El terror y la ocupación en Palestina demandan una pronta solución pacífica

Cada vida cegada en la Franja de Gaza desafía la idea de civilización y convierte el pensamiento crítico en un imperativo para comprender la sinrazón del neocolonialismo, la guerra y la ocupación de territorios en el presente. Palestina e Israel no solo tienen derecho a existir como naciones soberanas, sino que deben aprender a coexistir respetando la autodeterminación de los pueblos, en un marco de democracia y justicia social.
La escalada de violencia actual no es el comienzo del conflicto, sino el resultado de cincuenta y seis años de ocupación israelí de los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania, en abierta violación de las leyes internacionales y a los tratados firmados entre representantes de Israel y Palestina, todo ello con el apoyo de Estados Unidos y las potencias occidentales. La violación reiterada del derecho internacional incuba distintas formas de violencia y hace del conflicto una constante, en detrimento de la vida de civiles, especialmente niños, niñas, jóvenes y mujeres.
La población palestina soporta la violencia cotidiana del Estado de Israel que demuele las casas de los que protestan, los encarcela sobre la base de sus propias leyes aplicando la “justicia del enemigo” y los expulsa de sus propiedades para dar paso a asentamientos de colonos israelíes, en actos de despojo que son directamente condenados por la ley internacional. La deshumanización del otro como “animal”, según dijo el ministro de defensa de Israel, el supuesto castigo y la destrucción masiva, no enseñan ninguna lección, sino que profundizan las razones estructurales del conflicto y la violencia, alejando la posibilidad de cualquier entendimiento.
Estas semanas hemos presenciado multitudinarias manifestaciones en las principales ciudades del mundo, expresando el rechazo al desplazamiento de más de un millón de personas en Gaza, el bloqueo de suministros básicos, el incesante bombardeo de casas, hospitales y objetivos civiles, así como la utilización de armas químicas, crímenes de guerra que no pueden ser tolerados. Crece la conciencia mundial sobre la necesidad de solucionar el conflicto y aislar el fundamentalismo guerrerista de ambos bandos.
El escalamiento del conflicto reta la capacidad de la comunidad mundial, el sistema multilateral y los mecanismos globales de solución de conflicto, poniendo a prueba su capacidad real para garantizar la paz global.
El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) se pronuncia contra la guerra y en favor de la paz, usando el conocimiento y el pensamiento crítico para garantizar un Medio Oriente sin conflictos, en cuya ruta es necesario crear las condiciones para la coexistencia de las dos naciones, Palestina e Israel, cesando las ocupaciones y el uso de la guerra. Condenamos el escalamiento del conflicto y nos sumamos a las centenares de millones de voces en el mundo que demandan un alto al fuego en esta región y garantías ciertas para que toda la ayuda humanitaria llegue a los territorios palestinos como preludio a una paz con justicia social.
Comité Directivo de CLACSO
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