El progresismo frente a la crisis geopolítica, democrática y sanitaria
“El progresismo frente a la crisis geopolítica, democrática y sanitaria. ¿Quién dijo que todo está perdido?” es el tema del encuentro organizado por el proyecto FES/TomaPartido de Uruguay el 8 de febrero 2022.
La reunión abrió un espacio de intercambio acerca de los retos actuales para gobiernos y partidos progresistas, con la participación de Karina Batthyány, Secretaria Ejecutiva de CLACSO, Rolf Mützenich, jefe de la bancada del partido socialdemócrata SPD en el parlamento de Alemania, Giorgio Jackson, coordinador político del gobierno de Gabriel Boric de Chile, y Fernando Pereira, presidente del Frente Amplio de Uruguay, con la moderación de Dörte Wollrad, FES.

En su introducción, Karina Battyány sostuvo: «Creo que la agenda de nuestros proyectos progresistas debería de prestarle mayor atención a las fisuras del orden cultural y el orden político que atraviesan nuestras sociedades, porque estas fisuras afectan nuestros ámbitos de convivencia, a partir del cual construimos la ciudadanía. Esas fisuras están poniendo en cuestión conquistas que pensábamos irreversibles. Hoy en día en nuestras democracias conviven antiguas desigualdades con nuevos fenómenos de exclusión. Por eso necesitamos revisitar algunos conceptos que creíamos tallados a piedra, como la Democracia, la Ciudadania y también el de la Igualdad, concepto que, creo, debe ser el faro del progresismo.»
Luego agregó: «Las relaciones entre el feminismo y Democracia nos dan pistas por demás interesantes. Creo firmemente en la necesidad urgente e impostergable de superar esas bases culturalmente homogéneas y patriarcales sobre las que hemos ido construyendo nuestros Estados y Democracias en América Latina. Democracias que surgieron de la exclusión política de las mujeres, y que en muchas dimensiones persiste hasta el día de hoy. Por eso impulsar la práctica democrática requiere complejizar la democracia, cuestionando la noción liberal la Democracia, un punto donde el feminismo ha realizado un gran aporte, colocando en el centro la condición política del ámbito privado. Nuestra vieja consigna ‘lo personal es político’, pero traída y leída a la luz de este siglo. Eso implica colocar lo cotidiano y la esfera privada en el centro de la política.»
Prosiguió: «Tenemos que tener mucho cuidado de las trampas anti democráticas actuales, como es la tensión entre mercado y ciudadania o, si quieren en términos más amplios, entre democracia y desarrollo económico. Debemos plantear las cuestiones del bienestar y de la necesidad de establecer y universalizar las instituciones del bienestar social de manera sólida. Esto quedó clarísimo durante la pandemia.»
«¿Cómo profundizamos y complejizamos el concepto de la Igualdad y el reconocimiento de las diferencias?, planteó Batthyány. «Debemos construir una mirada alternativa sobre los modelos de convivencia, colocando lo cotidiano en el centro de la política, construyendo nuevos pactos sociales donde de una buena vez por todas cambiemos las relaciones de género de una manera efectivamente más equitativa. Y eso solo es posible si colocamos en el centro la dimensión política de la vida cotidiana. Si colocamos lo común como algo político. Y cuando digo lo común no sólo digo lo público, que por supuesto es parte de lo común. Pero lo común es algo más amplio: es un espacio de relaciones sociales, de vínculos de reciprocidad, es construir sentidos alternativos a nuestras maneras de estar en el mundo. Todos estos temas incluyen los cuidados, un tema clave para la igualdad de género. Gestar esos nuevos pactos sociales requiere tener presente los conceptos de democracia, colectivo, interdependencia, solidaridad y ciudados.»

Los dos años de COVID 19 reforzaron y globalizaron tendencias políticas preexistentes: la crisis de la representación, el cuestionamiento de normas democráticas, la creciente agresión y polarización, la exclusión tanto socioeconómica como política de sectores de las sociedades. Las respuestas de partidos conservadores y hasta nuevas derechas extremas inicialmente captaron la atención electoral. Pero actualmente se observan matices que permitieron en algunos países el regreso de fuerzas progresistas al gobierno, entre otros en Alemania y Chile.
El partido socialdemócrata alemán SPD recuperó recientemente la jefatura del gobierno luego de 16 años, en los que participó –con la excepción de 4 años en la oposición– como integrante menor de las coaliciones. La victoria se debe a una estrategia de equilibrio y unidad entre los diferentes sectores en el partido. Ahora el SPD enfrenta el desafío de gobernar en una coalición diversa (“semáforo” con verdes y liberales) en plena pandemia, así como la deuda pendiente de una transformación partidaria.
En Chile un frente nuevo progresista ganó la presidencia luego de intensas protestas y conflictos –en el país considerado el más estable–, siendo uno de los más desiguales de América Latina. Con un proceso constituyente en marcha, sin mayorías parlamentarias y frente a una alta urgencia y expectativa en cuanto a reformas, al nuevo gobierno le espera la tremenda tarea de definir y negociar su agenda.
Entrando al tercer año en oposición, el Frente Amplio uruguayo se ubica en su rol, mientras debate la agenda hacia 2024. Las elecciones del partido enviaron señales hacia reformas programáticas, así como un cambio generacional y de género. A la vez, el nuevo presidente cuenta con una trayectoria de negociador y personifica un voto a favor del diálogo y de la unidad. La nueva dirección enfrenta tanto altas expectativas como resistencias.
Si bien el contexto y los sistemas políticos difieren entre Alemania y los países latinoamericanos (presidencial – parlamentario, etc.), los vínculos partidarios progresistas bilaterales tienen una larga historia. En tiempos de desafíos cada vez más globales, el intercambio internacionalista y la alianza progresista son más necesarios que nunca. Aprovechando la visita del jefe de la bancada parlamentaria socialdemócrata Rolf Mützenich a Uruguay, el proyecto FES/TomaPartido abre un espacio de intercambio acerca de los retos actuales para gobiernos y partidos progresistas.
¿Cuáles son las estrategias de consensos que contrarrestan las divisiones en las sociedades? ¿Cuáles son las lecciones de gobiernos progresistas anteriores y cuáles de la pandemia a tener en cuenta al definir políticas progresistas? ¿Qué reformas internas partidarias son necesarias frente a la crisis de la representación? ¿Cómo diferenciar claramente agendas y roles entre gobierno, bancada y partido? ¿Y qué podemos y debemos hacer juntos en un accionar internacionalista de las fuerzas progresistas quienes actualmente se presentan más divididos que nunca?
Si desea recibir más información sobre las propuestas de formación de CLACSO:
[widget id=»custom_html-57″]
a nuestras listas de correo electrónico.