18 de julio, 2019

Carolina Jiménez: “Construcción de un sentido común distinto”


Integrante del Comité Directivo de CLACSO por Colombia, Ecuador y Venezuela, y miembro del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia, Carolina Jiménez participó de la reunión del Comité Ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales en El Salvador en marzo de 2019.

Entrevistada por Gustavo Lema para CLACSO Radio, se preguntó “qué tanto se da el debate en la lucha de ideas, qué tanto avanzamos en la construcción de un sentido común distinto que nos permita organizarnos como una sociedad diferente”.


¿Cuáles fueron los lineamientos que se trabajaron en estas reuniones de CLACSO?

-Fue una reunión muy productiva y sobre todo muy importante en la actual coyuntura que vivimos en nuestra América: hay una preocupación muy sentida por parte de la Secretaría Ejecutiva y por el Comité Directivo de CLACSO frente a esta arremetida que nos estamos enfrentando con gobiernos que tienen una clara pretensión de limitación de derechos y conquistas de los trabajadores y las trabajadoras latinoamericanas. Entonces hay un primer elemento muy claro que sale y es un compromiso de CLACSO con la defensa de la democracia y la paz de nuestra América en rechazo a cualquier acción militarista o de guerra intervencionista que viole la soberanía de los estados nacionales de la región. El segundo elemento es que CLACSO comprende la necesidad del pensamiento crítico y de la academia latinoamericana es este momento. Es una academia muy comprometida que tiene mucho para aportar en los procesos sociales, hay toda una puesta por fortalecer todo el trabajo que desde los diferentes, diversos y heterogéneos centros miembros que constituye CLACSO se pueda desarrollar.

En este sentido y hablando en relación a CLACSO, ¿cuál te parece que tiene que ser el rol de las ciencias sociales, sobre todo en las lógicas de un mundo turbulento como el que estamos viviendo el día de hoy con una pérdida de derechos muy fuerte por la llegada de gobiernos muy conservadores de derecha?

-Yo creo que es un rol fundamental ya el pensamiento crítico, el marxismo. Antonio Gramsci ha ubicado muy bien el papel del intelectual, de la academia y del pensamiento en ayudar a comprender la dinámica social. Este momento requiere de una academia que ayude a conceptualizar y comprender qué es esto, si es un neofascismo, un posfascismo, una neoderecha. Porque hay elementos que pueden en efecto traer una herencia de procesos políticos previos, pero también hay elementos muy novedosos que aún no comprendemos lo suficientemente y que es necesario entenderlos, conceptualizarlos y reflexionarlos para contribuir a la lucha social. El pensamiento crítico tiene que tener un papel orgánico en la disputa por la democracia, en la disputa por la paz y, en ese sentido, CLACSO cobra un lugar muy relevante, porque quizá es el escenario más importante en América Latina donde confluyen los diversos pensamientos críticos de la región.

Hay un tema que a veces es hasta un poco como tabú en los sectores progresistas que tiene que ver con cierta discusión sobre cuál fue el rol del progresismo en la llegada de los gobiernos conservadores. Me refiero a posibles errores, posibles torpezas en el camino o desinteligencias en la mirada de lo que se podía llegar a venir. ¿Cuál es tu posición con respecto a este tema?

-Hay lecturas bastantes diversas y heterogéneas, incluso adaptadas a las realidades nacionales. En todo caso, yo creo que sí hay un elemento común que vale la pena plantear en este escenario y es comprender el momento y el desarrollo del capitalismo. Ahí hay una pregunta fundamental sobre si son posibles estos proyectos de una buena vida, de un buen vivir, de sociedades más justas dentro de un orden social capitalista; creo que ahí se ubica una pregunta muy importante. Y en el segundo elemento, que creo es muy interesante y diversos autores latinoamericanos lo han venido planteando, es qué tanto se dio la disputa cultural en estos proyectos. Porque es innegable cierto desarrollo de políticas sociales muy positivas para resolver los niveles de alta precarización social o lo más importante. También lo fundamental es qué tanto se da el debate en la lucha de ideas, qué tanto avanzamos en la construcción de un sentido común distinto que nos permita organizarnos como una sociedad diferente. Yo creo que ahí hay un punto de quiebre que uno podría decir, con grados distintos, hay una falla muy importante en estas experiencias alternativas que se viven en la región.

Da la sensación en algunos lugares, en algunos países concretamente en base a lo que tú decías, que las posibilidades, las ventajas económicas, los accesos que tuvieron sectores de clase media o que se consolidaron en esas etapas, lejos de considerarlo cercano a las políticas que fueron llevados adelante por esos gobiernos dentro de esos estados, fue falta o dificultad de pertenencia política, de acceso a la explicación de cómo esas políticas sociales eran las que permitían el crecimiento y los cambios… ¿Cómo ves esa situación?

-Ahí hay varios elementos: es muy importante en los análisis que han surgido en estos años sobre lo que fueron estas experiencias, y es una crítica un poco que han venido denominando un ejercicio de “conciliación de clases”. Es decir, aquí hay muchos elementos que habría que mirar: esta experiencia alternativa coincide con un momento importante en términos de expresión de materias primas, es una variable que hay que valorar y eso permite un ingreso de capitales que en todo caso no se iba a sostener en el mediano y largo plazo en un contexto de crisis capitalista. Entonces, cuando tienes un escenario en cómo jugó América Latina y estos gobiernos en un contexto del auge después de las materias primas, cómo intentas hacer una conciliación entre clases de intereses antagónicos que son pactos que no se pueden sostener indefinidamente en el tiempo. Cuando viene la crisis, esa conciliación se quiebra para el que tiene un mayor juego, la correlación de fuerzas les favorece más y ahí es donde vemos que los sectores más golpeados con la crisis en efecto son esos sectores populares. Pues cuando tú no has logrado construir esa batalla de ideas importantes, es decir, no se ha dado esa disputa hegemónica, tienes unos sectores sociales que no logran situar muy bien la explicación del problema y vienen otras alternativas que te dicen “te resuelvo esto”; no sé si sea legítimo pero puede ser comprensible que en unas condiciones de precariedad tú tomes una opción política que te dice “yo te puede resolver”. Además, en un contexto donde fue muy fuerte todo el tema de las fake news, demostrar la imposibilidad que las experiencias alternativas pudieran dar condiciones de estabilidad. Lo que hicieron en Brasil con el PT fue una cosa bestial, en Colombia lo que se hizo con el discurso de La Paz o de la guerra… Entonces creo que hay muchos elementos que ayudan a explicar el problema sin querer pretender homogenizar, porque creo que las realidades nacionales son bastantes diversas.

Consultarte en relación al proceso de Paz en Colombia, complejidades entiendo que muchas, divergencias también muchas. ¿En qué situación y en qué momento se encuentra Colombia?

-Es una pregunta bastante amplia y difícil… Yo quisiera destacar algo que es muy importante para nosotros los colombianos: el acuerdo de Paz se constituyó en un punto de inflexión muy importante en la historia de la política reciente. La firma del acuerdo de Paz representó el reconocimiento de un carácter político de un conflicto que puede parecer muy obvio pero se había intentado sistemáticamente desconocer. Y por el otro elemento que es fundamental, fue que el orden social vigente era el carácter explicativo del conflicto. Entonces, eso creo que es de una importancia muy significativa para la sociedad colombiana; implicaba que tenía que hacerse una serie de reformas mínimas para transitar a una sociedad un poco más justa. Hay un ejercicio muy interesante que se hizo en el marco de la negociación de La Habana, que fue la Comisión Histórica del Conflicto: uno de los comisionados dice que hay una especia de Estado contrainsurgente en Colombia y la paz puede ayudar a desmontar el carácter contrainsurgente de ese Estado. Se firma el acuerdo, un acuerdo muy importante para la sociedad, se entra en un proceso, hay que decir con una FARC muy responsable, porque creo que es justo señalarlo con un cumplimiento, hacen su reincorporación política, constituyen el partido, pero por el lado de la institucionalidad se empieza a bloquear bastante o va a un ritmo muy lento la implementación durante el gobierno de Santos; un escenario muy traumático bajo el gobierno de Iván Duque. Quizá el acontecimiento ahorita más difícil son las seis objeciones que Duque le planteó a la Ley estatutaria de  la JEP, porque esas objeciones tienen varias pretensiones: delimitar el alcance a la jurisdicción en especial para la Paz, pero incluso también generar condiciones de inseguridad jurídica para los ex combatientes, y eso creo que es un mensaje muy fuerte. Y acá yo creo que hay que señalar lo que está detrás de fondo de golpear la JEP, golpear la comisión de la verdad, es que hay la posibilidad con el sistema integral de Verdad, Justicia y garantías de no repetición, de conocer la verdad de la guerra. A nosotros nos han construido un relato muy limitado de la guerra donde solo hay un actor responsable y a la comparecencia de los diferentes actores es poder construir un relato mucho más complejo, mucho más fidedigno, donde se escuchen a las víctimas, donde se reconozcan las complejidades territoriales y donde demostremos que la guerra ha sido responsable de una diversidad de actores, pero que sobretodo algo que es muy traumático y es que una parte del proceso económico del modelo mismo de acumulación de capital se ha soportado sobre el ejercicio de la violencia. Es decir, la violencia ha sido un dispositivo privilegiado en Colombia tanto para tener poder económico como para hacer un cierre del universo político.

Pensaba en la lógica de las memorias colectivas y las construcciones y posiblemente parte de lo que sucede en Colombia está armando esa memoria colectiva con respecto a lo que fue el conflicto armado…

-Es muy importante lo que precisas porque era justo lo segundo que quería señalar: pese a que el escenario es complejo, es decir, se viene sosteniendo una tesis que podríamos estar asistiendo a la perfidia frente al acuerdo, el potencial transformador que tiene el acuerdo se ha permitido que se desaten cosas importantes y creo que es muy necesario decirlo. Que tengamos una nueva institucionalidad que permita la creación de la jurisdicción para la paz es algo muy valioso, porque es decirle a la sociedad: mire, acá vamos a crear un mecanismo que nos va a permitir construir un relato. Que haya habido la reincorporación política de FARC es algo muy importante: el reconocimiento de un actor político que estuvo en armas a un actor político que ahorita se va a dar la disputa democrática en otras condiciones, eso ha creado también el proceso electoral que transcurrimos durante el 2018, permitió la constitución de una bancada por la Paz, en todo caso es una fuerza política que no tiene las mayorías pero es importante en términos de la discusión en el Congreso. Un movimiento por la Paz que ha permitido que se articulen diferentes actores en la defensa que denominamos -y que la Constitución lo señala- el derecho por la Paz. Entonces, pese a las dificultades, en todo caso hay un nuevo momento que para la sociedad colombiana es muy importante, por eso tenemos un compromiso profundo por la paz, nos estamos disputando y exigiendo que haya la implementación en las condiciones efectivas y acordadas.

Por último, preguntarte un poco en qué situación se encuentran los Movimientos de Mujeres en Colombia con respecto a estas luchas en todos los términos, ya sea de violencia, de cuidados…

-Lo primero a decir es que comparto tu interpretación. Yo creo que el Movimiento de Mujeres es hoy ya configurado como uno de los objetos políticos más importantes para pensar los procesos de transformación en la región, es muy valioso lo que han hecho, porque ha sido muy difícil dar esta disputa. En el caso colombiano, si uno quisiera hacer una versión comparativa de encontrarte con la experiencia argentina, con la experiencia brasilera, es un movimiento que está en un proceso de consolidación, digamos que está en un camino, también por las condiciones mismas que nosotros hemos tenido: las mujeres han sido las principales víctimas de la guerra. Entonces, la guerra generaba incluso unas condiciones para un proceso organizativo de mujeres muy interesantes… En términos de derecho, aquí ha habido una disputa de las mujeres por saber la verdad de dónde están sus hijos, dónde están sus esposos, dónde están sus hermanos, porque ellas han sido víctimas de la violencia, pero han sido unas víctimas, digamos sobre todo esas ausencias que ha generado la guerra, y ahí ellas han hecho un trabajo fantástico. Es muy doloroso para el trabajo que han hecho las madres de Soacha, víctimas de los crímenes de Estado, de sus hijos desaparecidos y asesinados por parte de las Fuerzas Militares. Es una cosa lamentable pero también es una cosa que le da mucha esperanza y mucha vitalidad, porque ha sido un trabajo fantástico de las organizaciones de mujeres víctimas… Y ahora el Movimiento cada vez va creciendo, donde creo hay que decirlo, las estudiantes universitarias han jugado un papel fundamental. En mi Universidad Nacional de Colombia, en la facultad donde yo estoy, hay una serie de colectivos maravillosos que han dado la pelea para que la institucionalidad reconozca que acá hay un problema de las violencias de género y que están dando una discusión, y que lo ha puesto de una manera muy fuerte en el espacio público. Entonces creo que se está configurando una dinámica y una fuerza muy interesante en las mujeres, que no solo se están dando en los movimientos feministas sino que otros sectores acompañan las luchas. Si tú ves ahorita lo que pasa en la Minga Indígena, quizá es una de las organizaciones más fuertes que están viviendo en este momento, en Colombia el trabajo de las mujeres es muy importante. Lo que pasó en el movimiento estudiantil, quebraron los chicos y las chicas más o menos tres meses de movilización; las mujeres, unas grandes lideresas que fueron a las plazas públicas y negociaron con el gobierno… Creo también que hay que ver todas esas vertientes de cómo la mujer cobra un papel político muy importante en las otras expresiones de movimientos sociales.