURALES

Los hechos:

+ El factor iniciador fue el anuncio por el gobierno francés de un aumento del precio de la nafta, para proteger el medio ambiente. Incremento de 3 céntimos de euro por litro para la gasolina común y de 6 céntimos para el combustible diesel.[1] Esta decisión fue el factor disparador. El rechazo al aumento de la gasolina, especialmente del diesel, fue compartido por mucha gente, espontáneamente, sin necesidad de campaña movilizadora.

+ Las redes sociales facilitaron la toma de conciencia de la universalidad del rechazo. Un primer mensaje de protesta fue puesto en línea el 29 de mayo de 2018, por una mujer residiendo en la periferia de Paris, Priscilla Ludosky. Fue copiado y reproducido un millón de veces entre mayo y octubre de ese año. El 10 de octubre, dos camioneros, Eric Drouet y Bruno Lefevre, que compartían el hartazgo fiscal de Priscilla Ludosky, por las mismas vías tecnológicas, llamaron a manifestar, cortando autopistas y ocupando rotondas. Mensaje amplificado el 18 de octubre, por el video de otra mujer, acordeonista, del Oeste de Francia, Jacline Mouraud, copiado 6 milliones de veces.

+ En poco tiempo Francia fue paralizada. Miles de “Chalecos amarillos” cortaron vías importantes y rotondas en el interior del país. Se concentraron cada fin de semana en los lugares más turisticos de París y en el centro de las grandes ciudades para expresar su descontento y sus reivindicaciones. Al punto, después de un mes, de socavar la economia. Las empresas no recibían insumos, se paralizó el comercio, los turistas empezaron a tomar miedo y cancelar sus reservaciones.

+ De semana en semana se notaron fenómenos de radicalización y de violencias, tanto verbales como físicas. Hubo muertos, una decena. Murió gente en accidentes o incidentes en los cortes hechos por los “Chalecos amarillos”. Y no en enfrentamientos entre policía y manifestantes[2]. Pero sí hubo una sobreactuación de las fuerzas de seguridad pública, que hirieron gravemente muchos manifestantes.

+ El gobierno ofreció diálogo. Pero no hubo negociaciones entre manifestantes y autoridades. A pesar de -o debido a- esta ausencia de diálogo, el presidente de la República, Emmanuel Macron, el 10 de diciembre de 2018 anunció no solo que no se iba a aumentar el precio de la nafta, sino también que anulaba en parte el impuesto que había creado sobre las pensiones, y que adelantaba el pago de una prima para los asalariados que percibían el sueldo mínimo.

+ Durante todos estos acontecimientos no jugaron ningún papel de moderadores ni de intermediarios o de incendiarios ningún partido político, sea de derecha o de izquierda, sindicato o asociación representativa de la “sociedad civil”. “Es un acontecimiento puro: inédito, inventivo, incontrolable. (…) Desbordó las organizaciones sociales, sacudió los comentaristas profesionales, asustó al gobierno”, escribió el periodista Edwy Plenel.[3]

Todo ello plantea cinco interrogantes que vamos a intentar enfrentar ofreciendo algunas pistas de entendimiento.

1/ ¿Por qué la gasolina? Hubo otros impuestos creados por el gobierno del presidente Macron desde su victoria electoral de junio de 2017. Y no pasó nada.

2/ ¿Por qué no hubo manifestaciones de residentes en las ciudades y en sus periferias? ¿Por qué estas manifestaciones en pleno campo, en autopistas, rotondas o cruces de carreteras? ¿Y no en París o en los grandes polos urbanos? ¿Por qué los manifestantes se desplazaban los fines de semana al centro de las ciudades para gritar su descontento?

3/ ¿Por qué esta radicalización progresiva del movimiento contestatario? ¿Por qué este número elevado de víctimas, mortales, como heridos graves, fenómeno totalmente insólito en las protestas sociales en Francia?

4/ ¿Por qué no hubo diálogo con el gobierno? ¿Y cómo entender a diferencia de conflictos sociales clásicos la rápida derrota gobernamental, el presidente anunciando en televisión que entendía la protesta y que anulaba las medidas anunciadas?

5/ ¿Por qué esta ausencia en todo este conflicto de los cuerpos intermediarios, partidos políticos, como sindicatos, ONG y parlamentarios?

RESPUESTAS EN FACTORES ESTRUCTURALES

Contestar a estas preguntas, o al menos intentarlo, necesita identificar factores explicativos estructurales. Que expresan con modales proprios a la cultura social francesa un malestar común en muchas democracias[4]. Vamos a examinar las cinco preguntas enunciadas supra, con un binocular combinando búsqueda de factores nacionales de alcance universal.

1/ ¿Por qué el aumento de la gasolina impactó más que otras medidas fiscales del gobierno Macron?

Se indignaron los chalecos amarillos después de un aumento de la gasolina. Aumento que vino después de otras medidas fiscales que no habían provocado resistencias. Pero que resurgieron a partir de este último aumento generador de hartazgo final. Desde junio de 2017 el presidente Macron tomó en efecto las decisiones fiscales siguientes : aumento de la carga fiscal de los jubilados[5], erosión de las pensiones[6], baja de las ayudas a la vivienda[7], controles de las ayudas acordadas a los desempleados, supresión del impuesto pagado por los mas ricos[8], amplificación de los programas de ayuda a los empresarios[9].

Expresaron los “Chalecos amarillos” un sentimiento de injusticia fiscal[10]. Un sentimiento frenado hasta la decisión de aumento de la nafta diesel por el diferencial de precio entre los dos tipos de combustible. Se podía aguantar las medidas que afectaban a los estudiantes o a los jubilados en la medida que no se tocaba la parte importante dedicada por los activos de la Francia periférica, o del campo, al transporte automovilístico.

La decision de aumentar la gasolina diesel generó una toma de conciencia, la de una transferencia del peso de la carga fiscal de los más ricos a los más modestos. “No se levantaron contra el impuesto, sino contra su reparto injusto”, dice Edwy Plenel.[11] Sentimiento compartido en muchas democracias en el mundo. En donde la ciudadania “popular” nota la degradación lenta del Estado de bienestar, al menos en los países europeos donde existieron unas formas de Estado de bienestar. En la Unión europea, los países miembros tienen que respectar la regla de un déficit presupuestario inferior al 3% del PIB. Lo que justificó, de un país a otro, medidas fiscales afectando a las clases medias y media bajas. Hubo limitaciones en la actualización de las pensiones, congelamiento o bajas de sueldos de los funcionarios públicos, precarización de los contratos de trabajo en el sector privado, en España, en Grecia o en Portugal, por ejemplo.

2/ ¿Por qué el movimiento de los los “chalecos amarillos” es un movimiento del interior de Francia? ¿Un movimiento social territorializado?

La indignación de los “Chalecos amarillos” tiene una característica muy singular en la medida que es una indignación territorializada. Expresa una reivindicación social de territorios o de franceses que se consideran olvidados por el gobierno y sus conciudadanos de las ciudades centro. Los manifestantes son gente que vive en espacios “periféricos”, ubicados “entre” núcleos urbanos clasificados como metrópolis. Pagan impuestos que se invierten en estas ciudades, para financiar obras que no usan: transportes urbanos, equipamentos de alto nivel -universitarios, hospitalarios, culturales-. Paralelamente, están sufriendo en sus territorios una reorganizacion reflejando una logica de mercado[12].

Los poderes públicos, centrales, como regionales y locales, favorecieron una reorganización “liberal” de los territorios. Que promueve una planificación urbana articulada en ciudades concentrando servicios públicos y empresas de servicio y, en periferias, condominios abiertos de casas individuales, estructurados por centros comerciales gigantes cada 10/15 kilometros. La última ley de reorganización del territorio adoptada por el gobierno de François Hollande refleja este planteamiento. El de un territorio “racionalizado” para adaptarlo a la competencia entre territorios de la Unión europea.

Se aplica a los territorios periféricos un ratio de inversiones por habitantes igual a los de sectores de alta densidad poblacional. Concepto admitido desde al menos 50 años por los responsables del urbanismo, arquitectos, urbanistas, como responsables electos nacionales y locales[13]. Lo que tiene como consecuencia la reagrupación de los servicios públicos -escuelas, centros de salud, tribunales, teatros-, en puntos “centrales” cada 10/30 kilómetros[14]. Lo que supone costos añadidos a los residentes de periferias que, por otra parte, tienen, como todos los consumidores y ciudadanos, que adapatarse a la externalización y a la numeralización creciente de los servicios públicos. Lo que supone adquirir al menos una computadora, una impresora y un celular para realizar compras y trámites administrativos[15].

Los “Chalecos amarillos” entonces se mobilizaron también contra lo que viven como una insolidaridad nacional. Los territorios ricos, las grandes ciudades, captan cada vez más la riqueza del país. Ellos viven fuera de estas ciudades por nacimiento o por necesidad social[16]. Tuvieron que dejar las ciudades centros porque tuvieron un accidente de vida (enfermedad, divorcio, desocupación) o le nacieron hijos. Y no tienen cómo enfrentar el precio de la vivienda, sea para comprar o alquilar. Se fueron entonces más alla de los arrabales o de los suburbios periurbanos, territorios de viviendas -colmenas, poblados de trabajadores migrantes-, para vivir en el campo o entre suburbios y campo. Lugares en donde pueden tener casa y jardín. Pero que necesitan auto para ir de compras, al trabajo, llevar los niños al colegio o ir eventualmente a un hospital o a un tribunal. Tocar el precio de la nafta en este contexto implicaba añadir a la relegación social un sobrecosto fiscal territorializado.

Esta insolidaridad territorial no es específicamente francesa. La viven a su manera todos los países europeos. Que están sometidos a las mismas coacciones territoriales, fruto del reordenamiento territoral y social ligado a la lógica de la sociedad de mercado globalizada. Tanto Alemania en su parte Este como el Reino Unido conocen fenómenos de relegación territorial. En Bélgica, España o Italia, las regiones ricas que no quieren compartir su riqueza con las más pobres aumentan el sentimiento de exclusión.

3/4/ ¿Por qué este movimiento no tuvo y no tiene estructura organizativa? ¿Por qué hubo violencias en un nivel insólito en movimientos sociales en Francia? ¿Por qué no hubo diálogo ni negociación?

La expresión de la indignación tuvo características masivas con una organización mínima. Se citaron los que compartían indignación usando las facilidades ofrecidas por las redes sociales. Para definir lugares de encuentros. Y expresar colectivamente su rechazo del aumento programado por el gobierno del precio de la nafta. No había estructura organizativa para canalizar las manifestaciones y garantizar un desarollo sin incidentes. No había tampoco una institucionalidad del movimiento en capacidad de negociar a nivel local como nacional con las autoridades, gobernadores como gobierno central.

Lo que permite entender cómo muy rápidamente elementos exteriores, grupos extremistas de derecha o de izquierda, a veces delincuentes, estuvieron presentes en las manifestaciones y armaron disturbios y violencias. Lo que permite entender también la ausencia estructural de diálogo, a falta de contraparte “Chalecos amarillos” al actor gubernamental.

Expresión de un hartazgo fiscal, emocional, sustentado por la tecnología numérica, con una traducción callejera masiva, este movimiento no tiene nada que ver con las mobilizaciones populares canalizadas por partidos y sindicatos como las que en mayo y junio de 1936 acompañaron el Frente Popular francés. O tampoco con las del Mayo francés de 1968 encendidas por grupos ultraizquierdistas estudiantiles y canalizadas por los grandes sindicatos.

Se parecen más a las “emociones” colectivas de los últimos años que en distintos países pusieron en evidencia una espontaneidad contestaria masiva y popular, cuya mobilización fue dinamizada por las redes sociales. En España se juntaron miles de ciudadanos rasos, mobilizados por SMS, para negar el 13 de marzo de 2004 la tesis de la autoría de ETA en el atentado del 11 de marzo en Madrid, tesis defendida por el gobierno Aznar[17]. En 2005 ardieron los suburbios franceses durante semanas revelando a partir de un suceso policial dramático el malestar y el malvivir de las periferias urbanas. Unos años más tarde, surgieron sin aviso previo movimientos populares similares en España (los indignados, en 2011), en Tunez (2010), en Egipto y en Libia (las primaveras árabes en 2011), en Turquia y en Brasil, (en 2013)[18].

En cada uno de estos casos, los gobiernos denunciaron manipulaciones o instrumentalizaciones de parte de supuestos actores internos o exteriores. Antes de reconocer de una forma u otra el caracter atípico y nacional de la contestación : acordando lo que pedían los manifestantes (Brasil en 2013 ; Francia en 2018), ofreciendo un chivo expiatorio a los manifestantes (Egipto), convocando elecciones (Tunez), abriendo una transición institucional (Tunez), o enfrentando brutalmente el movimiento social (Egipto, Siria, Turquía).

La respuesta, después de los anuncios fiscales y de la supensión del impuesto ecológico, fue judicial y policial. Especialmente a partir de las manifestaciones del 1ro de diciembre en los Campos Elíseos y del intento de destrucción de la simbología nacional del “Arco de Triunfo”. Hubo, del 17 de noviembre de 2018 al 29 de junio de 2019, 2.948 personas bajo custodia policial. El Alto Comisariado de la ONU por los derechos humanos alertó a las autoridades francesas el 6 de marzo de 2019 por su “uso excesivo de la fuerza policial”.

5/ ¿Cómo entender la ausencia de todos los cuerpos de intermediación política y social: partidos, sindicatos, ONG, parlamentarios?

En todos en estos casos, y particularmente en el último, el de los “Chalecos amarillos”, al menos en el momento inicial la ausencia de los cuerpos intermedios presentes en todo sistema democrático, plantea un interrogante fuerte. Los partidos, de oposición como de la mayoría parlamentaria, los sindicatos, la sociedad civil organizada, fueron espectadores de los acontecimientos. Intentaron, sí, comentar, participar y algunos instrumentalizar el movimiento. Sin éxito.

Mas tuvieron que notar cómo un movimiento sin organización, surgido de repente, sin negociar nada, consiguió en un mes ganar el pulso abierto con un gobierno que tiene un presidente bien electo en 2017, apoyado por una mayoría parlamentaria fuerte[19], y la benevolencia de los medios. Ganaron paradójicamente porque no tenían ninguna forma de representación o de delegación. Y cuando empezaron a manifestar en los barrios más turísticos, y de las élites urbanas, el poder no tenía otra salida que la represión o la capitulación[20].

Los manifestantes notaron entonces que por obtener lo que querían no necesitaban delegar su representación en partidos, sindicatos o asociaciones. Aparecieron en las manifestaciones, siguiendo la misma vía de las redes sociales, la reivindicación de lo que llaman RIC (o Referendum de iniciativa ciudadana)[21]. Dicho de otra manera, una forma de gobierno que no necesitaría diputados, senadores, presidente, como tampoco sindicatos u ONGs.

Lo que refleja una tendencia a la abstencion que va creciendo de una consulta a otra. Con 77,7% y 74,5%, la participación bajó 1,7% en la primera vuelta de la presidencial de 2017, y 5,8% en la segunda. La participación fue más floja en las parlamentarias de 2017, con una abstención de 51,3% en la primera vuelta y 57,36% en la segunda. Abstención también en las afiliaciones partidarias o sindicales que son muy bajas. “Les classes populaires ont entamé un long processus de désaffiliation politique et culturelle ”, resume el geógrafo Christophe Guilluy. Quien concluye : “De la banlieue à la France périphérique, c’est l’ensemble des milieux populaires qui s’affranchit d’un système de représentation politique, syndical et médiatique”[22] (Las clases populares han empezado un proceso largo de desafiliación política y cultural. De los arrabales a la Francia periférica, el conjunto de las categorías populares se están liberando del sistema de representación política, sindical y mediática).

El presidente Macron es el reflejo de esta crisis de la democracia representativa. Ganó, poniendo en evidencia pública su ausencia de pasado político. Rechazó la pertinencia de hacer política con referencias de derecha e izquierda. Llamó a los que compartían su visión a-partidaria, a mandarle sus historiales par candidatearse a las elecciones legislativas. En nombre de un Movimiento nuevo, “En Marcha”, estructurado de manera verticalista.

Profundizó así la distancia entre los electores y sus representantes. Suspendiendo el recurso a la democracia directa numérica, escogió candidatos a diputados sin experiencia política, ni afiliación partidaria, jovenes, oriundos del sector emprendedor. La Cámara electa es socialmente la más elitista de la historia parlamentaria francesa: 31% de los diputados son ejecutivos y 18% abogados o médicos. Uno solo es obrero[23]. Amplió el divorcio de la reprentación anunciando una reforma institucional de ideología anti-parlamentaria. Fundadora sin reconocerlo de una “democracia de mercado”, con menos diputados, privilegiando al diálogo ciudadano la eficiencia, equiparando el legislativo, con la supuesta agilidad que tendría la cúpula directiva de una empresa.  

Socavando algo más una democracia representativa en crisis, el presidente Macron confirmó las dudas democráticas de los que las tenían, la “secesión de las elites”[24], el divorcio entre los electores modestos y sus representantes. Y ayudó, sin percibirlo, el trabajo de los topos de las instituciones democráticas[25].

Por lo tanto, los actores del sistema democrático de la oposición, como del gobierno, cargos electos, representantes sindicales y sociales, fueron espectadores de un movimiento social mayor. No lo percibieron, no supieron entenderlo, no le ofrecieron salidas institucionales. Intentaron sí acercarle, mandarle mensajes de comprensión, en el caso de la oposición se sumaron a las críticas del gobierno y del presidente, en una perspectiva de captación electoral a unos meses de las próximas europeas. Surgieron hipótesis, encuestas, midiendo las incidencias del movimiento sobre el resultado de estas elecciones. Y también rumores relativos a la incidencia de la presentación de una eventual lista “Chalecos amarillos” autónoma en esta consulta. Intentaron todos incluir algunos “Chalecos” en las listas, o “ayudar” a algunos “Chalecos” a presentarse[26].

Olvidándose de la lógica profunda de un movimiento, lógica de divorcio o de pasantismo político institucional[27]. Pasantismo que es la consecuencia de las políticas de los gobernantes. Con, como resultado, “una regresión de la democracia y el desencadenamiento de la violencia[28] ”.

CONCLUSIONES PARCIALES, PROVISIONALES, REVISABLES

La crisis de los “Chalecos amarillos”, como otras, tiene sus razones.

+ Surgió como fractura social territorializada que necesitaría análisis y diagnósticos más amplios. La respuesta a esta crisis no puede ser respetuosa del sistema, limitándose a centrar la vida política a un concurso de belleza, un espectáculo, alimentado por encuestas. Funcionando entonces como política de mercado, o un campeonato de balonpie. Con reglas intocables, combinadas con un cambio de equipo y de capitán cada 4 o 5 años. Detrás de esta crisis tenemos una fractura social profunda, globalizada, que supondría otra reflexión. Solo se trató aquí de mencionar la ausencia de análisis de la contradicción creciente entre democracia y economía globalizada, democracia social y democracia respetuosa del medio ambiente.

+ Desaparición de alternativas políticas. Francia hasta 1991, hasta el fin de la Guerra Fría, tenía un sistema político que ofrecía alternativas reales a los electores. Dentro de un marco democrático compartido, la derecha era más o menos liberal, y la izquierda también más o menos socialista. Existía un espacio para construir una democracia abierta a los defensores de la igualdad. Por miedo al la Unión Soviética, los sectores económicos y financieros, franceses como europeos y norteamericanos, acceptaban compromisos sociales. A cambio de una integración europea y atlántica liderada por los Estados Unidos. El fin de la URSS cambió el contexto, no solo internacional, sino de los compromisos sociales.

La gobernancia construida sobre las ruinas del sistema anterior, de ideologías de izquierda y derecha, partidos de izquierda y derecha, es personalista. Promueve el contacto directo de un pueblo con su líder. Es el modelo del macronismo en Francia. Que ofreció a la gente un falso debate, llamado “Consulta nacional”, con fronteras fijadas por el Jefe de Estado, con preguntas prohibidas (la supresión del impuesto sobre los más ricos por ejemplo). Más problemático aparece la capatación de este modelo por la nueva contestación surgida como disidencia de la izquierda y que defiende la construcción de un populismo encarnado por un “jefe”, auto-proclamado defensor del “pueblo” oprimido por las élites.

+ Se empezó a ideologizar este momento, como fin de la historia. Pero, ¿para quién? Acaso habría que debatir las teorías, especialmente en la izquierda, que privilegian atacar la secesión de las élites, promoviendo “un populismo de izquierda”. Habría también que interrogarse sobre este momento que vio converger liberales de izquierda y de derecha. Apartando socialmente y culturalmente la antigua clase media media y media baja.

Vinieron discursos diabolizando, asociando el socialismo democrático al comunismo para deslegitimar la opción de los compromisos sociales. La búsqueda de un bienestar individualizado, privilegiando las aspiraciones societales fue difundida masivamente por las industrias de la comunicación, y amplificada por el auge de la economía numérica. Fueron priorizadas culturas minoritarias y descartadas las reivindicaciones sociales. Las bodas entre personas de mismo sexo, la lucha contra la violencia de género, la defensa de los derechos animales, y de todo tipo de diversidades, cruzaron la difusión masiva de modos de ocio individuales -Netflix, Facebook, información-, espectáculo continuo de cadenas especializadas. Captaron un espacio creciente del tiempo disponible de cada uno/una.

Paralelamente a estas compensaciones societales privilegiadas en la medida en que no afectaban las jerarquías de las relaciones sociales y de trabajo, aparecieron ofertas religiosas pentecostales basadas en una teología de la prosperidad compatible con la economía liberal. Como también chivos expiatorios, nacionalistas o xenófobos que ofrecen un “otro” como responsable del deterioro del nivel de vida (judío; árabe; migrante latino; migrantes; homosexuales…).

+ Dimisión de las izquierdas. El malestar y las frustraciones generadas en las capas populares por la evolución de las instituciones y del contexto social no fueron analizados por los partidos políticos progresistas y los sindicatos. Escogieron por pereza intelectual y apetencia para el poder acompañar estas evoluciones.

Aceptaron sin debate el concepto de política-espectáculo, el de política-relato, política emocional de mercado[29]. Se olvidaron del “nosotros”[30], de las solidaridades, sociales como nacionales, elemento fundador de sus programas. El comunismo europeo desestabilizado por el fracaso del “socialismo real” se definió euro-comunista, para acabar en la irrelevancia. El caso más representativo es el del PC Italiano, que sobrevive muy debilitado como Partido Demócrata. Y sigue dividiéndose. Los socialistas -en el mejor de los casos- teorizaron el abandono del terreno social priorizando el societal. Admitiendo en el mundo de la post-guerra fría la imposibilidad de construir calquier alternativa coherente con sus principios. El inglés Tony Blair inventó “la tercera vía”, el alemán Gerhard Schroeder “el Nuevo centro”, el español José Rodriguez Zapatero “el socialismo republicano”. El francés François Mitterrand propuso en 1992 sustituir el internacionalismo por el europeismo, paradójicamente en un momento histórico de reorientación del proyecto europeo hacia un modelo liberal y globalizado.

+ A su manera los “Chalecos amarillos”, como los Indignados españoles y los manifestantes brasileños, tunesinos o turcos, expresaron el hartazgo de mayorías que rechazan las lógicas económicas, financieras y políticas de unas sociedades cada vez más sordas a las reinvindicaciones de los más necesitados o de clases medias en dificultades. La dimisión intelectual, moral y política de “élites” partidarias que pretenden reducir su papel a un cambio de caras sin proponer alternativas democráticas reales, conduce a situaciones de colapso. Que son generadoras de dudas, sobre el futuro, sobre la opción de una salida en positivo del divorcio creciente entre mundo financiero y económico global y democracia.

Este hartazgo revela, según Monique Chemilly-Gendreau, un nuevo reparto de las fronteras sociales. “No hay hoy en día países ricos de un lado y pobres del otro; las fronteras (sociales) reales cruzan/dividen ciudades, barrios, edificios de un mismo país. Es una consecuencia del capitalismo mondializado [31]“.


[1] TICPE es la sigla administrativa de este impuesto (=Taxe intérieure de consommation sur les produits énergétiques).
[2] Nueve personas murieron aplastadas por autos en las barreras levantadas por los manifestantes. Una anciana falleció en su casa alcanzada por un bote de gas lacrimógeno.
[3] Edwy Plenel, « La victoire des vaincus », Paris, La Découverte, 2019.
[4] Ver al respecto, Jérôme Fourquet, Sylvain Manternach, « Les « Gilets jaunes » : révélateur fluorescent des fractures françaises », Paris, FJJ, 28 novembre 2018
[5] Con el aumento de 1,7% solo para ellos de un impuesto llamado CSG (Contribución social generalizada).
[6] Por primera vez las pensiones no fueron revalorizadas para compensar la inflación; aumentaron de 0,3% con una inflación de 1,7%.
[7] La APL (Ayuda personalizada a la vivienda).
[8] El ISF, Impuesto sobre la fortuna, y la progresividad de la fiscalidad pagada por el capital.
[9] Vía un Crédito de impuesto para la competitividad y el empleo (CICE).
[10] La tasa máxima de imposición pasó de 1995 a 2017 de 59,1% a 50,2%/Alternatives économiques, Christian Chevagneux, p29.
[11] Op citado nota 4, p45.
[12] Preconizado por una comisión de expertos en 2014. Ver Jean Pisani-Ferry, « Quelle France dans dix ans », Paris Fayard, 2014./y « Les territoires des nouvelles régions », Paris, FNAU, 2016.
[13] Ver Stéphane Lecler, Refonder la politique d’urbanisme de notre pays, Le Monde, 3 de enero de 2019, p18.
[14] Para una crítica de la reforma regional, ver, Philippe Dubourg, « La réforme territoriale », Orthez, Ed. Gascogne, 2015.
[15] Ver Serge Halimi « Quand tout remonte à la surface », Le Monde Diplomatique, enero de 2019.
[16] El precio de la vivienda ha aumentado en Francia de 63% desde 2000. Pero de 87% en la Región de París, de 145% en París, y 153% en Lyon. Alternatives économiques, enero de 2019, p12.
[17] Ver David de Ugarte, « 11M, Redes para ganar una guerra », Barcelona, Icaria Mas Madera, 2004.
[18] Ver Jean Jacques Kourliandsky, “Espagne, Brésil : les indignations évanescentes”, in « Mondialisation et contestation », Paris, RIS, N°93, primavera de 2014.
[19] 303 diputados de 577.
[20] Ver Jean-Emmanuel Rey, « Gilets jaunes » : comment trouver un délégué ?, Paris, Le Monde, 20 décembre 2018.
[21] Ver Marc Bassets, Los « Chalecos amarillos » abren el debate de los referendos, Madrid, El País, 18 de diciembre de 2018, p4.
[22] In Christophe Guilluy, « Le crépuscule de la France d’en haut », Paris, Flammarion/Champs actuel, 2017, pp 182/183 y del mismo autor, « No Society », París, Flammarion, 2018.
[23] Ver Alexandre Poussart, Une Assemblée nationale très CSP+, Le Monde, 19 de junio de 2017/y Maxime Ferrer, Trains de vie des députés, Le Monde, 24 octobre 2017.
[24] Referencia al libro de Christopher Lasch.
[25] Ver François Cornut-Gentille, « A abaisser continuellement les institutions, le président se trouve face à la démocratie des ronds-points. Bon courage » (Al debilitar permanentemente las instituciones el presidente tiene que enfrentarse a la democrcia de las rotondas. ¡Suerte!) in Le Monde, 20 de diciembre de 2018, p7.
[26] Ver Alexandre Lemarié, Pour siphonner LFI et RN, LRM rêve d’une liste « gilets jaunes », Le Monde, 18 de diciembre de 2018 (LFI= La France insoumise/RN= Rassemblement nationa:/LRM= La République en marche).
[27] « .. este movimiento (..) es el perfecto ejemplo del proceso de desafección y desapego de las clases populares », Christophe Guilluy, Los chalecos amarillos, efecto de la globalizacion, Madrid, El País, 18 de diciembre de 2018, p15.
[28] Monique Chemilly-Gendreau, « Régression de la démocratie et déchaînement de la violence », Paris, textuel, 2019.
[29] Ver el análisis de la campaña presidencial francesa de 2007, in Christian Salmon, «Storytelling, La máquina de fabricar historias y formatear mentes», Península, Barcelona, 2008.
[30] Ver Mark Lilla, «El regreso liberal, más allá de la política de la identidad», Debate, 2018.
[31] Op. Cité p 98/99.


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