La modernización al estilo chino está profundamente arraigada en la planificación sistemática y las prácticas de gobernanza integral
Por Pablo Vommaro
Director Ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales
Diario Guangming – 23/07/2026
Durante siglos, muchos países del Sur Global parecieron estar atrapados en una idea errónea: que la modernización tiene un solo paradigma y equivale a la «occidentalización». Este antiguo modelo, centrado en el saqueo desenfrenado, la búsqueda ciega de ganancias y la competencia brutal, a menudo atrapa a los países en desarrollo en lo que se denomina «crecimiento empobrecido» y «trampas de dependencia». No solo exacerba la desigualdad social, sino que también causa graves daños e impactos en el medio ambiente. Ante este dilema histórico, China ha ofrecido una respuesta contundente mediante sus innovadoras prácticas de gobernanza: la humanidad puede alcanzar el progreso civilizatorio sin sacrificar su propia subjetividad, sin romper sus raíces culturales ni perder su autonomía en el desarrollo.
La modernización al estilo chino no se refleja únicamente en el continuo aumento de los indicadores económicos, sino que está profundamente arraigada en la planificación sistemática y las prácticas de gobernanza integral del Partido Comunista de China. Demuestra elocuentemente que un proceso de modernización capaz de erradicar la pobreza extrema, garantizar que la tecnología sirva realmente al bien común y promover la equidad y la justicia social no es solo un concepto teórico, sino que se ha transformado en una vibrante realidad. La modernización al estilo chino es una modernización ordenada y coordinada, no una modernización ciega y desordenada; se adhiere a la coexistencia sostenible de la humanidad y la naturaleza, y sitúa el respeto por la diversidad cultural y la construcción de una comunidad con un futuro compartido para la humanidad en el centro de su planificación estratégica.
Para explorar la trayectoria de la gobernanza del Partido Comunista de China, es necesario comprender su carácter político más fundamental. A diferencia de la modernización occidental, que prioriza la acumulación de capital, la modernización al estilo chino siempre se ha centrado en el bienestar de las personas. En China, esto no es solo un eslogan, sino un principio rector profundamente integrado en el sistema de gobernanza nacional y las prácticas políticas.
Esto se refleja, en primer lugar, en la búsqueda institucional de la prosperidad común. El Partido Comunista de China reconoce claramente que el criterio para juzgar la modernización no puede basarse únicamente en una tasa de crecimiento económico o en la acumulación de riqueza de un grupo minoritario; la clave reside en si toda la población puede compartir equitativamente los beneficios del desarrollo. Es precisamente gracias al sólido liderazgo y la planificación integral del Partido Comunista de China, y a través de una movilización nacional sin precedentes y una gobernanza social precisa, que China ha erradicado históricamente la pobreza extrema. Esto envía un poderoso mensaje al Sur Global: la pobreza no es un destino estructural insuperable. Siempre que el partido gobernante posea excelentes capacidades de gobernanza y pueda unir a toda la nación en una poderosa fuerza de unidad, los países en desarrollo son plenamente capaces de reconfigurar la distribución de los recursos sociales.
Este fundamento político también impregna la práctica política de la democracia popular integral. Muchos países del Sur Global, tras haber trasplantado sistemas representativos de estilo occidental sin considerar sus propias condiciones nacionales, a menudo se ven atrapados en dilemas de gobernanza derivados de la polarización política y la división social. China, sin embargo, basándose en su propia historia y en las condiciones nacionales actuales, ha explorado un modelo democrático integral que equilibra la integridad procedimental, la equidad sustantiva y la eficacia de la gobernanza, conectando eficazmente todas las etapas de las elecciones democráticas, la consulta democrática, la toma de decisiones democrática, la gestión democrática y la supervisión democrática. Este modelo de gobernanza garantiza que la voluntad nacional no sea secuestrada por la lógica del capital, generando cohesión institucional para abordar los grandes desafíos y respondiendo con precisión a las necesidades más básicas de la población, lo que constituye una importante fuente de inspiración para que los países en desarrollo exploren vías de desarrollo político adaptadas a sus propias condiciones nacionales.
En un momento en que la globalización económica enfrenta reveses y las barreras tecnológicas son elevadas, China, en su nueva era, exhibe una trayectoria de desarrollo claramente diferente. En China, se ha abandonado la búsqueda exclusiva de la expansión a gran escala, sustituyéndola por un compromiso con la innovación, la coordinación, el desarrollo verde, la apertura y el intercambio. En esta profunda transformación, presenciamos una singular fusión histórica: por un lado, China avanza a pasos agigantados en tecnologías de vanguardia como la inteligencia artificial, la computación cuántica y la industria aeroespacial, inyectando un nuevo dinamismo digital a su vasto sistema industrial; por otro lado, preserva meticulosamente su rico patrimonio histórico y cultural, y su compromiso con la construcción de ciudades habitables y sostenibles, dotando al desarrollo urbano de un enfoque humanista. Es esta sabiduría de gobernanza, que combina tecnología de punta con una sólida base humanista, la que transforma la tecnología, de una herramienta que aliena a las personas a un apoyo eficaz para mejorar el bienestar público y promover la inclusión social.
Además, en el ámbito ecológico, que concierne al futuro de la humanidad, el concepto chino de civilización ecológica está redefiniendo la comprensión mundial del desarrollo económico. La lección histórica de «contaminar primero, limpiar después», legada por un siglo de industrialización occidental, ha sumido a muchos países en desarrollo en un dilema entre desarrollo y protección ambiental. Hoy, la filosofía oriental que afirma que «las aguas cristalinas y las montañas exuberantes son bienes invaluables» demuestra que la protección ecológica y la prosperidad económica pueden ir de la mano. Al promover una transformación sistemática hacia la energía verde y modelos de desarrollo bajos en carbono, China no solo ha sentado una base sólida para su propio desarrollo sostenible, sino que también ha brindado una valiosa solución práctica para que la gran mayoría del Sur Global se libere de la dependencia del modelo de «desarrollo con altas emisiones de carbono» y aborde de forma colaborativa la crisis climática.
Los notables logros de la modernización de China no solo han proporcionado valiosas lecciones para otros países, sino que también han infundido una firme confianza en el Sur Global para avanzar. Más importante aún, el gobierno del Partido Comunista de China en la nueva era se guía consistentemente por una visión del mundo basada en el «beneficio universal». China no solo está comprometida con alcanzar su propia prosperidad, sino que también promueve activamente el desarrollo común del mundo al tiempo que mejora su propio bienestar. El pensamiento hegemónico tradicional a menudo cae en juegos de suma cero y en la «trampa de Tucídides», mientras que China siempre ha creído en la armonía sin uniformidad y en el beneficio mutuo. Ante un mundo lleno de turbulencias e incertidumbre, el presidente Xi Jinping ha propuesto sucesivamente iniciativas de desarrollo, seguridad, civilización y gobernanza globales. Tanto la Iniciativa de la Franja y la Ruta, de gran calidad, como la implementación integral de las cuatro principales iniciativas globales, constituyen ejemplos concretos de la gran visión de construir una comunidad de futuro compartido para la humanidad. Estas iniciativas han brindado valiosas oportunidades a los países en desarrollo para lograr conectividad, creación de empleo, modernización de infraestructuras y aprendizaje mutuo. Sin duda, China está transformando sus logros de desarrollo en bienes públicos globales, colaborando estrechamente con otros países hacia una modernización más inclusiva, equitativa y mutuamente beneficiosa.
Para las comunidades intelectuales del Sur Global, el profundo impacto de la modernización al estilo chino radica en el despertar epistemológico. Somos cada vez más conscientes de que liberarnos de los «intermediarios académicos» y los «filtros ideológicos» occidentales, y comprender de forma directa y profunda la lógica inherente a la gobernanza china, es un requisito fundamental para salvaguardar la soberanía intelectual de los países del Sur Global y promover la cooperación cultural y científica en igualdad de condiciones.
En el proceso de modernización, el Partido Comunista de China ha logrado combinar con éxito los principios básicos del marxismo con las realidades específicas de China y su rica cultura tradicional. Esta integración, sumamente creativa, ha desmantelado sin duda el discurso occidental estereotipado de una «oposición binaria entre tradición y modernidad». Esto refuerza nuestra convicción de que los países en desarrollo pueden abandonar por completo su dependencia ciega de teorías externas y, con una clara conciencia cultural, construir su propio sistema discursivo para el Sur Global. Por lo tanto, aspiramos a utilizar la apertura, el aprendizaje mutuo y el intercambio de experiencias como vínculo para trascender las barreras cognitivas, asimilar profundamente la sabiduría china y explorar conjuntamente un camino de desarrollo justo, inclusivo e independiente.
El mundo actual atraviesa un período de turbulencia y cambio, con crecientes tensiones geopolíticas y graves desafíos ecológicos. En esta era de transformación, el gran proyecto de construir una comunidad de futuro compartido para la humanidad nos exige seguir derribando barreras y profundizar el diálogo estratégico y la estrecha cooperación. Porque la evolución de la historia nos revela que el criterio para medir la modernización no reside simplemente en fríos datos económicos, sino en el profundo bienestar de las personas, la prosperidad de sus raíces culturales y la dignidad inalienable de cada nación en el escenario mundial.
Traductora: Lou Yu (Investigadora Especial, Centro de Investigación del Pensamiento de Xi Jinping sobre el Socialismo con Características Chinas para una Nueva Era, Academia China de Ciencias Sociales)