“Es hora de discutir nuevos pactos sociales y fiscales”

 “Es hora de discutir nuevos pactos sociales y fiscales”

(Transcripción de la Columna de Karina Batthyány
en InfoCLACSO – 27 de julio 2022)

Hoy, te propongo en esta columna que empecemos por preguntarnos de qué hablamos cuando hablamos de protección social. Justamente hablamos de la protección social como algo que se orienta a abordar los riesgos que enfrentamos las distintas personas y que enfrenta la población a lo largo de las diferentes etapas del ciclo vital.

Y enfrentamos riesgos en clave de respuestas colectivas, no en clave de que cada uno lo resuelva como puede, respuestas colectivas brindadas por mecanismos, medios estatales o políticas públicas. Entonces, entendemos la protección social justamente como esas respuestas para asegurar niveles mínimos de bienestar y de protección social por medio de políticas públicas que se orienten a garantizar esos niveles básicos de vida para todos y para todas, y construir sociedades más justas y más inclusivas.

Y son un elemento clave, además, cuando hablamos de la temática de la pobreza y la desigualdad que tiene carácter estructural en nuestra región latinoamericana. Además, agreguemos a dicha temática la crisis de los dos años de pandemia, que ha dejado más que en evidencia la necesidad de expandir en la región latinoamericana la cobertura de la protección social, articulando los distintos programas o las distintas políticas sociales, pero poniendo especial énfasis en la población en situación de vulnerabilidad social y económica.



El aumento de la pobreza, la pobreza extrema y de la desigualdad, muestran con mucha claridad el déficit justamente en América Latina de lo que llamamos los estados de bienestar o los estados de bienestar social y el déficit también de los sistemas de protección social. Recordemos que realmente en nuestra región no podemos decir que se hayan logrado en algún momento estados de bienestar propiamente dichos.

Entonces, los sistemas que hoy tenemos de protección social, en ausencia de un estado de bienestar, no son suficientes y no sirven como malla de contención o deprotección en la vida cotidiana (la de todos los días), pero especialmente en las situaciones de crisis como la que estamos atravesando. Estamos en un momento de coyuntura histórica particularmente grave, va a depender del país que analicemos la gravedad de esa coyuntura, por ejemplo, la que está atravesando Argentina en este momento. Y la pandemia ha generado una triple crisis en todos nuestros países: sanitaria, económica y social. Además, en contextos que son de creciente incertidumbre o por lo menos de alta incertidumbre en términos de la evolución de esta crisis.

La pandemia también ha tenido un impacto catastrófico en la región dejando en evidencia esa debilidad histórica de los estados de bienestar y dejando una vez más en evidencia también las desigualdades de carácter estructural que tiene nuestra región. Pero podemos decir que también esta situación de pandemia o pospandemia es una oportunidad histórica para debatir, impulsar e implementar reformar en esos sistemas de protección social y avanzar ojalá hacia la construcción de estados de bienestar social.

Por ejemplo, colocando en discusión las temáticas de la seguridad social, de las pensiones, la salud, el empleo, y que permitan avanzar hacia criterios ya no focalizados, sino criterios de universalidad y criterios integrales en el campo de esa protección social.

Tengamos en cuenta que el futuro justamente de la protección social no se juega solamente en el campo de lo social, sino que se requieren discusiones más amplias en torno a los nuevos pactos sociales o ecos sociales. Yo le agregaría nuevos pactos ecos sociales y fiscales que garanticen justamente la sostenibilidad financiera de todas estas transformaciones tan necesarias hacia una protección social de carácter universal y hacia un Estado de bienestar que permita un desarrollo sostenible y con igualdad.

Tú te preguntarás por qué hago todas estas afirmaciones. Por algunos datos que manejamos la semana pasada y que están muy presentes en la realidad latinoamericana, como por ejemplo que antes de la pandemia en 2019 la mitad de la PEA (Población Económicamente Activa) no tenía ningún tipo de cotización en los sistemas de seguridad social. Quiere decir que no tiene ningún tipo de pensión o de jubilación a futuro.

La cobertura de las pensiones de la Población Económicamente Activa decayó durante la pandemia: bajó casi tres puntos porcentuales, eso implica un retroceso en esta región que tanto ha costado avanzar y que estamos todavía tan lejos de la universalidad e implica un retroceso de casi diez años. En muchos de los países de América Latino se quebró justamente la tendencia a ir aumentando, aunque fueran lentamente, los cotizantes o los que aportan, tanto a la seguridad social como a la salud tan necesaria durante la pandemia. Los datos nos muestran también que las personas que están atravesando la vejez en nuestra región, hoy más de un cuarto de las personas viejas en América Latina en trece países de nuestra región, no tiene acceso a una jubilación o una pensión durante su vejez. Realmente son cifras que nos tienen que provocar y movilizar para cambiar esta realidad.

Además, durante la crisis de pandemia pudimos ver algunas innovaciones en materia de políticas sociales, de protección social y de políticas laborales también. Es decir, frente a la urgencia, los estados (podemos discutir cuánto) tuvieron capacidad de respuesta y capacidad de innovar. Uno de los planteos puede ser: démosles continuidad y sostenibilidad a esas innovaciones en materia de inclusión laboral y de protección laboral que se hicieron durante la pandemia. Es decir, convirtamos eso que se hizo como urgente y excepcional en algo permanente, acompañando los avances con inversión en términos sociales y también con la inclusión de algunos temas relativamente novedosos en el campo de la protección social latinoamericana como son la temática de los cuidados. Si bien en el comienzo de la pandemia no se visibilizaban, luego se tomó en cuenta esta dimensión y se desarrollaron algunas políticas que abordaremos en otra columna.

También tenemos que plantearnos que previo a la pandemia, la cobertura contributiva en materia de protección social tenía brechas muy importantes en las edades, el sexo y las variables tradicionales que utilizamos en términos de análisis de estas dimensiones.

En definitiva, nuestra región está demandando un avance hacia un Estado de bienestar social en fortalecimiento de las institucionalidades sociales, es decir, de las instituciones que tenemos hoy en nuestros países en materia de protección social y un pacto efectivamente social e intergeneracional que implique también un nuevo pacto fiscal que permita ser sostenible todo esto. Estamos en un momento de extrema vulnerabilidad que demandan estos sistemas de protección social universales.

Y vuelvo a insistir con esta idea de la universalidad en el marco de un Estado de bienestar o un Estado social de bienestar, que permita responder a estos desafíos, a estas estructuras de riesgo como se dice normalmente en materia de protección social. Para eso tenemos que dejar esa visión tan focalizada y tan subsidiaria que tenemos de la protección social y plantearlo como un desafío colectivo para avanzar en incorporarlo en el enfoque de ciclo de vida, el enfoque además que relacione las prestaciones contributivas, es decir, aquellas que quienes estamos en el mercado de trabajo a nivel formal vamos haciendo a lo largo de nuestra historia como trabajadores y trabajadoras, pero también con la cobertura no contributiva. Y allí aparece la discusión por ejemplo vinculada a la renta básica o al ingreso universal.

También el desafío de reestructurar los sistemas de pensiones, de seguridad social y de salud que quedó muy claro en la pandemia, para que se puedan dar garantías efectivas de cobertura y de acceso universal. Nada más escandaloso que lo que ocurrió dentro de la protección social con el campo de la salud, donde muchos y muchas quedaron sin atención en los momentos más críticos de la pandemia.

Es un escenario por cierto muy desafiante, pero que también abre oportunidades para avanzar en un camino para una recuperación con igualdad y equidad en esta salida de la pandemia. Y creemos que efectivamente allí la protección social tiene un papel muy importante a jugar y que tenemos que trabajar en esta noción con una perspectiva de solidaridad entre las generaciones que al mismo tiempo nos permite garantizar la protección adecuada para todos y todas en el campo de las políticas que consoliden una garantía de ingresos adecuados a lo largo de todo el ciclo de vida es decir, no solamente cuando estamos participando en el mercado de trabajo, de políticas orientadas también a reestructurar ámbitos estratégicos del bienestar, particularmente colocando la salud en el centro de la discusión y las pensiones o jubilaciones de políticas que coloquen el cuidado en el centro de la discusión de las políticas sociales. En definitiva, de ese pacto que permita sustentar estas transformaciones y colocar de una buena vez la vida en el centro y terminar con estos ciclos de mercantilización de los que consideramos bienes y derechos públicos (y comunes) para colocar entonces la vida en el centro y afirmar que los estados lejos de estar muertos o no tener un rol principal en la ejecución de las políticas, efectivamente tiene un papel central en las políticas capaces de transformar la realidad de manera efectiva hacia el camino de sociedades más inclusivas, igualitarias, equitativas, como siempre estamos planteando y trabajando desde CLACSO.

-Pensaba en esta lógica muy brutal de gente que por ahí durante toda su vida estuvo trabajando en circuitos informales y encima la consecuencia es que el Estado tampoco los mira al momento de la jubilación. Cuando ya no pueden seguir estando en el mercado laboral, encima son condenados a no tener ningún tipo de ingresos, es decir, suena como una revictimización de la situación constante hacia los mismos sectores.

-Sí, totalmente. Recordemos que no estamos hablando de un porcentaje menor o marginal, sino de la mitad de la población. Cuando llega a ese momento de su ciclo vital, no tiene garantizado sus ingresos por no tener ningún tipo de jubilación, pensión o similar. O tiene que seguir trabajando hasta el último día o tiene que encontrar otras formas para proveerse los ingresos necesarios para vivir, recurrir a la solidaridad generacional familiar, comunal, etc. Es una situación de gran injusticia que afecta a los mismos y a las mismas en esta circunstancia. Además, también recordemos que esas personas han realizado actividades laborales durante todo su ciclo vital en el mercado informal, por lo tanto, sin estas prestaciones. Es una situación muy grave, lo era antes de la pandemia, lo es más ahora y por eso hay que empezar a discutir de otra forma estas medidas con lo contributivo y lo no contributivo en el centro de la discusión. Y asegurar que todos y todas tengamos por lo menos garantizado un piso básico durante todas las etapas del ciclo vital.

-Por último, ¿cómo entendés la posibilidad de que concretamente se avance sobre esta temática? En los mismos territorios, en los mismos países, mientras que están estas propuestas como la renta básica universal, de cómo el Estado puede ser sostén de los sectores vulnerados, expulsados y corridos de las lógicas laborales formales; del otro lado tenemos a algunos que lo que plantean siempre es reducir el Estado, no gastar más dinero, que es un gasto sin sentido. Entonces, en estas lógicas muy dicotómicas que a veces hay en algunos de nuestros países, ¿ves viable avanzar sobre esto o sentís que va a haber muchos escollos para pensar en una renta universal o por lo menos una progresión social un poco más amplia? -Lo veo como algo urgente. Primero es una discusión absolutamente urgente pero no solo en la discusión, sino en la implementación de alguna medida en esta discusión. Excusas siempre va a haber, siempre se dirá “ahora no es el momento” o “no hay recursos”. Por eso digo: tenemos que discutir nuevos pactos sociales y fiscales, nuevas prioridades en la asignación de recursos para garantizar al menos un piso básico para todos y todas. Esa es la discusión hoy y eso tiene mucho que ver con el papel que le damos al Estado de nuestros países. Desde mi perspectiva, es un papel absolutamente central, no es un papel subsidiario, y una de las funciones principales es lo dicho.


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