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Más papistas que el papa - Reflexiones sobre su visita a América Latina
  Nº 3 - Marzo 2016
 
Nº 3/3 - Marzo 2016
 
LOS POSIBLES EFECTOS DE LOS DISCURSOS DEL PAPA FRANCISCO EN MÉXICO
RENÉE DE LA TORRE*
 

El Papa Francisco, debido a sus preocupaciones y orientaciones ideológicas y pastorales, ha sido reconocido como un Papa abierto a los cambios, revolucionario, con una marcada preferencia por las realidades en los márgenes, y progresista en términos de una moral basada en la comprensión y la inclusión. El pasado mes de febrero del 2016 el Pontífice realizó una visita pastoral que duró cinco días en los cuales visitó diferentes lugares de México (incluyendo su capital, Ecatepec. Morelia y Chiapas y Ciudad Juárez, escenarios fronterizos de la realidad nacional. Durante su gira se entrevistó y dirigió mensajes a políticos, obispos, jóvenes, indígenas, religiosos y seminaristas, familias, enfermos, reos, migrantes, víctimas de la violencia. Abordó de manera crítica distintas problemáticas que han estado presentes en los temas que son parte de su preocupación: la migración del sur al Norte, los indígenas, la extracción y explotación de la naturaleza, la inseguridad y la violencia, el narcotráfico como efecto de la falta de oportunidades para los jóvenes, el sistema carcelario como solución falsa, y el mal de la frontera que divide pueblos y familias latinoamericanas. Sobre estos temas, Francisco impresionó a periodistas y analistas sociales, porque a diferencia de los papas anteriores, habló con autoridad moral, mostrándose conocedor de las problemáticas que se vivían en cada lugar que visitó y colocando la doctrina social cristiana a la Latinoamericana, como una vía alternativa al neoliberalismo global que permita enfrentar y cambiar las problemáticas actuales que aquejan no sólo a México, sino al mundo entero.

Su mensaje pastoral no solo colocó los valores de la misericordia y la paz, sino que denunció causas y responsables de dichas problemáticas. Entre ellas, exhortó a los políticos a dejar de promover la cultura del descarte, a la cual señaló como mal estructural del maltrato a la naturaleza, del tejido social y familiar. Instó a una cultura de la inclusión de la diversidad (indígenas, jóvenes, mujeres u hombres, divorciados o presos) opuesta a las políticas de discriminación imperantes en el mundo contemporáneo. Durante su visita a Chiapas, uno de los estados más pobres del país y el de mayor población indígena, colocó su preocupación por la situación ambiental del mundo y aconsejó aprender de los indígenas y ancianos para convivir armónicamente con la naturaleza. Al rezar en la tumba de Samuel Ruíz (obispo promotor de la vertiente indígena de la Teología de la Liberación, que en los años 90 fue acusado de tener orientaciones marxistas y bélicas, y de ser cómplice del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, EZLN) reconoció la teología indígena y legitimó la pastoral en la defensa de los derechos humanos de los más oprimidos: los indígenas. En la misa dedicada a los religiosos recalcó que era indispensable hacer frente a la globalización de la indiferencia. Dirigió sus discursos con rigor a ciertos sectores de élite en la sociedad, entre ellos a las cúpulas del gobierno, de la Iglesia y el gremio del trabajo. Cuestionó el sistema carcelario. Hizo un gesto para aceptar a los divorciados. Dijo que el problema de la migración forzada es el problema de nuestra era. Denunció la pobreza como la simiente del narcotráfico y la violencia. En su último día en Ciudad Juárez, el Papa Francisco le dio un tono apocalíptico a su sermón: comparó la frontera con la población de Nínive que merece ser destruida debido a su decadencia, y como si fuera el profeta Jonás hizo un llamado urgente a la conversión profunda para evitar un próximo cataclismo. Por otra parte, también hablo con dulzura y trajo palabras de esperanza. Colocó los valores de la misericordia, el perdón y la solidaridad como primordiales.

Algunos analistas criticaron al Papa Francisco por lo que no pronunció: no habló ni de la situación de descomposición moral de la iglesia ni pidió perdón a las víctimas de pederastia eclesial (siendo que el Padre Maciel, mexicano, fundador y exdirector de la orden religiosa Legionarios de Cristo incurrió sistemáticamente en el abuso sexual a jóvenes). Aunque habló en términos generales sobre atropellos de derechos humanos, no mencionó el problema de los feminicidios. Y sobre todo había expectativa en algunos sectores de la sociedad civil de izquierda de que hiciera suya la demanda por los desparecidos simbolizado en el reclamo de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Pero en general nadie puede negar que nunca antes un Papa había colocado una agenda crítica sobre la sociedad y la política en un país que se reconocía como uno de los más laicos en el mundo, por su separación constitucional entre la fe y la política. Un laicismo que, por cierto, se mostró totalmente rebasado en esta visita.

Lo que me interesa tratar en este ensayo es pensar en el poder de su discurso, y colocar las siguientes preguntas: ¿Qué repercusiones puede tener la actividad pastoral del Papa en México? ¿Qué de sus discursos podrán tener efectos en la Iglesia y la sociedad y a cuáles se los llevará el viento?

Los efectos discursivos dependerán no sólo de la coherencia argumentativa de los textos, sino sobre todo de las estrategias de enunciación que le permitan colocar el discurso en un sistema polémico y coyuntural.[1] Aunque el Papa Francisco irrumpió con las formas discursivas al regañar en público a los obispos mexicanos, convirtiendo esta intervención en el tema preferido de la prensa, es posible que no vaya a provocar cambios de sentido en la orientación pastoral del Episcopado Mexicano, ya que el líder católico carece del apoyo de un grupo minoritario al interior de la curia. El grupo de obispos mexicanos, con excepción del obispo Vera, es el resultado de una estrategia impulsada por Juan Pablo II para recuperar la presencia pública y los privilegios que la Iglesia católica había perdido en un Estado laico, que incluso llegó a actuar como anticlerical, como es el de México. La jerarquía eclesial logró recolocarse en el ámbito público, y ha establecido pactos con las cúpulas del poder (políticos y empresarios. Pero además, las orientaciones teológicas y pastorales entre el Papa y los obispos no son compartidas, más bien son opuestas. Mientras el Papa defiende una teología liberadora con preferencia en los márgenes de la sociedad, los obispos mexicanos han estado preocupados por la defensa de una moral centrada en valores tradicionales de un catolicismo intransigente que impulsa cruzadas a favor de la defensa de la vida (contra el aborto y la eutanasia). Mientras que el Pontífice abre las puertas del perdón a los moralmente excluidos (los homosexuales, divorciados, y mujeres que han abortado), la Iglesia mexicana encabeza cruzadas contra todo aquello que considera enemigo del orden patriarcal de la célula familiar y el matrimonio (las ideologías de género y los matrimonios entre parejas del mismo sexo), de la célula familiar, y del control sobre la sexualidad valorado como medio para la reproducción (en contraposición con el uso de anticonceptivos y la cultura secularista). En análisis anteriores sobre la participación de los católicos en los derechos humanos en México,[2] he mostrado cómo son escasos los pronunciamientos de la cúpula frente a las problemáticas sociales y derechos humanos en torno a temas que son interés central del Papa Francisco: la vulnerabilidad que experimentan los migrantes, las víctimas de la violencia y el crimen organizado, la corrupción, los feminicidios, la violencia doméstica, los desaparecidos, las condiciones infrahumanas de la pobreza indígena. Si bien el Papa exhortó a los obispos a enfrentar estas problemáticas con “un coraje profético y un serio y cualificado proyecto pastoral “, es difícil pensar que en corto plazo provoquen un cambio en las orientaciones de los obispos. Para que el discurso tuviera efectos, se requeriría del nombramiento de nuevos obispos con un perfil y trayectoria distintos al que los caracteriza. Por otro lado, aunque existe un tejido de religiosos y sacerdotes que se ha mantenido bajo la epidermis de la cúpula que ha estado trabajando en proyectos pastorales de defensoría de derechos humanos y especialmente en las redes de apoyo a los transmigrantes, sus palabras tampoco los beneficiarán porque estuvieron ausentes en las situaciones donde se dieron la intervenciones discursivas y en los mismos discursos del Papa.[3]

Es también difícil pensar que sus palabras toquen los corazones de la clase política mexicana que durante la visita del Papa buscó ser captada como devotos fieles católicos para lograr dividendos políticos, pero que con sus actitudes reafirmaron estar más preocupados por mantener privilegios que por buscar el bien común. Durante su gira se evidenciaron sus actitudes prepotentes y el papel que juega su alianza con obispos y con la televisión mexicana para la sobreproducción de la viderocracia en la política nacional. Para muestra el siguiente botón. Una semana antes de la visita, salió a la luz pública la invalidez del matrimonio religioso de la pareja presidencial, pues la señora Rivera estuvo anteriormente casada por la iglesia. Este hecho no tendría mayor repercusión que un escándalo privado, sino fuera porque pone de manifiesto el entramado de corrupción que involucra a el obispo primado de México, Norberto Ribera, al Presidente de la República, y a la empresa televisa, empresa productora de lo que Devray ha denominado como videocracia[4] con la que se produce una política hecha de imagen y simulación de la realidad. El montaje grotesco de los dramas estelarizados por los políticos, los artistas de moda, los empresarios y la cúpula eclesial durante su gira presentaron problemas en la producción y dejaron asomar también las contradicciones de una élite que usa los recursos públicos para afianzar privilegios de unos cuantos (el ejemplo más burdo fue el uso del helicóptero del Estado de Michoacán para trasladar a Belinda, la cantante juvenil de moda, para que se encontrara con el Papa en Morelia).

Donde sí considero que sus palabras pueden tener eficacia es en dos terrenos. El más fértil, me parece, es el estado de Chiapas, donde existe todavía un germen de la teología indígena y de la pastoral de derechos humanos que fue impulsada por el obispo Samuel Ruiz, pero que tras su muerte ha sido continuada por los jesuitas y los diáconos indígenas. Su bendición y aprobación a este proyecto (autorización de la biblia traducida a los idiomas indígenas, a la labor litúrgica de los diáconos indígenas, la inclusión de una liturgia ecuménica con símbolos y contenidos propios de las cosmovisiones nativas, y la promoción de los derechos humanos en favor de los indígenas y de los pobres) podrá darle un aliento y un nuevo marco de legitimidad al trabajo indígena que en el momento de la visita de Francisco se percibe fuertemente amenazado. En esta diócesis el nuevo obispo ha promovido una pastoral que se apoya en el movimiento de renovación carismática, una religiosidad emocional que busca contrarrestar el avance de iglesias evangélicas y pentecostales, que ha provocado que el declive del catolicismo presente en tan sólo 68% de la población (Censo de Población y Vivienda, INEGI 2010). Y aunque en este estado se emprendió uno de los más valiosos esfuerzos educativos indígenas mediante la Universidad Intercultural de Chiapas, en la coyuntura de su visita esta institución se percibía amenazada por una situación de “quiebra” provocada por la desviación de recursos y la desatención del gobierno del Estado. La postura del Papa dio un aliento a que académicos y estudiantes indígenas escribieran una carta solicitando el apoyo del Papa y de la Diócesis de San Cristóbal para salvar este proyecto.[5]

El otro terreno fértil puede ser su discurso en Ciudad Juárez. Ahí está teniendo repercusiones, no sólo mirando hacia el interior de México, sino en lo que representa la situación de la frontera para el problema de la migración en el mundo. Se construyó un altar en la zona del Chamizal, que simboliza un puente de esperanza en medio del desierto y la desolación. Desde ahí se realizó una misa que logró unir en un mismo tiempo y sentimiento a los mexicanos que habitan en ambos lados de la frontera. Por su situación estratégica en la frontera con Estados Unidos y por ser un lugar marcado por la muerte (en el paisaje lo testifican las cruces rojas que recuerdan a las mujeres asesinadas) y la injusticia, constituye el escenario propicio para dar un mensaje de derechos humanos y de misericordia por las miles de víctimas de América Latina, que para llegar a Estados Unidos tienen que recorrer México, convertido de norte a sur en frontera latinoamericana con el país promotor de la cultura del descarte. Durante su regreso a Roma, en el avión, el Papa fue entrevistado y se le preguntó qué opinaba de la campaña de odio hacia los mexicanos en particular y hacia los migrantes en general que estaba realizando el magnate Donald Trump precandidato del Partido Republicano y que ha prometido construir un muro de tres metros de altura para detener la migración de criminales. El Papa, llevando la problemática de la frontera mexicana a cuestas, respondió: "Una persona que cree sólo en construir muros, estén donde estén, y no construir puentes, no es cristiana". Esta intervención ha funcionado como una catapulta que permite reescalar los discursos y actos de habla del Pontífice en una nueva escala de interlocución, en un cara a cara entre dos personajes que promueven discursos y proyectos opuestos capaces de marcar el rumbo y la historia de mundo contemporáneo. Así como Juan Pablo II fue un actor central en la caída del bloque socialista de Europa Oriental, habrá que estar atentos al protagonismo que pueda logar el Papa Francisco como actor clave para enfrentar el mal de males que él llama la cultura del descarte.

 

 

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*Profesora Investigadora CIESAS Occidente Integrante del Grupo de Trabajo CLACSO “Religiones, espiritualidades y poder en América Latina y el Caribe”

[1] Eliseo Verón. La semiósis social. Fragmentos de una teoría de la discursividad. Gedisa. Buenos Aires, 1987.

[2] Renée de la Torre. “Laicidad o derechos por la vida: las arenas del conflicto entre la Iglesia católica y el Estado y la sociedad civil en México", en Claudia Touris (editora). Dilemas del catolicismo contemporáneo en Europa y América Latina. Prohistoria ediciones, Rosario, 2013: pp. 37-57

[3] Al respecto se puede consultar: “La antorcha guadalupana México-New York: el desplazamiento de un símbolo nacional que abriga una comunidad transnacional”, en Ari Pedro Oro y Marcelo Reis (coords.) Alternativas religiosas en Latinoamérica, Porto Alegre (2015). Cirkula, p. 67-85

[4] Devray, Régis. Vida y muerte de la imagen. Historia de la mirada en Occidente Barcelona: Paidós Comunicación, 2004.

[5] véase el comunicado de prensa “Salvemos la UNICH. Diálogo por su salvación, Urgente mediación Papa Francisco, febrero del 2016 (mecanuscrito).

 
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