Cuba, Trump y el silencio del Caribe

 Cuba, Trump y el silencio del Caribe

Por Jacqueline Laguardia Martinez1,
coordinadora del Grupo de Trabajo CLACSO Crisis, respuestas y alternativas en el Gran Caribe

Publicado originalmente en Stabroek News el 21 de febrero de 2026, en Guyana2

La reelección de Donald Trump, basada en su agenda de “America First”, significó un renovado compromiso de Washington con una política exterior sustentada en el unilateralismo y las sanciones. Para Cuba, implicó el regreso a una dinámica bilateral tensa iniciada en las primeras horas del segundo mandato de Trump, cuando revocó el Memorando Presidencial del 14 de enero de 2025 que —aprobado tardíamente por Biden— proponía la eliminación de Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo. Posteriormente, en mayo de 2025, Cuba fue incluida en una segunda lista de sanciones, esta vez dirigida a penalizar a los Estados que no cooperan en la lucha contra el terrorismo.

Esta nueva campaña contra Cuba ha sido impulsada con entusiasmo por el Secretario de Estado Rubio. Sus padres emigraron a Estados Unidos en 1956, país donde él nació, y construyó su carrera política desde Florida con posiciones contrarias al gobierno revolucionario cubano. Durante sus dos visitas oficiales que lo llevaron a varios países de Centroamérica y el Caribe en el primer semestre de 2025, Rubio se reunió con diversos jefes de gobierno con quienes abordó temas de interés para Washington como la contención de China, el combate al crimen transnacional, la migración y la energía, entre otros. Como parte de su agenda, Rubio insistió en caracterizar los programas de cooperación médica internacional de Cuba como esquemas de trabajo forzado. Esta narrativa buscó persuadir a los países caribeños participantes a abandonar dichos acuerdos bajo el pretexto de evitar complicidad en presuntas violaciones de derechos humanos.

Tales acusaciones no fueron bien recibidas por los representantes de CARICOM, considerando la rica historia de cooperación Sur-Sur de Cuba con las naciones caribeñas iniciada con el establecimiento de relaciones diplomáticas en 1972, cuando, en abierta desobediencia a la política estadounidense, Barbados, Guyana, Jamaica y Trinidad y Tobago decidieron establecer vínculos con La Habana. Cuba no solo mantiene relaciones diplomáticas con los 14 Estados independientes de CARICOM, sino que también cuenta con representaciones diplomáticas en cada uno de esos países, que a su vez mantienen embajadas en La Habana.

Los vínculos con el bloque regional se han consolidado gracias a la celebración de las Cumbres Cuba-CARICOM, cuya primera edición tuvo lugar en 2002. Estos encuentros se celebran cada tres años, excepto la octava edición, que fue adelantada a diciembre de 2022 para conmemorar el quincuagésimo aniversario del establecimiento de relaciones. En esa reunión se reconocieron los logros de la cooperación en los sectores de salud, educación, deportes, formación profesional, gestión del riesgo de desastres y adaptación al cambio climático, entre otros ámbitos. Cifras de 2024 indicaban que un total de 14.542 cooperantes de la salud habían prestado servicios en 21 territorios del Caribe, incluidos todos los Estados miembros de CARICOM. Más de 3.000 profesionales de la salud caribeños se habían graduado en universidades cubanas (Cubadebate, 2024). En el plano diplomático, destaca la coherencia de los países caribeños en su solidaridad con Cuba al respaldar cada año la resolución presentada ante la Asamblea General de las Naciones Unidas para denunciar el bloqueo estadounidense.

Sin embargo, el balance positivo derivado de los vínculos Cuba-CARICOM parece inclinarse hacia un cambio, especialmente después de los ataques contra Venezuela el 3 de enero de 2026. Tal posibilidad no sorprende a quienes han seguido las cautelosas reacciones del Caribe no solo ante los recientes acontecimientos en Caracas —a pesar de que Venezuela es Miembro Observador de CARICOM— sino también en los meses previos a los ataques contra embarcaciones involucradas en “narcoterrorismo” que, hasta enero de 2026, habían cobrado la vida de al menos 128 personas en el Caribe y el Pacífico desde el primer incidente registrado en septiembre de 2025 (Osgood, 2026). En su momento, la mayoría de los gobiernos caribeños se limitaron a emitir críticas moderadas por el desprecio hacia el orden internacional mostrado por la Casa Blanca. Sin embargo, no faltaron políticos y líderes de opinión que respaldaron la política de línea dura de Trump. Esta disidencia pública entre miembros de CARICOM, que llegó incluso a cuestionar la designación de América Latina y el Caribe como “Zona de Paz” y la relevancia del bloque regional en la actualidad, es una señal inequívoca no solo de un momento geopolítico diferente, sino también del giro hacia la derecha de varios gobiernos que parecen más interesados en cultivar su amistad con Washington que en mantener sus alianzas regionales y fortalecer la integración regional.

Tras el ataque a Caracas, la agresión de Washington contra Cuba se ha intensificado. Las predicciones de Trump sobre la inminente caída de La Habana van acompañadas de nuevas medidas orientadas a asfixiar la economía de la isla, siendo la más reciente la orden ejecutiva que entró en vigor el 30 de enero titulada “Addressing Threats to The United States by The Government Of Cuba”. El documento afirma que las políticas, prácticas y acciones del gobierno cubano constituyen una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos. Se acusa a Cuba de desestabilizar la región y de colaborar con Rusia, China, Irán y grupos considerados terroristas como Hezbollah y Hamas. La orden establece que se impondrán aranceles a los productos de cualquier país que suministre directa o indirectamente petróleo crudo o derivados del petróleo a Cuba.

En el Caribe, esta directiva no ha pasado desapercibida. Aunque varias voces se han alzado para condenar la política de Trump de estrechar el cerco sobre la isla, no existen pronunciamientos oficiales de cancillerías ni de otros representantes gubernamentales caribeños en solidaridad con el pueblo cubano. Casi tres semanas después de la publicación de la orden ejecutiva, los políticos de la región no solo permanecen en silencio, sino que además, discretamente, se han alineado con los deseos de Washington de poner fin a la cooperación con Cuba —siempre aclarando que tales decisiones se toman soberanamente y no como resultado de presiones estadounidenses.

En consonancia con esta postura, los gobiernos caribeños han optado por esperar la finalización de los acuerdos suscritos con Cuba antes de decidir no continuarlos, como hizo Guyana, que justificó la no renovación del programa de colaboración médica al considerarlo innecesario en las condiciones actuales (Trotz, 2026). Otro camino ha sido rechazar las ofertas de becas que Cuba brinda para estudiar en sus universidades. Tal es el caso de Trinidad y Tobago, que argumentó que las difíciles condiciones económicas que atraviesa la isla no son adecuadas para sus nacionales, a quienes deben apoyar con el envío de alimentos y otros suministros mientras estudian allí (Polo, 2026).

Los políticos caribeños están enfocados en evitar una confrontación con la Casa Blanca que pudiera derivar en represalias comerciales con altos costos para pequeñas economías cuyo principal socio comercial es Estados Unidos —un escenario que eventualmente podría traducirse en una derrota electoral. Otras razones detrás de la reticencia caribeña radican en los estrechos vínculos que estos territorios mantienen con Estados Unidos en materia de seguridad frente a amenazas transnacionales como el narcotráfico, el tráfico de armas y la migración irregular, argumentos utilizados para justificar la creciente presencia estadounidense en bases militares y el despliegue masivo de activos militares en el mar Caribe, cuya sola presencia advierte sobre las posibles consecuencias de la disidencia. Además, la diáspora caribeña en Estados Unidos, junto con un número considerable de ciudadanos de CARICOM con visas y residencias estadounidenses, constituye otro elemento disuasivo, dado que podrían verse afectados si se endurecen las políticas migratorias en detrimento de nacionales de países del bloque regional, como ya ha ocurrido con Haití, Antigua y Barbuda y Dominica (Wilkinson, 2026).

La prueba de fuego para las relaciones entre Cuba y los países de CARICOM podría tener lugar en las próximas semanas durante la celebración de la novena Cumbre Cuba-CARICOM prevista para celebrarse en La Habana en marzo de 2026, si finalmente se realiza como anunciado. A medida que se acerca la fecha, no han trascendido noticias sobre los preparativos del encuentro y crecen las dudas acerca de si será suspendido o, en caso de realizarse, qué nivel de representación enviará cada país a La Habana.

Las acciones recientes del Caribe indican un claro alineamiento con la política exterior estadounidense, en marcado contraste con la postura históricamente sostenida, que combinaba cierta dosis de realismo con la defensa de principios fundamentales del orden internacional y el multilateralismo. Si el Caribe insiste en avanzar en esta dirección, la región podría estar contribuyendo a la política de aislamiento impuesta a Cuba desde Washington y respaldando, con su aquiescencia y silencio, las consecuencias humanitarias que la política estadounidense traerá para el pueblo cubano.


Referencias

  • Cubadebate. (2024, mayo 29). Agradece ministro de Salud Pública de Cuba apoyo de
    alianza GAVI al fortalecimiento del Programa Nacional Ampliado de Inmunización.
    http://www.cubadebate.cu/noticias/2024/05/29/agradece-ministro-de-salud-publica-de-cuba-
    apoyo-de-la-alianza-gavi-al-fortalecimiento-del-programa-nacional-ampliado-de-
    inmunizacion/
  • Osgood, Brian (2026). US military kills two people in latest attack on vessel in the Pacific,
    6 de febrero. En https://www.aljazeera.com/news/2026/2/6/us-military-kills-two-people-in-
    latest-attack-on-vessel-in-the-pacific
  • Polo, Dareece (2026). T&T denies US pressure to end medical study programme with
    Cuba, 4 de febrero. En https://www.guardian.co.tt/news/tt-denies-us-pressure-to-end-
    medical-study-programme-with-cuba-6.2.2507414.c81cf02a4a
  • Trotz, Alissa (2026). The debt is unpayable (2008) La deuda es impagable, 10 de febrero.
    En https://www.stabroeknews.com/2026/02/10/features/in-the-diaspora/the-debt-is-
    unpayable-2008-la-deuda-es-impagable/print/
  • Wilkinson, Bert (2026). Caribbean governments agree to take U.S. deportees, 15 de enero. En https://amsterdamnews.com/news/2026/01/15/cribbean-governments-agree-to-take- us-deportees/

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  1. Senior Lecturer at the Institute of International Relations, The University of the West Indies, campus St.Augustine. Coordinator of the CLACSO Working Group “Crisis, respuestas y alternativas en el Gran Caribe”. ↩︎
  2. First published at the Stabroek News, on February 21, 2026, Guyana.
    https://www.stabroeknews.com/2026/02/21/features/in-the-diaspora/cuba-trump-and-the-silence-of-the-caribbean/ ↩︎