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LAS CONSECUENCIAS SOCIALES DEL CAMBIO CLIMÁTICO GLOBAL
  Nº 18 -Octubre 2017
 
Las consecuencias sociales de los desastres naturales en el Caribe. Reflexiones desde Puerto Rico
Maribel Aponte [*]
Nº 18/2 - Octubre 2017

Este año, cuando los huracanes azotaron fuertemente las Antillas Mayores y las Menores, México y el estado de la Florida, el capitalismo no sostenible y el cambio climático exacerbaron la pobreza y redefinieron las desigualdades: los que tienen o no tienen agua, plantas eléctricas, vivienda adecuada. También interrumpieron las cadenas de suministros de alimentos básicos y de derivados del petróleo de los cuales depende la logística de la distribución; destruyeron el ecosistema multisectorial productivo en torno al turismo y la pesca; hicieron emerger nuevos sectores sociales vulnerables; y desataron oleadas de refugiados ambientales. Pero el desastre climático también reordenó las prioridades de la vida cotidiana así como exaltó la resilencia de las comunidades y de la solidaridad.

Los fenómenos atmosféricos de Irma y María han impactado, esta vez, a varias Antillas que comparten la  particularidad de ser colonias o territorios de ultramar de diversos imperios: Puerto Rico de Estados Unidos; San Martín de Holanda y Francia; las Islas Vírgenes de Estados Unidos. También han afectado islas independientes como Antigua y Barbuda; Dominica y Cuba.

En Puerto Rico, el huracán María colapsó completamente las comunicaciones -que habían sido privatizadas- y el sistema de servicio eléctrico. En consecuencia, dejó al sector privado inoperante, y al gobierno sin poder coordinar la la logística de distribución del agua, los alimentos y los derivados del petróleo.

Cuando el puerto de Jacksonville en la Florida quedó inactivo después de Irma, se hizo evidente que la dependencia de las importaciones vulnera el abastecimiento de estos productos en Puerto Rico. Una transición rápida hacia la energía solar y la soberanía alimentaria resulta impostergable.

Las oleadas de refugiados ambientales impactaron tanto a los países independientes como a las colonias. Barbuda quedó inhabilitada cuando la población que allí residía se mudó a Antigua. Miles de puertorriqueños han emigrado hacia los Estados Unidos, principalmente, personas de la tercera edad que necesitan cuidados de salud que posthuracán no están disponibles. También personas que han quedado sin vivienda o sin trabajo, debido al impacto en el sistema económico, pero que cuentan con parientes en los Estados Unidos. En el caso de San Martín y las Islas Vírgenes, los puertorriqueños -después del azote de Irma y antes del de María- se movilizaron en lanchas a rescatar personas, y el gobierno de Puerto Rico trasladó refugiados a San Juan.

En el caso de la colonias, la economía del desastre local convoca la ayuda del gobierno metropolitano y la solidaridad de la diáspora como solución a la crisis. La misma que evidenció que el gobierno de Puerto Rico no contaba con un plan para enfrentar estos desastres. Justamente la ausencia de plan culminó en el grito “Gringo, come home!”. El gobierno de los Estados Unidos se hizo cargo de la operación de distribución y logística, que concluyó en un nuevo proceso de militarización. La ayuda que Cuba y Venezuela honrosamente ofrecieron no se aceptó hasta tanto el gobierno de Estados Unidos lo permitiera.

El gobierno colonial sitúa el eje de la reconstrucción en la ayuda federal y en nuevos préstamos, aún dentro de la situación de quiebra local que enfrenta Puerto Rico con una deuda de U$S 72 mil millones. Ésto provocó un tuit de Donald Trump, recordándole a la isla su deuda con Wall Street. En su visita a Puerto Rico el 3 de octubre aseveró "Odio decirte Puerto Rico, pero has lanzado nuestro presupuesto un poco fuera de control, porque hemos gastado mucho dinero en Puerto Rico y eso está bien, hemos salvado muchas vidas".

Ante la crisis debemos aprender acerca del sistema de manejo de situaciones posthuracanes de Cuba, un sistema que han venido a estudiar en los Estados Unidos después de Katrina. Además, tenemos que retomar las opciones de políticas regionales de gobernanza ambiental y cooperación, sugeridas por organismos e instituciones regionales.

Sólo cultivando las sobernías alimentaria, energética y financiera, desde una visión sostenible y afianzando la solidaridad internacional y caribeña, encontraremos la resiliencia que esta época de cambio climático nos obliga a asumir.

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[*] Maribel Aponte  - es profesora e investigadora de la Universidad de Puerto Rico-Recinto de Río Piedras. Doctora en Economía por la Universidad de Massachusetts, Estados Unidos. Integrante del Grupo de Trabajo CLACSO Crisis, respuestas y alternativas en el Gran Caribe. Representante del Comité Directivo de CLACSO Región Caribe

 
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