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Más papistas que el papa - Reflexiones sobre su visita a América Latina
  Nº 3 - Marzo 2016
 
Nº 3/2 - Marzo 2016
 
BERGOGLIO CONTRA WOJTYLA - ¿EL MUNDO AL REVÉS EN MÉXICO?
HANS EGIL OFFERDAL*
Especialista en Teologías de la Liberación y la Doctrina Social de la Iglesia Católica, NORUEGA
 

Fui testigo de las miles de personas que estuvieron esperando por horas la llegada del Papa Francisco a la Ciudad de México, con grandes expectativas, una noche fresca de febrero. Cuando finalmente pasó el Papamovil por el cruce entre las avenidas Rio Mixcóac y San Francisco, brotaron las porras, los aplausos, y también las lágrimas entre los espectadores impactados. El Papa Francisco a su vez los saludaba y sonreía, y se podía palpar la energía concentrada del momento. El “Papa de los pobres” había llegado por fin a México para salvar su pueblo marginado y oprimido. Al citar Éxodo 3:9 en su homilía dirigida a las comunidades indígenas de la región circundante a San Cristóbal de Las Casas en Chiapas, Francisco afirmó que su peregrinaje nacía de haber “visto la aflicción…oído el clamor…conocido su angustia.”

37 años habían pasado desde la primera visita de un papa a suelo mexicano el 26 de enero de 1979. Esa gira, la primera fuera del Vaticano del Papa Juan Pablo II a México, recibió mucha cobertura en los medios laicos, en parte por la vinculación del papa con informes -muchas veces confusos- sobre sus supuestas condenas y rechazo a la teología de la liberación.

Esta narrativa reaccionaria y politizada acompañaría a Juan Pablo II como una sombra hasta su muerte, y desafortunadamente distorsionó muchas de las interpretaciones de su papado desarrolladas por estudiosos de la religión en el contexto latinoamericano. Algo de este posicionamiento de Juan Pablo II como un enemigo de la teología de la liberación está anclado en la retórica prevaleciente de la Guerra Fría durante esa época. Pero a la vez, el análisis incendiario (y abiertamente politizado, desde le derecha), muy particular de Michael Novak y sus comparsas, contribuyó para retratar a Juan Pablo II como un apologista del capitalismo, como parte de una guerra más amplia contra cualquier atisbo de justicia social o de compromiso con los pobres. En la era histórica de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, era muy importante para estos sectores ultraconservadores poder demostrar que el papa estaba alineado con ellos en contra de la maldad. Tuvieron bastante éxito en vender este mensaje y muchos académicos y analistas se compraron el cuento, en muchos casos por no molestarse con el empleo de fuentes primarias para fundamentar sus trabajos.

Hasta cierto punto se ha dado una inversión de esta dinámica en términos de la percepción del papa Francisco. Sus famosas palabras “Ah ¡Cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!”, pronunciadas inmediatamente después de su elección, justo nutrieron la narrativa de que el Papa Francisco estaba más enfocado en los pobres que sus antecesores. Pocos observadores señalaron que la cita de hecho venía del Papa Juan XXIII y que había sido empleada también por Juan Pablo II en varias ocasiones. En otras palabras, el deseo a favor de una iglesia de los pobres ha sido articulado por varios papas previos.

A la misma vez mientras se solía definir a Juan Pablo II como defensor del mercado libre, el Papa Francisco ha sido catalogado como algo cercano a un socialista por los medios laicos, a quiénes les encanta trasmitir la imagen de Francisco como un papa radical. Todo esto refleja, de nuevo, niveles muy empobrecidos de conocimiento histórico sobre los pronunciamientos de papas previos, como Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Ha tenido mucho impacto, por ejemplo, que el locutor radial ultraconservador Rush Limbaugh en Estados Unidos haya etiquetado a las declaraciones del Papa Francisco como una expresión del marxismo. Lo que es obviado por muchos periodistas, es que el Papa Pablo VI fue caracterizado en términos equivalentes por el Wall Street Journal cuando se publicó la encíclica Populorum Progressio.

Wojtyla y Bergoglio en México

Al comparar el contenido de los discursos de Juan Pablo II y de Francisco durante sus respectivas primeras visitas a México, hay desde luego muchas similitudes, pero – para sorpresa de muchos – hay muchas más diferencias problemáticas. Evidentemente hay diferencias significativas en los contextos históricos, sociales y culturales correspondientes, pero al evaluar el desempeño de cada uno de los papas aludidos, el resultado es una suerte de “mundo al revés”. Por cada ejemplo donde podemos identificar a un Juan Pablo II que señala situaciones concretas y las denuncia, corresponde otra donde Francisco recurría a las generalidades y a la absolución. Juan Pablo II solía nombrar y exhibir, mientras Francisco titubeaba y difuminaba.

Juan Pablo II en México

La visita de Juan Pablo II a México en 1979 fue su primer viaje al extranjero. Hizo una parada rápida previa en República Dominicana y una escala breve en las Bahamas de regreso. Pero su enfoque era México, como parte de su participación en la tercera conferencia episcopal latinoamericana realizada en Puebla (CELAM III).

En 1979 México aún no tenía relaciones diplomáticas con el Vaticano (no fueron establecidas hasta 1992) y Juan Pablo II no fue recibido, por ende, como jefe de estado. De hecho, se subrayó que el presidente mexicano de esa época, José López Portillo (1976-1982), lo recibía como “visitante distinguido”. Rara vez fue visto en público López Portillo con el papa durante esa visita. Al definirse México constitucionalmente como un estado laico, evidentemente había corrientes diversas dentro del partido gobernante (Partido Revolucionario Institucional, PRI) ante su visita. Hubo resistencias significativas a su gira, y otras inconformes con sus contenidos de denuncia contra las élites ricas y poderosas del país.

Como ha señalado Roberto Blancarte en su excelente Historia de la iglesia Católica en México, Juan Pablo II estaba convencido de hecho que México padecía un régimen totalitario semejante para el de su Polonia natal (Blancarte, 1992: 375-376). Este detalle podría explicar por qué fue tan enfático y directo Juan Pablo II en sus denuncias pronunciadas durante esta visita.

Durante sus seies días en México, Juan Pablo II pronunció unas 25 homilías y discursos. Su intervención más extensa fue, como podría esperarse, ante la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla. Pero también hubo declaraciones dirigidas al cuerpo diplomático, a los religiosos, los pueblos indígenas, los campesinos, los pobres, los trabajadores, estudiantes y periodistas, además de visitas a un barrio pobre y a un hospital infantil. No es posible profundizar en cada uno de estos textos en este espacio, pero vale la pena subrayar algunos hilos conductores.

Sólo tardó un día Juan Pablo II en señalar la importancia de la opción preferencial para los pobres, aunque diluida desafortunadamente por su aclaración al público que esto no implicaba un amor dirigido exclusivamente a esos sectores. Enfatizó la importancia de los avances logrados por los obispos en Medellín y en Vaticano II. Citó en varias ocasiones a Juan XXIII y a Pablo VI.

Tomó la oportunidad de trazar a grandes rasgos la historia de la Iglesia en América Latina, al referirse, por ejemplo, al legado crítico y solidario del arzobispo misionero de Lima, Toribio de Mogrovejo (1538-1606), que fue uno de los clérigos españoles que defendió a los pueblos indígenas.

Ante trabajadores y sus familias en Guadalajara declaró que “(P)ara el cristiano no basta la denuncia de las injusticias, a él se le pide ser testigo y agente de justicia; el que trabaja tiene derechos que ha de defender legalmente.” No habrá sido esto de mucho consuelo para los empresarios mexicanos de 1979. A los trabajadores de Monterrey les recordó sus propias experiencias como obrero en Polonia, y les enfatizó que “(e)s derecho fundamental suyo crear libremente organizaciones para defender y promover sus intereses y para contribuir responsablemente al bien común.”

John Paul II también afirmó que quería: “(h)oy llamar la atención sobre un fenómeno grave y de gran actualidad: el problema de los emigrantes. No podemos cerrar los ojos a la situación de millones de hombres que en su búsqueda de trabajo y del propio pan, han de abandonar su patria y muchas veces la familia […] Ante este fenómeno la Iglesia sigue proclamando que el criterio a seguir en este, como en otros campos, no es el de hacer prevalecer lo económico, lo social, lo político por encima del hombre, sino que la dignidad de la persona humana está por encima de todo lo demás y a ello hay que condicionar el resto.” Sus palabras iban dirigidas no sólo a los trabajadores sino también “(A) los poderes públicos, a los empresarios.”

Sin duda el momento más impactante de su visita fue su discurso a los indígenas y campesinos de México el 29 de enero de 1979. Se ha señalado que Juan Pablo II se trasnochó durante su viaje de retorno de Puebla a la capital revisando y corrigiendo este texto, y que esto probablemente fue inspirado por el impacto de ver tanta gente pobre que acudió a recibirlo durante ese trayecto. (Lernoux, 1991:429; Sandoval 1980:35).

Este discurso contiene algunas de las palabras más célebres de su largo papado. Hizo énfasis en el sufrimiento de los pueblos indígenas y los campesinos en México y dijo: “(e)n vista de una situación que continúa siendo alarmante, no muchas veces mejor y a veces aún peor, el Papa quiere ser vuestra voz, la voz de quien no puede hablar o de quien es silenciado, para ser conciencia de las conciencias, invitación a la acción, para recuperar el tiempo perdido, que es frecuentemente tiempo de sufrimientos prolongados y de esperanzas no satisfechas.”

Dentro del marco del análisis desarrollado por Juan Pablo II en este contexto, quedaban muy claramente señalados los responsables de estas condiciones sociales: “(p)or parte vuestra, responsables de los pueblos, clases poderosas que tenéis a veces improductivas las tierras que esconden el pan que a tantas familias falta, la conciencia humana, la conciencia de los pueblos, el grito del desvalido, y sobre todo la voz de Dios, la voz de la Iglesia os repiten conmigo: non es justo, no es humano, no es cristiano continuar con ciertas situaciones claramente injustas.”

Claramente estaba en juego aquí el componene profético del pensamiento de Juan Pablo II.

Francisco en México

El papa Bergoglio fue recibido como jefe de estado, con todas las ceremonias y protocolos correspondientes. Los medios cercanos al gobierno PRIista del presidente Enrique Peña Nieto estuvieron repletos de imágenes del Papa Francisco con dignatarios oficiales, incluyendo secretarios de estado, gobernadores, alcaldes, y hasta la primera dama, la actriz Angélica Rivera. Personas comunes y corrientes estuvieron relegadas a los caminos por donde pasaba la comitiva papal (Offerdal, 2016).

Durante su visita a Chiapas, el Papa Francisco se detuvo unos momentos en reverencia ante la tumba del Obispo Tatic Samuel Ruiz García, renombrado por su defensa de los derechos de los pueblos indígenas de la región. Los medios locales reportaron que el gobierno mexicano intentó disuadirlo de este gesto. No fueron exitosos en este caso específico, pero si fueron aparentemente mucho más efectivos en el control de su agenda en general. Un ejemplo de esto es que no pronunció una sola vez el nombre de Tatic Sam, ni siquiera después de rezar ante su tumba.

Se ha sugerido que el Papa Francisco fue “secuestrado” por las autoridades durante su visita a México (Riva Palacio, 2016). Porqué permitió Francisco este desenlace solo puede ser objeto de especulación, pero el hecho es que en la práctica su visita fue estrictamente contenida, y que brilló por su ausencia cualquier denuncia papal sustancial de las autoridades.

También sobresale el hecho de que, en comparación con Juan Pablo II, Francisco, por alguna razón, no trazó el legado extendido de la historia de tendencias progresistas en la iglesia latinoamericana, al estar ausentes referencias a sus ejemplos concretos. Es especialmente notorio el hecho de que no hubo ninguna mención del papa a Bartolomé de las Casas al visitar la diócesis en la que sirvió como su primer obispo, en San Cristóbal, ni en sus homilías ni en sus declaraciones correspondientes.

Durante su encuentro con el mundo del trabajo en Ciudad Juárez, dónde los efectos del neoliberalismo reflejados en los problemas de las maquiladoras son rampantes, Francisco no habló del derecho de los trabajadores a sindicalizarse o al conflicto entre el trabajo y el capital, y enfatizó en su lugar la importancia del “diálogo y encuentro.”

No se refirió Francisco durante su visita a México ni a los documentos de Medellín ni de Puebla, y la expresión ‘opción preferencial por los pobres’ no existió en su vocabulario. Tampoco hubo una sola mención explícita durante su visita del fenómeno de la desaparición forzada (reflejada en México en un mínimo oficialmente reconocido de 25,000 personas), ni de el caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Su gira papal en México resultó ser, en general, una visita descontextualizada.

Previo a su visita, los voceros del gobierno mexicano enfatizaron que el papa no iba a decir nada que los molestara. Por su lado, el sacerdote activista mexicano Alejandro Solalinde observó en una entrevista con Radio Fórmula que “En agenda papal hay ausencia de temas cruciales para México” (Radio Fórmula, 2016).

Sólo podemos preguntarnos porqué la voz papal normalmente contundente y profética de Francisco estuvo ausente en México. La gran ironía en todo esto es que, al comparar la visita en 1979 de Juan Pablo II y la de Francisco en 2016, parece ser que el supuesto papa conservador Juan Pablo II fue el verdadero actor profético, mientras que el papa “socialista” Francisco fue, en la práctica, el que actuó de manera reaccionaria.


Traducido por Camilo Pérez-Bustillo

 

BIBLIOGRAFIA:

Blancarte, Roberto 1992 Historia de la Iglesia católica en México, 1929-1982 (México: Fondo de Cultura Economica)

Lernoux, Penny 1991 Cry of the people: the struggle for human rights in Latin America--the Catholic Church in conflict with U.S. policy (New York, N.Y.: Penguin Books)

Offerdal, Hans Egil 2016 “Ufarlig pavebesøk i Mexico” en Dagen (Bergen), 24 Febrero

RadioFórmula 2016 “En agenda papal hay ausencia de temas cruciales para México: Solalinde. Con Ricardo Rocha”
< http://www.radioformula.com.mx/notas.asp?Idn=571294&idFC=2016> acceso 4 de marzo 2016.

Riva Palacio, Raymundo 2016 “El secuestro de Francisco” en El Financiero (Ciudad de Mexico), 15 febrero. En <http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/el-secuestro-de-francisco.html> acceso 4 de marzo 2016.

Sandaval, Moises “Report from the Conference” en Eagleson, John, y Philip J. Scharper 1979 Puebla and beyond: documentation and commentary (Maryknoll, N.Y.: Orbis Books)

 

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* Candidatus Magisterii en Ciencias de Religión y candidatus Philologiae (MPhil) en Estudios del Cristianismo por la Universidad de Bergen (Noruega). Actualmente se desempeña como asesor de asuntos internacionales en la Universidad de Bergen. Co-editor, con Genaro Zalpa, del libro ¿El reino de Dios es de este mundo? El papel ambiguo de las religiones en la lucha contra la pobreza (2008).

«In faccia ai paesi sottosviluppati la Chiesa si presenta quale è, e vuol essere, come la Chiesa di tutti, e particolarmente la Chiesa dei poveri.” Papa Juan XXIII, Radiomessaggio ai fedeli di tutto il mondo, A un mese dal Concilio Ecumenico Vaticano II, martes 11 Septiembre 1962 <http://w2.vatican.va/content/john-xxiii/it/speeches/1962/documents/hf_j-xxiii_spe_19620911_ecumenical-council.html> acceso 4 de marzo 2016. «La Iglesia en todo el mundo —dije en mi primera visita pastoral al Brasil— quiere ser la Iglesia de los pobres...”, Juan Pablo II, Carta Encíclica Redemptoris Missio #60 < http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html> acceso 4 de marzo 2016.

 
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