Consecuencias subjetivas de la pandemia

Clara Schor Landman[1]

I.

Somos partícipes de un fenómeno viral extraño a nivel planetario, del cual no tenemos antecedentes, cómo vino, cómo se va, cómo sobrevivir.

Sabemos poco y nada. Lo que sí sabemos es que se extiende rápidamente, nosotros- los seres humanos- lo llevamos de un lado a otro y se multiplica en escala geométrica.

La experiencia pone en evidencia la necesidad de los lazos sociales, con individualismo quedamos enredados. Lo grupal, lo socializado, lo cooperativo, las políticas públicas de salud, de vivienda, de educación y medio ambiente, todos los recursos hacen falta.

Se impone pensar cómo sería posible un cambio cultural: reemplazar los criterios destructivos del capitalismo por criterios de políticas sociales.

Algo de la lógica del capitalismo estalló y no fue por la economía. La naturaleza, la biología desparramó su faceta destructiva para los seres humanos. ¿Fue sorpresa o previsible?

Así como el capitalismo instauró la premisa “todo es posible”, “todo está permitido”, en este momento el coronavirus exige regulaciones, privaciones, límites, cambios en las formas de vivir de cada uno, tanto como de los grupos sociales, controles socioculturales.

El peligro es el contagio en escala geométrica, el riesgo la muerte.

Día a día la enfermedad invisible se extiende y la creencia en los motivos van cambiando, tanto como la posibilidad de curarla. Estamos en estado de cautela y de espera.

De alguna manera, en forma inesperada, el coronavirus cayó sobre la humanidad, conmociona a los países, se toman medidas restrictivas, de cierre día a día.Los programas culturales, deportivas, sociales, viajes, trabajo, las calles vacías, bares, universidades, escuelas, cerradas.

Necesidad que las personas no nos juntemos, estemos separadas, en cuarentena, como recurso para la reducción del contagio de la enfermedad.

Queda claro que, así como el Estado es responsable de las políticas públicas como respuestas a los derechos ciudadanos, así también cada ciudadano es responsable. Es responsabilidad compartida, de lo contrario no hay salida, lo cual pone de manifiesto los valores sociales, éticos, solidarios de la convivencia social.

Es lo que al capitalismo le importa poco, sólo el sujeto de consumo en el mercado, pero el coronavirus sacude esta fórmula, la economía de los países, pone en cuestión al individualismo y al sujeto del consumo como única perspectiva.

II.

En el plano subjetivo, estamos atravesando momentos de padecimientos, malestar en la cultura capitalista: hiperpotencia de la naturaleza, fragilidad de nuestro cuerpo, insuficiencia de normas que regulen los vínculos. Nuestras costumbres se ven transformadas, efecto de pesadilla, un golpe que desorienta, cómo comprender, qué hacer.

Experiencia de lo Real, de lo traumático, es decir atravesados por lo imposible de saber, de hacer, de soportar la incertidumbre.

¿Recursos simbólicos insuficientes para ubicarnos en la realidad mundializada que nos toca vivir?

El amor propio de la humanidad se ve agraviado como en otras épocas, como lo explica Freud.

El descubrimiento de Copérnico en el siglo XIV terminó la ilusión del ser humano que se creyó el amo del mundo.

La teoría de Darwin pone límite a la creencia del ser humano de su superioridad respecto de los animales.

Para el problema que nos ocupa, es central la creencia del ser humano en que es soberano en su propia alma. La creencia en la omnipotencia de su consciencia, en el poder de su yo.

Sin embargo, por Freud sabemos que el yo no es dueño en su propia casa en la medida que desconoce una parte de sí, el inconsciente.

Desde este punto de vista, podemos sostener que el coronavirus es una enfermedad orgánica en sí misma, pero al mismo tiempo es un agravio para el sujeto con la creencia de ser amo del mundo, a la superioridad, a ser soberano en la propia casa.

Es decir, estamos en el campo del no saber, de incertidumbre, saber que no sabemos y queda el interrogante sobre el después que puede venir acompañado de miedo y angustia, pero fundamentalmente es tiempo de tener en cuenta el límite a los odios, métodos privilegiados para romper vínculos y propiciar el individualismo.

III.

Saber que, como sujeto, ni amo, ni superior, ni soberano, entonces qué. Entonces, Sujeto partido en estado de urgencia subjetiva y social, tiempo del trauma. Desprovisto de respuestas posibles acordes a su circunstancia para que puedan apaciguar su sufrimiento.

Nos interesa lo traumatizante en el sujeto a raíz de una catástrofe colectiva (pandemia coronavirus): desamparo, fragilidad de los lazos, desprotección de las instituciones, pérdida de la calidad de ciudadano, procesos de segregación. Traumatizado en tanto se encuentra embrollado entre imposibilidades, indecidibles, incertidumbres.

En este sentido, el trauma ocurre en el sujeto cuando algo familiar se le vuelve extraño en el encuentro contingente con un acontecimiento exterior, en donde toma relevancia las condiciones sociales, culturales, políticas y económicas.

Nos interesa algo que es particular, de cada uno, ¿qué fue para el sujeto lo que irrumpió bajo la forma de la sorpresa, lo inquietante, lo enigmático en sus coordenadas posibles, decidibles, ciertas y sensatas?

La pregunta supone un ser humano, ser hablante, sujeto inconmensurable e insustituible en tanto tal.

Cuando decimos sujeto nos referimos a un sujeto que no es sin lo social.

El sujeto al que nos referimos no tiene unidad (dividido) y es discontinuidad (entre estímulo-respuesta), cuenta con lo inconsciente.

Para concluir, la experiencia inédita que estamos viviendo por ahora, tiene la particularidad de lo contingente. Aún no se deja universalizar, ni estandarizar, ni programar. Muchas voces intentan explicar lo inexplicable, argumentos tranquilizadores que operan como falso-verdadero.

Salir del atolladero en que nos encontramos no deja de ser cuestiones de intereses y decisiones políticas, pero también es una cuestión ética, que consideramos las condiciones humanas, no retroceder frente a la angustia, las contingencias, frente al sufrimiento del sujeto.

Por último, de ser posible reinventar construcciones sociales de nuevas narrativas aplicables para un mejor vivir.

Marzo de 2020.


[1] Co-coordinadora del Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sociales para la salud. Coordinación conjunta con Carolina Tetelboin y Daisy Iturrieta. Profesora UNDAV, Argentina.


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