“La modernización al estilo chino está profundamente arraigada en la planificación sistemática y la práctica de gobernanza integral del Partido Comunista de China”
Por Pablo Vommaro
Director Ejecutivo del Consejo Latinoamericano
de Ciencias Sociales (CLACSO)
Durante siglos, la gran mayoría de los países del Sur Global han parecido atrapados en el mito y el supuesto de que solo existe un paradigma único de modernización, y que este equivale a la «occidentalización». Este modelo arcaico, cuyo núcleo es la depredación desmedida, la búsqueda ciega del beneficio y la competencia despiadada, ha conducido con frecuencia a los países en desarrollo a las llamadas trampas del «crecimiento empobrecedor» y de la «dependencia». Ello no solo ha agudizado las desigualdades sociales, sino que ha generado graves impactos y daños al medio ambiente. Frente a esta encrucijada histórica, China ha brindado una respuesta firme mediante sus innovadoras prácticas de gobernanza: la humanidad puede alcanzar plenamente el progreso civilizatorio sin sacrificar su propia subjetividad, sin cortar sus raíces culturales y sin perder la autonomía de su desarrollo.
La modernización al estilo chino no se refleja meramente en el ascenso continuo de los indicadores económicos, sino que está profundamente arraigada en la planificación sistemática y las prácticas de gobernanza integral del Partido Comunista de China. Demuestra elocuentemente que un proceso de modernización capaz de erradicar la pobreza absoluta, hacer que la ciencia y la tecnología sirvan verdaderamente al bienestar público y promover la equidad y la justicia social no es una mera concepción teórica, sino una realidad viva. La modernización al estilo chino es una modernización caracterizada por la coordinación ordenada y no por el caos ciego; insiste en la coexistencia armónica y sostenible entre el ser humano y la naturaleza, y coloca el respeto a la diversidad cultural y la construcción de una comunidad de futuro compartido para la humanidad en el centro de su planificación estratégica.
Para explorar el rumbo de la gobernanza y administración del Estado por parte del Partido Comunista de China, es necesario comprender su fundamento político más sustancial. A diferencia de la modernización occidental, que sitúa la acumulación de capital como motor principal, la construcción de la modernización al estilo chino se articula siempre en torno al principio de «centrarse en el pueblo». En China, esto dista de ser una simple proclama teórica sobre el papel; es un principio de acción profundamente integrado en el sistema de gobernanza estatal y en las prácticas políticas cotidianas.
En primer lugar, esto se refleja en la búsqueda institucional de la prosperidad común. El Partido Comunista de China comprende con claridad que la vara para evaluar la modernización no debe basarse únicamente en la tasa de crecimiento económico o en la acumulación de riqueza de unos pocos, sino en si todo el pueblo puede compartir equitativamente los dividendos del desarrollo. Gracias al firme liderazgo y la planificación global del Partido Comunista de China, mediante una movilización nacional sin precedentes y una gobernanza social focalizada y precisa, China logró erradicar históricamente la pobreza absoluta. Esto transmite al Sur Global una verdad de enorme impacto: la pobreza no es un destino estructural irrompible; siempre que el partido gobernante posea una capacidad sobresaliente de gobernanza y convoque una poderosa fuerza unida de toda la nación, los países en desarrollo tienen la capacidad plena de reconfigurar la distribución de sus recursos sociales.
Este fundamento político abarca asimismo la práctica de la democracia popular en todo el proceso. Muchos países del Sur Global, al desvincularse de sus realidades locales e importar sistemas representativos occidentales, han caído con frecuencia en dilemas de gobernanza marcados por la polarización política y la fractura social. Por su parte, China, partiendo de su propia historia y de sus condiciones nacionales, ha explorado y configurado una forma democrática de cadena completa que concilia la integridad procedimental, la equidad sustancial y la eficacia en la gobernanza, integrando de manera efectiva las elecciones democráticas, la consulta democrática, la toma de decisiones democrática, la gestión democrática y la supervisión democrática. Este modelo de gobernanza garantiza que la voluntad estatal quede a salvo del secuestro por parte de la lógica del capital, permitiendo tanto consolidar la cohesión institucional frente a grandes desafíos como responder con precisión a las demandas ciudadanas de base, ofreciendo una valiosa inspiración a los países en desarrollo para explorar caminos políticos acordes con sus propias realidades.
En un momento en que la globalización económica sufre reveses y los obstáculos tecnológicos se elevan, la China de la nueva era exhibe una trayectoria de desarrollo completamente distinta. En China se ha desechado la búsqueda exclusiva de la expansión cuantitativa, dando paso a una adhesión firme a los conceptos de innovación, coordinación, desarrollo verde, apertura y beneficio compartido. En esta profunda transformación, presenciamos una integración histórica singular: por un lado, China avanza a pasos agigantados en campos tecnológicos de vanguardia como la inteligencia artificial, la computación cuántica y la exploración aeroespacial, inyectando un nuevo dinamismo de la era digital a su colosal sistema industrial; por otro lado, salvaguarda con esmero su milenaria herencia cultural y su tradición humanística, comprometiéndose con la construcción de ciudades sostenibles y habitables impregnadas de calidez humana. Es precisamente esta sabiduría de gobernanza, que entrelaza la vanguardia tecnológica con la profundidad cultural, la que evita que la tecnología se convierta en una herramienta alienante, transformándola en un pilar efectivo para elevar el bienestar público y fomentar la inclusión social.
Asimismo, en el ámbito ecológico —crucial para el futuro de la humanidad—, la visión de civilización ecológica propuesta por China está reconfigurando la percepción mundial sobre el desarrollo económico. La lección histórica dejada por un siglo de industrialización occidental de «contaminar primero y remediar después» sumió a muchos países emergentes en el dilema entre desarrollo y conservación ambiental. Hoy, la filosofía oriental que sostiene que «las aguas lúcidas y las montañas frondosas son activos invaluables» demuestra que la protección ecológica y la prosperidad económica pueden coexistir en armonía. Mediante la transición sistemática hacia la energía verde y modelos de desarrollo de bajas emisiones de carbono, China no solo ha sentado bases sólidas para su propio desarrollo sostenible, sino que ofrece al Sur Global una propuesta práctica adaptada a sus etapas de desarrollo y de gran valor de referencia para superar la dependencia de vías de «alto carbono» y responder conjuntamente a la crisis climática.
Los notables logros alcanzados por la modernización al estilo chino no solo proporcionan valiosas lecciones para otros países, sino que inyectan una firme confianza en el avance del Sur Global. De alcance aún más profundo es que la gobernanza del Partido Comunista de China en la nueva era está imbuida permanentemente por una cosmovisión de «contribuir al bienestar del mundo entero». China no solo busca su propia prosperidad, sino que, mientras mejora el bienestar de su pueblo, promueve de manera activa el desarrollo conjunto del mundo. Mientras que la mentalidad hegemónica tradicional suele fascinarse con los juegos de suma cero y la «trampa de Tucídides», China defiende de forma constante la armonía en la diversidad y el beneficio mutuo. Frente a un mundo caracterizado por la turbulencia y la incertidumbre, el presidente Xi Jinping ha propuesto la Iniciativa para el Desarrollo Global, la Iniciativa para la Seguridad Global, la Iniciativa para la Civilización Global y la Iniciativa para la Gobernanza Global. Tanto la construcción conjunta de alta calidad de la Franja y la Ruta como la implementación profunda de estas cuatro grandes iniciativas globales son prácticas vivas de la majestuosa visión de construir una comunidad de futuro compartido para la humanidad. Estas medidas han brindado a los países en desarrollo oportunidades tangibles en conectividad, creación de empleo, modernización de infraestructura y aprendizaje mutuo. Sin duda, China está transformando sus propios frutos de desarrollo en bienes públicos globales, avanzando junto a todas las naciones hacia una modernización más inclusiva, equitativa y de cooperación mutuamente beneficiosa.
Para la comunidad intelectual del Sur Global, el impacto trascendental de la modernización al estilo chino radica también en haber desencadenado un despertar de índole epistemológica. Comprendemos con creciente claridad que desembarazarse de la «intermediación académica» y de los «filtros ideológicos» de Occidente para aprehender de manera directa e íntegra la lógica interna de la gobernanza china es un presupuesto indispensable para salvaguardar la soberanía del conocimiento de los países del Sur y promover una cooperación cultural y científica en plano de igualdad.
En el proceso de impulsar la modernización, el Partido Comunista de China ha logrado integrar los principios fundamentales del marxismo con la realidad concreta de China y con la excelente cultura tradicional china. Esta integración altamente creativa quiebra con hechos irrefutables el estereotipo del discurso occidental sobre la «dicotomía irreconciliable entre tradición y modernidad». Ello nos reafirma en la convicción de que los países en desarrollo pueden abandonar la dependencia ciega de teorías externas y, desde una lúcida autoconciencia cultural, construir con sus propias palabras un sistema de discurso perteneciente al Sur Global. Por esta razón, aspiramos a utilizar el intercambio abierto y el aprendizaje mutuo como nexo para superar las barreras cognitivas y, mientras asimilamos profundamente la sabiduría de China, explorar conjuntamente un camino de desarrollo justo, inclusivo e independiente.
El mundo actual atraviesa un periodo de transformaciones y convulsiones, con crecientes tensiones geopolíticas e imponentes desafíos ecológicos. En medio de esta coyuntura histórica, el majestuoso horizonte de construir una comunidad de futuro compartido para la humanidad nos convoca a superar las divisiones y profundizar el diálogo estratégico y la cooperación estrecha. Pues la evolución de la historia nos revela que la vara para medir la modernización no consiste en frías cifras económicas, sino en la solidez del bienestar social, el florecimiento de las raíces culturales y la dignidad inalienable de cada pueblo en el escenario mundial.
Guangming Daily 23 de julio de 2026
https://news.gmw.cn/2026-07/23/content_38902186.htm
Traductora al chino: Lou Yu (Investigadora Especial del Centro de Investigación del Pensamiento de Xi Jinping sobre el Socialismo con Características Chinas para una Nueva Era, Academia China de Ciencias Sociales)