Campo Temático: Feminismos y políticas de género

Grupo de Trabajo: Cuerpos, territorios y feminismos

Persona responsable de la inscripción: Manuel Bayón Jiménez

1. Nombre del Grupo de Trabajo.
Cuerpos, territorios y feminismos
2. Ubicación crítica del tema en el contexto y en la política pública latinoamericana y caribeña y en relación con la dinámica global.

La necesidad creciente de materias primas en los países del norte global ha generado una enorme presión sobre los territorios de todo el mundo. Por otro lado, la emergencia de países como Brasil y China ha volcado las economías latinoamericanas hacia la exportación de recursos naturales como el petróleo, los minerales o productos agroindustriales como la soya y la palma africana. Esta reprimarización de las economías se basa en una fuerte subsunción de los territorios latinoamericanos al capital trasnacional, produciéndose a lo largo de la última década una explosión territorial de las concesiones mineras y petroleras, la concentración de la propiedad de la tierra y las políticas para favorecer los grandes complejos agrarios. Lo cual se produce especialmente en las áreas que son fronteras extractivas, que hasta hace pocas décadas eran territorios inaprensibles para los Estados, y que han sido las áreas donde los pueblos más relegados y oprimidos han encontrado sus lugares de vida, especialmente los pueblos indígenas y afro de la región.

La territorialización del capital y el despojo que representa se ha concretado a través de políticas públicas de los estados centrales. Las poblaciones más excluidas históricamente han visto cómo sus territorios eran destruidos, los ciclos de la vida alterados haciéndolos inviables. Sociedades que ven su reproducción como tal limitada. Los circuitos del capital fluyen y succionan en el mismo sentido que los cuerpos migran desposeídos. Pero a la vez hay resistencias que se multiplican, en la vida diaria, en protestas frente a los estados, en acciones contra el capital. La estructura patriarcal impone que quienes tienen menos que ganar con los cambios son los cuerpos más oprimidos en la jerarquía de poder, las mujeres de las clases bajas. A cada ciclo de despojo capitalista, las violencias específicas sobre las mujeres se multiplican. En toda América Latina se han concretado en las últimas décadas movimientos de mujeres que cuestionan esta lógica extractivista, que ante la desarticulación de los movimientos sociales históricos han dado un paso adelante.

La llamada oleada de los ?gobiernos progresistas? ha supuesto un hito en la última década tras el auge del neoliberalismo y su arrasamiento de las políticas sociales. Los movimientos sociales, sin embargo, han quedado sin respuesta ante las medidas de implementación de los grandes megaproyectos del capital en toda América Latina, ya sea por cooptación de sus líderes, o la criminalización, eliminación o limitación de sus cuerpos. La organización de mujeres frente a proyectos de despojo de territorios ha tenido durante las últimas décadas un gran crecimiento, tanto en número como en relevancia política, ya que siempre estuvieron resistiendo a estos proyectos, pero en esta fase están adquiriendo un mayor protagonismo político.

En el caso de Centroamérica se han generado movimientos de mujeres contra las mega infraestructuras asociadas al Plan Puebla-Panamá, las vías y las hidroeléctricas asociadas a la explotación minera, con una fuerte criminalización y una violencia creciente, que ha llegado hasta el asesinato en Honduras de la activista Berta Cáceres del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH). En Guatemala fue emblemático el caso de las ocho mujeres indígenas perseguidas por Unión Fenosa, o la lucha de las mujeres xinkas en resistencia contra la minería en la montaña de Xalapán. En el caso mexicano, Chiapas emerge como un territorio de resistencia, donde en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) tiene un creciente protagonismo político de las mujeres, se suceden encuentros de mujeres en defensa de su territorio, que comienza en sus cuerpos. Ecuador ha vivido en los últimos años manifestaciones de mujeres indígenas en contra fundamentalmente de la explotación petrolera, con marchas desde la Amazonía hasta la capital, con articulaciones inter-étnicas centradas en frenar el avance de proyectos extractivos. Perú cuenta con fuertes organizaciones como FEMUCARINAP que unen la lucha contra la minería y el patriarcado. En Bolivia la Red Nacional de Mujeres en Defensa de la Madre Tierra han comenzado a alzar su voz contra el extractivismo minero, y Mujeres Creando se han convertido en un icono respecto al combate contra un estado patriarcal, en relación del avance capitalista y la criminalización de los cuerpos de las mujeres combativas. En Uruguay las organizaciones campesinas de mujeres se están levantando contra el modelo soyero que lleva al despojo de tierras y el empobrecimiento. En Brasil el Movimento de Mulheres Camponesas se ha convertido en un referente de la Vía Campesina, anudando el papel de las mujeres a la lucha por la tierra, globalizando las alianzas a lo largo de la región y del mundo.

Las experiencias compartidas de mujeres organizadas en movimiento contra el avance del capitalismo en sus territorios muestra cómo la escala global y las políticas públicas de los Estados se han entrelazado, con fuertes similitudes entre los países de América Latina. Hay una respuesta generalizada que violenta los cuerpos, que rompe los ciclos de la vida, que se encadena al patriarcado con políticas de violencia específica contra los cuerpos de las mujeres: represión, criminalización, control sobre la reproducción, negación política, violencias machistas, etc. El avance generalizado de los megaproyectos del capital ha encontrado en las mujeres organizadas un nuevo frente, un actor social inesperado.

En los territorios urbanos, la crisis de la reproducción de la vida implica estrategias de supervivencia que colocan a las mujeres en el cuidado cotidiano, en una sobrecarga de trabajo diario, en medio de una multiplicidad de violencias de estos espacios de aglomeración. Pese al incremento de las políticas sociales en estos años, las estructuras de poder, de clase, patriarcales, raciales, no se han visto alteradas. Las ciudades continúan siendo el espacio de segregación más absoluto, en especial las grandes urbes latinoamericanas. No se puede observar el proceso de despojo vinculado a megaproyectos extractivos sin ver el anverso de los espacios urbanos, cada vez más poblados, con una crisis cada vez mayor de la vida en los mismos. En los últimos años, las contrarreformas agrarias y la profundización de la liberalización del agro pese a los discursos revolucionarios, han seguido sumando población urbana pauperizada procedente del campo, mayoritariamente mujeres que también huyen de violencias patriarcales. Migraciones que no se quedan únicamente en la escala latinoamericana, sino que se desplazan a los centros del capitalismo en Estados Unidos, en Europa, donde la crisis de los cuidados demanda cada vez más mano de obra barata femenina con la que paliarla, a través del expolio de los afectos, cuerpos que cuidarán los cuerpos de quienes les explotan.

Las políticas públicas han generado un despojo de manera ampliada. Megaproyectos extractivos, espacios urbanos segregados y violencias contra los cuerpos de las mujeres se entretejen en distintas escalas: globales, nacionales, locales, comunitarias, íntimas y corporales. La subsunción de los territorios y de los cuerpos al capital trasnacional ha encontrado en la fase de los gobiernos progresistas en América Latina una explosión ligada al auge de las materias primas. Las resistencias unen de forma creciente la lucha contra la violencia capitalista, patriarcal y colonial, generando nuevos sujetos políticos. La respuesta a la agresión ha cambiado de forma, de protagonistas, en cada territorio-cuerpo con particularidades específicas.