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COLOMBIA - Un sí al plebiscito es un sí a la paz
  Nº 7 - Septiembre 2016
 
COLOMBIA DIRÁ SÍ…
Marta Inés Villa [*]
Nº 7 - Septiembre 2016

Colombia vive un momento histórico, como a comienzos de los años noventa, cuando un movimiento ciudadano votó lo que se conoció como la “Séptima papeleta”, con la que se decidió convocar a una Asamblea Constituyente que permitiera reconocer la hondura de la crisis que atravesábamos y sentar las bases para un nuevo país. Esta Asamblea, con la participación de grupos recién desmovilizados (Movimiento 19 de Abril, Movimiento Armado Quintin Lame, Partido Revolucionario de los Trabajadores, Ejército Popular de Liberación) y de los partidos políticos tradicionales, promulgó una nueva Carta Constitucional que consagró a Colombia como un Estado Social de Derecho. Pero la guerra no cesó y los esfuerzos de una buena parte de los sectores democráticos se han orientado desde entonces a detenerla. Hoy esta posibilidad se avizora como nunca antes. Y con ello la oportunidad de ocuparnos de los retos pendientes de la democracia.

El 2 de octubre el pueblo colombiano tendrá la posibilidad de salir a refrendar los acuerdos firmados por el gobierno y las FARC-EP, la guerrilla más grande y antigua de Colombia y terminar de esta manera, uno de los conflictos internos más duraderos del mundo moderno. Tras más de cinco décadas de confrontación armada y cuatro años de negociación en La Habana, se ha llegado a un acuerdo que apunta, de un lado, a abordar lo que se consideran factores que han dado lugar a la existencia de este conflicto armado (En el acuerdo, puntos 1. Desarrollo Rural, 2. Participación Política, 4. Drogas Ilícitas); de otro, a reparar los impactos generados por la guerra (5. Victimas); a la desmovilización de la guerrilla y su conversión en partido polítco (3. Fin del Conflicto) y a la implementación de los acuerdos (6. Implementación, Verificación, Refrendación).

A nuestro modo de ver, los puntos acordados representan una oportunidad para la ampliación y profundización de la democracia en Colombia y ameritan el respaldo total de la sociedad colombiana. ¿Por qué?

En primer lugar, porque ofrecen la posibilidad de avanzar en saldar deudas históricas, como un conjunto de políticas de desarrollo rural que nunca se han hecho en nuestro país; promesas incumplidas de la Constitución del 91 como el rompimiento del bipartidismo y la posibilidad real y con garantías del ejercicio de la oposición política.

Segundo, porque por primera vez, las víctimas ocupan un lugar central en todo lo acordado. Y es que el conflicto armado en Colombia ha dejado más de 8 millones de víctimas, entre ellos 6 millones de personas desplazadas, 265.000 personas asesinadas, alrededor de 80.000 desparecidos, entre otras. Que no haya ni una víctima más, ni una persona más desplazada, desaparecida o mutilada por una mina antipersonal, nadie mas secuestrado, que ni un niño más sea reclutado para la guerra y ni un metro más de nuestra tierra se convierta en campo minado, eso sólo, justifica esta negociación. Pero que las víctimas sean reparadas, que haya avances en la construcción de la verdad y en establecimiento de responsabilidades lo justifica aún más. Después de años de conflicto hay heridas abiertas que tardarán en sanarse, pero sin duda alguna, la verdad, la justicia y la reparación a los que apuntan los acuerdos son un avance garndísimo.

Tercero: necesitamos separar de una vez y para siempre las armas de la política. En esto consiste en ultimas el fin del conflicto, en el que la guerrilla, además de decir la verdad, reconocer sus responsabilidades y reparar a las víctimas, se reincorpore a la vida civil y ciudadana, acepte las reglas que nos rigen como Estado Social de Derecho y defiendan sus ideas como un partido político, a través de la palabra, de las propuestas, de la movilización social. Pero sin amas.

Todo esto es posible con la firma y refrendación de estos acuerdos. Coincidimos con quienes plantean que la paz no se firma sino que se construye, y también con que no se trata solo del acallamiento de los fusiles. Por eso saludamos el sentido de estos acuerdos y creemos que abren una puerta para un enorme trabajo que supone transformaciones profundas en nuestra cultura política, en la institucionalidad pública, en el modo de relacionarnos y de afrontar las ideas contrarias, en fin, una oportunidad para vivir en paz.

Por eso nuestros esfuerzos están por estos días en ayudar a comprender el sentido profundo de este gran paso. Ello incluye el respeto por quienes han optado por el No. Esto es, centrar los esfuerzos en la capacidad de argumentación y de escucha. En esto consiste la democracia profunda: en la convivencia pacífica de contrarios. Al fin y al cabo el país que amanezca el 3 de octubre, con un Sí rotundo a los acuerdos firmados entre el Gobierno y las FARC-EP, tendrá que tener espacio también para ellos y ellas. La tarea de reconstrucción de este país herido continuará, pero habremos dado un paso histórico.


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[*] Marta Inés Villa. Corporación Región Medellín-Colombia.


 
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