Campo Temático: Políticas e industrias culturales

Grupo de Trabajo: Tecnopolítica, cultura digital y ciudadanía

Persona responsable de la inscripción: Francisco Javier Moreno Gálvez

1. Nombre del Grupo de Trabajo.
Tecnopolítica, cultura digital y ciudadanía
2. Ubicación crítica del tema en el contexto y en la política pública latinoamericana y caribeña y en relación con la dinámica global.

Los usos de las tecnologías de información y comunicación han modificado estructuralmente las formas de organización social. La creatividad, la interactividad y el trabajo reticular son claves al momento de comprender las luchas por el código, que también se erige como un espacio en disputa. El poder hoy se piensa y se ejerce en las redes de interacción transmediática de la era digital. En paralelo, se están modificando los regímenes de significación y los modos de organización social que experimenta el actual contexto histórico.

Los usos estratégicos que diversos colectivos de Latinoamérica y el Caribe realizan de las tecnologías de información y comunicación han sido capaces de rediseñar las formas de acción social y política, configurando espacios de interacción de carácter híbridos, donde lo offline y lo online se en-redan para la consecución de objetivos socio-políticos diseñados en función de las necesidades de la ciudadanía. Pero también, desde ?arriba?, las tecnologías han sido utilizadas como herramientas propicias para la creación de un nuevo modo de gobernabilidad y control de la ciudadanía.

El proceso de apropiación y uso de las nuevas tecnologías y de los medios digitales en América Latina se inserta en las conflictivas y contradictorias luchas por la democracia en la región ante la falta de canales de visibilidad de un sistema privativo y en ocasiones de virtual monopolio dominante en los medios oficiales analógicos y digitales. El levantamiento de las comunidades indígenas de Chiapas en 1994 fue una de las primeras ocasiones a nivel internacional en que se utilizó la red de Internet como medio de protesta y apoyo a una lucha social, original en su retórica y global en sus expresiones antagonistas.

Desde 1994 a nuestros días, gracias a la difusión masiva de las tecnologías a bajo costo y la amplia experiencia acumulada desde la década de los sesenta en materia de comunicación popular y comunitaria, las experiencias digitales y las redes interactivas han contribuido a facilitar en la región los procesos de empoderamiento tanto en la protesta como en todos los aspectos de lo social, y, paulatinamente, de paso, han horadado las bases institucionales del modelo centralizador y jerárquico de mediación de las representaciones sociales de empresas como Televisa (México) y Globo (Brasil), modelos arquetípicos del sistema jerárquico de control de las imágenes y los discursos públicos en la América Latina y el Caribe.


Así, mientras las transformaciones de la geopolítica mundial después de los atentados del 11S en 2001 representaron - principalmente para Europa, Canadá y EE.UU.- el declive de los movimientos en contra de las políticas neoliberales que habían caracterizado el ciclo de luchas y movilización colectiva a final de la década de los ?90, en América Latina, pese al ocaso del denominado movimiento antiglobalización, se iniciaba un nuevo proceso de resistencias protagonizado por subjetividades individuales y colectivas (organizaciones de campesinos, comunidades de indígenas, colectivos de sin techo, de desempleados, villeros, chavos bandas, estudiantes, cartoneros, amas de casas, etc.) que desbordaron, como apunta Zibechi, los análisis clásicos de la acción colectiva y las matrices tradicionales sobre «la política» y «lo social». Estos sujetos sociales, en línea con la tradición latinoamericana en comunicación ciudadana y participativa, dieron lugar a múltiples experiencias de articulación con medios digitales y analógicos en sus protestas.

En este sentido, diferentes experiencias en América Latina en países como Brasil, México, Chile, Argentina o Ecuador convergen con otras de escala global. En Brasil el Movimento Passe Livre (MPL) se erige como un movimiento social autónomo, no partidista, horizontal e independiente, que lucha por un transporte público cuyo origen se remonta a la Revolta do Buzu (Salvador, 2003) y las Revoltas da Catraca (Florianópolis, 2004 y 2005), está presente en varias ciudades de Brasil y lucha, integrando un uso original y creativo de las nuevas tecnologías, por la democratización efectiva del acceso al espacio urbano y a sus servicios.

En México, el colectivo #YoSoy132 representa un movimiento ciudadano conformado en su mayoría por estudiantes mexicanos de educación superior, tanto de instituciones públicas como privadas, tanto en México, como en más de 50 ciudades del mundo. Entre sus objetivos plantea la democratización de los medios de comunicación y el rechazo a la imposición mediática. En los diferentes encuentros nacionales que han tenido lugar en los últimos años, el movimiento ha refrendado como objetivos a largo plazo la democratización de las decisiones políticas, de las instituciones públicas, así como de los medios de comunicación, información y difusión para promover una participación ciudadana autónoma e informada con veracidad.

En Argentina el movimiento por los derechos de la mujer adquiere un gran protagonismo en los últimos años, el punto culminante se produce en el año 2015 con la organización de la multitudinaria concentración identificada como #NiUnaMenos. La misma fue impulsada por una extensa red de organizaciones de mujeres y movimientos sociales que además de ocupar el espacio público también desarrollan su acción, creación y producción en Internet. Las acciones de protesta tienen la peculiaridad de demandar al gobierno la implementación del un plan nacional de acción para la prevención, asistencia y erradicación de la violencia contra las mujeres, así como otras medidas.

Por otro parte, en Chile desde principios de los años 90 asistimos a la irrupción en la esfera pública latinoamericana de un nuevo actor colectivo: el movimiento indígena. Este se ha afirmado significativamente a través del protagonismo alcanzado por el movimiento mapuche. Sin embargo, a diferencia de otros estados de la región en los que las demandas indígenas han logrado un cierto grado de institucionalización, en Chile, los cambios políticos y legislativos en materia de reconocimiento de los pueblos originarios presentan un desarrollo inferior al de sus homólogos latinoamericanos. En los últimos años, el movimiento mapuche se ha conocido internacionalmente no solo a raíz del contacto con otros pueblos, sino también mediante la participación en diversos organismos, foros y eventos internacionales en los que se ha avanzado en la difusión de sus problemas y también por sus diversas acciones digitales en la esfera de la tecnopolítica. También en Argentina el movimiento indígena, durante mucho tiempo invisibilizado, irrumpe en la esfera pública. Los indígenas reelaboraron en los últimos años sus identidades étnicas en novedosos proyectos políticos, comunicacionales o artísticos y se han posicionado en este escenario como actores sociales, permitiéndoles cobrar cierta notoriedad y autonomía respecto a los partidos políticos, la iglesia, o las ONGs. Esto se observa en las acciones que llevan a cabo en torno a la construcción de sus propios medios de comunicación, la ampliación de redes, la presencia internacional y los espacios que ocupan dentro de las agencias estatales, entre otras.

Este contexto exige un cuestionamiento de las teorías al uso de la acción colectiva y el conflicto social desde el punto de vista de los medios de comunicación y representación de la cultura digital, perfilando, como consecuencia, nuevas matrices epistémicas y un pensamiento propio definiendo un enfoque decolonial desde el Sur, como defienden autores como Boaventura Sousa Santos, a fin de romper con la racionalidad binaria y externalizada del mediactivismo como un simple proceso de apropiación, resistencia y oportunidad política. En Latinoamérica y el Caribe es necesario acompañar las diferentes prácticas políticas hasta aquí descritas con la reflexión teórica desde el campo académico, buscando fortalecer un espacio de comunicación propio fundamentado en una Comunicología desde y para el Sur.