Declaraciones y comunicados

Declaración del Grupo de Trabajo CLACSO  Izquierdas Latinoamericanas, sobre represión en Chile

 
Somos testigos y celebramos la amplia y trasversal rebelión popular que desde hace quince días mantiene en movimiento a la sociedad chilena y que con las diversas formas en que se expresa la lucha callejera ha logrado poner en jaque no sólo al gobierno de Sebastián Piñera, sino que cuestiona desde un gran abanico de demandas, las lógicas y los efectos del neoliberalismo implementado durante la dictadura y profundizado durante los últimos treinta años. Se trata de un conjunto de demandas sectoriales, como las levantadas contra el sistema de pensiones y salud, las alzas de la electricidad o el transporte público, el excesivo pago en las autopistas concesionadas, la contaminación ambiental, el lucro en la educación, las colusiones que especulan con las necesidades de las mayorías, a las que se añaden conflictos territoriales y luchas por la autonomía del pueblo mapuche, entre muchas otras.

Pero la mayor novedad es que se han levantado todas juntas y al mismo tiempo, logrando generar una crisis política importante, que aún continúa desarrollándose. El paso inicial marcado por los y las estudiantes secundarios/as que llamaron a evadir el pago del metro como repudio al alza indiscriminada del transporte público, fue aplaudido masivamente y acompañado con cacerolazos, barricadas, marchas y diversos ataques, con fuego, piedras y rayados, a los símbolos del poder económico y político.

Una rebelión popular que ha conseguido reapropiarse de las calles y los espacios públicos. Si bien, ese salto entre los torniquetes del metro marcó el inicio de esta coyuntura, es una protesta que se encadena con otras luchas sociales encabezadas por sujetos políticos, que con menor masividad y radicalidad desde hace 30 años cuestionaron en voz alta las consecuencias de vivir bajo la normatividad que impone un modelo de gobernanza neoliberal que perpetua la desigualdad y la explotación de las grandes mayorías. En efecto, Chile se encuentra entre los países más desiguales de América Latina y el mundo.

El 1% más rico concentra el 33% de la riqueza, en tanto el 50% de los hogares de menores ingresos sólo accede al 2,1%. Más de la mitad de los sectores asalariados debe sobrevivir con menos de $400 mil y 7 de cada 10 empleados ganan menos de $550 mil líquidos al mes, sobreviviendo gracias al endeudamiento. Se calcula que en Chile hay más de 11 millones de personas mayores de 18 años endeudadas, de las cuales 4 millones 600 mil personas están morosas. El problema del endeudamiento, en específico para estudiar, fue una problemática que sacó con fuerza a la luz el movimiento estudiantil del año 2011. 

No obstante, Sebastián Piñera podía jactarse hace menos de un mes de presidir un verdadero oasis de calma dentro de una América Latina convulsionada, mientras observaba con desdén a su colega Lenin Moreno echar pie atrás al paquete de medidas neoliberalizadoras en un Ecuador ardiente. Los ministros de turno podían humillar a la población sin temor, como mandarles a comprar flores por estar más baratas que los productos de necesidad básica, sugerirles madrugar aún más para pagar la tarifa económica en el transporte o mandarles a hacer un bingo para financiar techumbres de escuelas que están a mal traer. Era el mismo Sebastián Piñera que hasta entonces proyectaba su liderazgo en la región y hacia el mundo, como anfitrión de dos importantes cumbres, la COP25 y la APEC que se realizarían en Chile, pero que debió suspender dada la fuerza de la protesta y los cuestionamientos al modelo.La furia se fue acumulando. Sin duda, el estallido social en Chile, en tanto cuna y laboratorio del neoliberalismo es una amenaza que recorre a los sectores dominantes de todo el continente.

Con distintas intensidades el modelo intenta implementarse en América Latina, mientras diversas fuerzas políticas y sociales deben resistir sus efectos en la vida cotidiana. Y por eso debemos seguir con atención los acontecimientos en curso. Uno de los países más empobrecidos de la región, como Haití, hartos de abusos políticos, económicos y sociales ya lleva varios meses de fuertes enfrentamientos contra el Joven Möise y su cuestionada solicitud de ayuda a los Estados Unidos. Piñera sabe que el liderazgo de la derecha en la región depende en parte de su suerte. Por tanto, el desafío de pacificar el país era imperativo.

Por ello, Jair Bolsonaro se apresuró a amenazar con medidas aún más drásticas si se reproducía el estallido en sus fronteras y el propio Donald Trump bajo una artimaña propia de la Guerra Fría- acusó a Rusia de intentar desestabilizar al país y promover las movilizaciones. Incluso un diario chileno como La Tercera, voz de varias empresas, responsabilizó a agentes cubanos y venezolanos en los incendios al metro.Coherente con la respuesta oligárquica a la hora de responder al desafío impuesto por sujetos políticos movilizados en diversos episodios de nuestra historia, el presidente Piñera no dudó en promulgar el Estado de Emergencia y la militarización del país. “Estamos en Guerra” fue su justificación. La medida fue aplaudida por toda la coalición de gobierno. Hasta el momento se contabilizan 23 muertos, más de cien mutilados por perdigones, cientos de heridos y miles de detenidos.

Diariamente las movilizaciones son inundadas por bombas lacrimógenas y perseguidas por carros lanza aguas. Ante este nuevo agravio, como Grupo de Trabajo CLACSO somos enfáticos/as en repudiar los atentados contra los derechos humanos a través del uso indiscriminado de la fuerza comandada por la derecha y la gobernanza neoliberal. Repudio que cobra más fuerza dentro de una sociedad que aún no se recupera de la violencia del golpe de estado y que aún no cumple con el mandato de justicia y castigo a los culpables de los crímenes perpetuados durante la dictadura. No podemos olvidar que la llamada “transición pactada” puso candados a las demandas de justicia, para permitir que los criminales se desplacen libres por las calles, y que los nuevos reclutas que integran las Fuerzas Armadas y de Orden continúan formándose para perseguir y neutralizar a quienes consideran su enemigo interno.

Por lo tanto, observamos y alertamos sobre la continuidad de las políticas y fuerzas represivas. La historia nos alerta sobre los llamados a normalizar la situación del país bajo la política de los acuerdos y la llamada agenda social. Por ello es que llamamos a estar atentos/as al pacto institucional que promueve el gobierno con sus interlocutores considerados “válidos”. Un pacto entre pocos, desde arriba, entre los mismo de siempre. Una barrera de contención al avance de las fuerzas plebeyas. Se trata como lo vivimos en 1987 de dejar al pueblo afuera bajo la vieja táctica de dividir las fuerzas, de separar lo condenable de lo aceptable, lo pacífico de lo violento, lo social de lo político. Así se concertó la transición a la democracia, una transición que redujo el campo de la política al terreno del lápiz y el papel, que promovió la despolitización y atomización de lo que hasta entonces constituía una sólida red de organizaciones sociales y políticas que enfrentaron a la dictadura.

Una enorme y vigorosa fuerza social que fue despachada y silenciada. Quizás el mayor triunfo de las fuerzas conservadoras tanto en Chile como en la región, ha sido precisamente la atomización de las luchas y la desconfianza en alternativas políticas que impugnen la totalidad del modelo y aspiren a su trasformación radical. En la actualidad, lo que es un logro en términos de convocatoria y amplitud de demandas a la hora de la movilización, también puede ser su principal debilidad.

Si bien nos parece necesario fortalecer las instancias de discusión y organización como los cabildos y asambleas populares que se están generando en vecindarios, lugares de trabajo y espacios públicos para apuntar hacia una Asamblea Constituyente; necesario avanzar en los pliegos petitorios que levantan los sectores agrupados en la Mesa de Unidad Social; necesario continuar con el proceso de movilización y socialización política que experimenta el país, resulta imperiosono esquivar las interrogantes que abre la carencia de expresiones orgánicas que apunten no sólo a obtener justas medidas distributivas, sino que sirvan de instrumento a la hora de potenciar la conciencia política e ideológica que sostenga las luchas más allá de la contingencia, que defienda las conquistas alcanzadas, que articule demandas y propuestas para enfrentar los nuevos e inciertos escenarios que vendrán tanto en Chile como en la región.

Noviembre de 2019
Grupo de Trabajo CLACSO
Izquierdas Latinoamericanas