Día Mundial de la Ciencia y la Tecnología

La Conferencia General de la Unesco proclamó el 10 de abril “Día de la Ciencia y la Tecnología” en honor al natalicio del médico y farmacéutico argentino Bernardo Houssay, Premio Nobel de Medicina en 1947, por sus descubrimientos científicos y médicos, particularmente en el rol de la hipófisis o glándula pituitaria en la regulación de la cantidad de azúcar en sangre, a través del metabolismo de los hidratos de carbono.

AMÉRICA LATINA

En mayo del 2018, el periodista Javier Flores de La Jornada de México analizó lo que él dio en llamar las “Causas del atraso científico en América Latina”.

“Llaman mucho la atención las similitudes que tienen las naciones de América Latina en su desarrollo científico y tecnológico. En 2016, el gasto en investigación y desarrollo (GIDE) estimado para la Región representó en promedio apenas 0,48% del producto interno bruto (PIB), mientras entre los países que integran la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) el porcentaje promedio fue de 2,38% en 2014. Algo semejante se observa cuando se examinan indicadores como el número de investigadores, las patentes, etc. Si bien no puede hablarse de uniformidad pues cada nación tiene su historia y particularidades, resulta inevitable preguntarse por qué se ha producido y permanece abierta esta enorme brecha.

Desde luego los factores políticos tienen su papel en cada nación. Por ejemplo, en 2014 Brasil destinaba 1,14% de su PIB a investigación y desarrollo (el más alto en América Latina), pero luego del golpe contra la presidenta Dilma Rousseff se han producido continuos recortes al presupuesto para la ciencia, que en 2017 llegaron a ser 44% menores respecto del año previo. Aunque en otra dimensión, en México este gasto alcanzó 0,54% del PIB en 2014, pero también, por los continuos recortes… en 2018 este indicador se situará por debajo del medio punto porcentual.

Pero además de los efectos de la inestabilidad política que caracteriza a la región hay un denominador común que es la escasa presencia del sector privado en la estructura del gasto. En todos los países de América Latina, sin excepción, la mayor parte de los recursos provienen de fuentes gubernamentales. Así el gasto público es de 94% en Costa Rica y la aportación privada es de 2% (el restante 4% es de otras fuentes), Panamá (81/11), Argentina (76/17), México (67/20), Brasil (61/26) y Chile (43/33). Para tener algunos puntos de referencia, en Japón la relación porcentual entre el GIDE público y el privado es completamente al revés (15/78), China (21/75), Corea (24/75), Alemania (28/66) y Estados Unidos (24/64).”

Para actualizar algunos datos del artículo de La Jornada, ampliamos tres ejemplos de nuestra región: Brasil, Argentina y Chile.

BRASIL

El sector científico brasilero viene sufriendo recortes en su presupuesto desde hace varios años. Al asumir después de la destitución de Dilma Roussef, Michel Temer fusionó el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación con el de Comunicaciones.

Jair Bolsonaro hizo campaña prometiendo disminuir recursos para las universidades e institutos de investigación. Según un decreto del gobierno promulgado el pasado 29 de marzo, el presupuesto de este año del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Comunicación (MCTI) del Brasil será recortado en un 41,9%. La nueva asignación, de 2.947 mil millones de reales (US$ 750 millones), equivale a una reducción de aproximadamente US$ 543 millones respecto al presupuesto aprobado para 2019.

Se trata del presupuesto más bajo asignado al sector en más de una década en Brasil. Hasta ahora, el menor presupuesto era el de 2006, cuando se le asignaron 3,1 mil millones de reales (US$ 790 millones).

Para el físico Ildeu de Castro, presidente de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia, la reducción de 41,9% del presupuesto del MCTI comprometerá los fondos para becas de posgrado que otorga el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico y los programas de estímulo a investigaciones científicas. “Muchas redes de investigación de alcance internacional serán desmanteladas, mientras la compra de equipos para laboratorios será interrumpida, comprometiendo el desarrollo de las investigaciones”, asegura.

ARGENTINA

En 2018, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva fue degradado a Secretaría.

Desde la asunción de Mauricio Macri en diciembre de 2015, los científicos argentinos advierten al Gobierno que debe preservar e invertir en ciencia y tecnología y le reclaman por los distintos recortes realizados al presupuesto de este sector bajo el lema: “Sin ciencia y tecnología no hay futuro”.

Además, solicitan al Ejecutivo que apruebe la Ley de Ciencia y Tecnología, que ya obtuvo media sanción en la Cámara de Senadores y que garantiza el aumento de presupuesto. La ley establece un incremento escalonado del presupuesto de Ciencia y Tecnología que va aumentando desde el 0,51% para 2018 al 3% del Producto Bruto Interno (PBI) para 2030. El 3% que se espera alcanzar para 2030 es un porcentaje que se acerca al de los países que más invierten en Ciencia y Tecnología, que destinan 4% del PBI, mientras que Argentina actualmente destina alrededor de 1%.

“Se trata de un vaciamiento en múltiples ángulos, desde el problema presupuestario general, las partidas de funcionamiento tienen valores congelados, hay retrasos en los pagos. A esto se le suma los bajos salarios, la falta de perspectiva y de estabilidad laboral que implica que se cierren las entradas a las carreras de investigador”, denuncia Julián Del Pla, integrante de Jóvenes Científicos Precarizados Regional La Plata.

CHILE

Este 17 de diciembre de 2018, el presidente Sebastián Piñera designó por primera vez a un ministro de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación: el biólogo especializado en neurociencias Andrés Couve. La creación de un ministerio que coordine las políticas públicas del sector es una demanda histórica de la comunidad científica chilena. La mala noticia es que el presupuesto aprobado para 2019 sufrió un recorte de 47 millones de dólares, lo que representa un 4,6% menos en un presupuesto que ya venía en caída, ya que en 2018 había sufrido un recorte del 2,2%.

La bioquímica Vania Figueroa, profesora de la Universidad de O’Higgins, integrante de RedI y de la Fundación Hay Mujeres, señala que uno de los principales conflictos  es que, por un lado, “la política pública de los últimos 25 años ha financiado la producción indiscriminada de capital humano avanzado, principalmente con grado de doctor”; mientras que, por otro lado, “no logró vincular efectivamente el ecosistema de ciencia e innovación con el sector productivo del país”, de manera que la demanda de profesionales altamente calificados pueda absorber la gran oferta existente y los científicos no tengan que irse al extranjero.

“Los países ricos lo son porque dedican dinero al desarrollo científico-tecnológico, y los países pobres lo siguen siendo porque no lo hacen. La ciencia no es cara, cara es la ignorancia”.

Bernardo Houssay