12 de marzo, 2020

Las movilizaciones en América Latina discuten el sentido de lo democrático

El filósofo argentino Ricardo Forster fue uno de los participantes del Conversatorio “¿Autoritarismo neoliberal o democracia democratizante?: la disputa por el futuro en América Latina”, organizado en México en febrero por CLACSO y el “Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad” (PUEDJS-UNAM).

Forster, integrante del Consejo de Asesores del Presidente Alberto Fernández, habló para CLACSO TV.


Entrevistó Gustavo Lema


Forster considera que “la democracia está ligada por nacimiento a la política. Y la política es aquella que no ha terminado de resolverse en el interior de la sociedad: es la evidencia de un conflicto que tiene que ver con la igualdad, con la Justicia, una cantidad de cosas, pero que básicamente ponen en el punto del centro de la democracia el litigio y el conflicto que son parte de su recreación permanente. Si la democracia se fija de una vez y para siempre, se la construye bajo la lógica de lo mítico o de lo sacrosanto, queda como algo que no se puede tocar, que no se puede modificar, que no se puede recrear. Y por lo tanto el soberano, el pueblo, es un sujeto absolutamente pasivo que cada dos años, cada cuatro años, deposita un voto en la urna y ejerce supuestamente su derecho democrático. Pero esa democracia es una democracia que está fijada a principios ahistóricos e inconmovibles. Creo que la experiencia de lo que se puso en disputa en América Latina, sobre todo en las dos primera décadas de este siglo, fue justamente la necesidad de poner a la democracia en el interior de un conflicto, que en América Latina es el conflicto o el litigio por la igualdad”.

Luego se preguntó: “¿De qué democracia hablamos cuando todas las variantes que organizan la vida de las sociedades, están puestas a disposición de un sistema injusto, desigual, depredador? Porque no solamente destruye la vida de las personas, sino que destruye la vida del planeta. Ergo, me parece que el gran desafío de los proyectos democráticos, populares, de refundación, es cruzar transversalmente todas estas cuestiones para que la democracia sea un movimiento, una recreación, una vitalidad que sepa procesar persistentemente el conflicto y que no lo anule.”

Asimismo, consideró que “durante treinta años, el neoliberalismo logró convencer a gran parte de las sociedades que la democracia tal cual estaba era el punto de cierre de toda una trayectoria asociada también a la economía global… Ahora, las experiencias políticas sobre movilización cada vez más discuten el sentido de lo democrático y es el gran desafío también de los gobiernos progresistas”. Y concluyó: “No existe lo irreversible. Es una consigna políticamente no sólo ineficaz, sino que extremadamente peligrosa, porque te puede generar un conformismo. Digo: si ya es irreversible tal derecho, ¿para qué defenderlo?”


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El filósofo argentino Ricardo Forster fue uno de los participantes del Conversatorio “¿Autoritarismo neoliberal o democracia democratizante?: la disputa por el futuro en América Latina”, organizado en México en febrero por CLACSO y el “Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad” (PUEDJS-UNAM). Forster, integrante del Consejo de Asesores del Presidente Alberto Fernández, habló para CLACSO TV. Forster considera que “la democracia está ligada por nacimiento a la política. Y la política es aquella que no ha terminado de resolverse en el interior de la sociedad: es la evidencia de un conflicto que tiene que ver con la igualdad, con la Justicia, una cantidad de cosas, pero que básicamente ponen en el punto del centro de la democracia el litigio y el conflicto que son parte de su recreación permanente. Si la democracia se fija de una vez y para siempre, se la construye bajo la lógica de lo mítico o de lo sacrosanto, queda como algo que no se puede tocar, que no se puede modificar, que no se puede recrear. Y por lo tanto el soberano, el pueblo, es un sujeto absolutamente pasivo que cada dos años, cada cuatro años, deposita un voto en la urna y ejerce supuestamente su derecho democrático. Pero esa democracia es una democracia que está fijada a principios ahistóricos e inconmovibles. Creo que la experiencia de lo que se puso en disputa en América Latina, sobre todo en las dos primera décadas de este siglo, fue justamente la necesidad de poner a la democracia en el interior de un conflicto, que en América Latina es el conflicto o el litigio por la igualdad”. Luego se preguntó: “¿De qué democracia hablamos cuando todas las variantes que organizan la vida de las sociedades, están puestas a disposición de un sistema injusto, desigual, depredador? Porque no solamente destruye la vida de las personas, sino que destruye la vida del planeta. Ergo, me parece que el gran desafío de los proyectos democráticos, populares, de refundación, es cruzar transversalmente todas estas cuestiones para que la democracia sea un movimiento, una recreación, una vitalidad que sepa procesar persistentemente el conflicto y que no lo anule.” Leer más en clacso.org

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