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El legado de Fidel
  Nº 11 - Diciembre 2016
 
LA GARGANTA PODEROSA DESDE CUBA
Nº 11/5 - Diciembre 2016
  1. "AQUÍ NO SE MUERE NADIE"
  2. "TOTAL NORMALIDAD"
  3. "Y AHORA QUÉ HAREMOS: HAREMOS LA PODEROSA EN CUBA"
  4. "FIDEL CASTRO LUZ"
  5. "PARA SIEMPRE, COMANDANTE"
  6. "EL VIL PAPEL"
  7. "NOSOTRAS SOMOS FIDEL"
  8. "EL CAPITAL PODEROSO"

"AQUÍ NO SE MUERE NADIE"

La otra noche amanecimos dormidos, aislados, aturdidos, bloqueados, confundidos, sin vos. Perdón, sin voz, disfónicos de gritar frente a los vómitos del mar, como una pedagogía del empedernido, sin un solo desaparecido durante 100 años de soledad. Perdón, 90 peldaños de dignidad, con la garganta villera del suelo cubano, acunando la trinchera del pueblo latinoamericano dispuesto a escribir sus propios errores, sin oprobios, ni dictadores, ni un solo terrorista en la dialéctica fidelista. Los ojos lloviendo. Y las caderas riendo. Los guiños a la rayuela. Y los niños en la escuela. Una puntada en la panza. Y empachada la esperanza. Los ideales arrugados. Y los hospitales encerados. El show sin sonido. Y el cerebro encendido. Las marquesinas revolucionarias. Y las campesinas universitarias. Los cañonazos de salva. Y los abrazos a mansalva. La política sin sobres. Y los médicos para pobres. Los analfabetos a la diplomacia. Y los retos a la desgracia. La libertad encarnada en un país. Y una estatua pintada de gris. Los huesos molidos. Y los sueños enrojecidos. Los miedos enterrados. Y el malecón despierto…
¡Los puños cerrados!
Y el corazón abierto.

Qué lío, qué manera tan espantosa de levantarse, Comandante mío. Imaginatetú, particular "dictador", cómo puede sentirse un sentidor, al verse sacudido por el ruido del televisor ante la catástrofe natural más artificial del relato capitalista, un tsunami de arrebato amarillista, arrancando tantos y tantos telefonazos, entre un aluvión de llantos y otro ciclón de payasos. Pero no, no hubo, ni habrá viento noticioso capaz de tumbar con su primicia al hombre de la cruzada por la valentía y la paz, ni con esa noticia inesperada, que la CIA no supo esperar jamás. Algo, alguien, evocando esa vocecita típica de los silenciados, oficiaba de locución bajo los párpados sedados por la madre de todas las pesadillas, miles de vientos huracanados contra el padre de todas las villas, en el medio del desconcierto.
No podía ser cierto.

Con el correr de los segundos y el volar de los terceros, esa estrella que dormitaba en los guerrilleros volvió a iluminar nuestras caravanas, estirando sábanas africanas, levantando vetos alfa y estrujando las almohadas de alfalfa, mientras se desvelaban los libros que nunca pudieron dormir, custodiando al epílogo que ya nadie podrá reescribir. Por todo ese afecto, hoy estamos marchando hacia el desperfecto ideal, sobrevolando el paraíso internacional de la infancia, en la peor instancia que podíamos imaginar, para salir a buscar un café más cubano o más rojo, ante el tirano que mira de reojo a la taza servida por el pueblo vil y desobediente, ¡la tasa de mortalidad infantil más baja del continente! Ni cóndor, ni águila, ni desnutrición, 130 mil médicos aptos para escribir una canción. Un solo despertador, para una isla llena de gente, con 10 estudiantes por docente, en cada Facultad del Derecho al Desayuno, sin alumnos de segunda mano: 200 millones de niños sin techo. Y ninguno es cubano.
¿A quién están despidiendo?

Déjennos seguir durmiendo, pesados, que ya venimos pasados de revoluciones, mientras Martí lucha para sí, corrigiendo oraciones. Hemos derribado la pavada del adentro y el afuera. No por nada, querían despertarnos como fuera. ¡De verdad, esta vez se murió! Váyanse a la ruta madre que los guió y fíjense con carpa quién la gobierna. ¿Qué puede saber su arpa, de nuestra vida eterna? El "mundo", ese mundo indoor, el inmundo para decirlo mucho mejor, hoy grita fuego fuego fuego, como el ego en el desierto, porque teme que no haya muerto, que sea macana, que se haya ido porque se le dio la gana. Pues La Habana no acepta jugar sus juegos, pero si la miran de cerca, pueden quedarse ciegos. ¿O realmente creían que íbamos a perderlo? ¿Cómo mierda puede ser que no logren verlo? Un bloqueo criminal, 753.688 millones en metal, para tapar el faro universal de cada mar y cada serpiente, mientras bombardeaban el medio ambiente de la impunidad. ¿O por qué nadie nos habla de la otra mitad? Alto sueño, la vida sin dueño, ni hambruna: hubieran probado un atentado a la luna. Porque sí, los coletazos de la bestia tocaron la hegemonía de la falacia, la hipocresía de la democracia, la mezquindad del poder, la autoridad que nunca volverán a tener, el derecho al racismo, el izquierdo al cinismo, la transfusión del hambre, la globalización de la sangre, la prepotencia del mercado y la somnolencia del circo alienado que terminó anestesiado hasta los codos, por temerle al temor de los otros. La bestia tocó a todos.
Y ahora, nos toca a nosotros.

A la madrugada del planeta, esa noche oscura atacó a Zavaleta, a miles de villas y a todas las pesadillas de la política liberal, justo en el sótano de su realidad virtual, donde esperan y seguirán esperando esos gusanos que se viven arrastrando por las zanahorias que los mantienen. Qué hambre tienen. Medio siglo saboreando un bocado, que todo el imperio creyó en sus redes, aunque nunca se los sirvió: este muerto no era para ustedes, este muerto se los devoró. Y el sueño se puso bueno, tan bueno que su veneno resultó medicina, como la crotoxina que los laboratorios quisieron ahogar, justo cuando ese monstruo la vino a salvar. Un mamífero impensado para cualquier ataúd, habitando el bosque encantado de nuestra salud, afilando sus vacunas contra el cáncer por ahí o babeando la mitad de su PBI. Justo sobre las víctimas de su propio "despotismo", tanto menos déspota que el periodismo y tanto más tierno que cualquier otro gobierno, supo lanzar esos rayos de azar a contramano, hacia la cumbre del desarrollo humano, tangible como sus planos, como su piel o como la utopía al descubierto.
Fue horrible, soñamos que Fidel había muerto.






"TOTAL NORMALIDAD"

Foto: La Garganta Poderosa

Quemados del sol, que ahora brilla ahí arriba, llevamos unas 24 horas sin dormir, sí, porque aquí nadie puede dormir, nadie. Ni las horas. Y entonces las vamos llevando, a cuestas, todas apretujadas contra los minutos, los años, los segundos, los meses, los ratitos y las semanas, bien amarradas en el portaequipajes de la conciencia social, para acompañar la guagua humana de Fidel. Línea socialista, ramal cubano, transporte público. Y hasta la victoria, pero algunos salieron antes junto a Camilo y Ernesto, que se adelantaron, como siempre.
Con varios licuados de recuerdos en el estómago, varias gotas de guayaba en las mejillas y varios gritos de Evo en el pecho, partió al amanecer una poderosa caravana cubana, ayer, que bien podría ser la madrugada de mañana, huyendo de las altas temperaturas que impone el televisor. No se aguantaba más, tanta humedad y tanto dolor, porque una plaza liberada cuenta con épica suficiente como para detenerse a llorar por los ausentes, pero una plaza movilizada por el más presente de los presentes no se puede detener, así venga regada de tristeza, enrejada de abrazos o acalambrada de luchar, como siempre.

Bien parados de manos, van 11 millones de cubanos. Algunos, incluso, físicamente. Van los bicitaxis, pedaleando contra el viento del racismo. Van todos los niños, pero todos, pero todos, pero todos, faltando a la escuela para demostrar cuánto aprendieron, por esta única vez. Van los caballos, relinchando cuesta arriba con la carga del embargo. ¿Y los analfabetos? No van, no hay. ¿Y los Policías? Van, van por convicción, sin fierros, con identificación. ¿Y los desnutridos? No hay, no van. ¿Y las prostitutas? Van, van libres, con libreta alimentaria y con carrera universitaria. Ojalá pudieran oírlas, para saber cómo batalla la dignidad rebelde, porque hay gente que se informa poco, hay otra que no tiene noción y hay otra que aún les cree a los noticieros, de verdad. De verdad, mienten, como siempre.

Dirán que su féretro pasó por el Malecón, pero omitirán este mar de lágrimas. Dirán que pasó por la fortaleza, pero omitirán los cañonazos de medicinas al mundo. Dirán que pasó por el Palacio de las Palomas, pero omitirán sus migas con Nelson Mandela. Dirán que pasó por La Habana Vieja, pero omitirán a La Mujer Nueva. Dirán que pasó por la Virgen del Camino, pero omitirán al Dios del pueblo latino. Dirán que pasó por Caballo Blanco, pero omitirán al último San Martín. Dirán que pasó por Matanzas, pero omitirán cómo las combatió. Dirán que pasó por Cienfuegos, pero omitirán cómo los prendió. Dirán que pasó por la casa de Hemingway y la de Martí, pero omitirán ese abrazo de los tres que todos nosotros vimos. Y dirán al final que pasó Fidel, pero omitirán cuántos lo seguimos, como siempre.
No, no hay peor ciego que el que prefiere confiar en los noticieros, pero en algo tienen razón: esta marcha multitudinaria, multigeneracional, multinacional, multicultural y multimultiplicada, que nos robó el sueño, la angustia, la rabia, el miedo y la desolación, estuvo esencialmente conformada por personas mayores, muy muy muy mayores. De todas las edades, eso sí. Pues ahí estaban los maestros mayores de obras, los obreros mayores de maestros, los mayores beneficiarios de los derechos del niño, los mayores íconos de la Revolución, los mayores índices del desarrollo humano, los mayores faros de América Latina y los mayores motivos para seguir luchando, como siempre.

Y sí, durante las últimas 24 horas, desde La Habana libre de publicidad hasta la Santa Clara de su querida presencia, nos volvimos un poco más poderosos, un poco menos miserables, un poco más cubanos y un poco más hermanos. Nos volvimos a mirar, nos volvimos a reír y nos volvimos a convencer de todo lo que creíamos al amanecer, sólo que ahora nos grita la piel, viendo otra vez juntos a Ernesto y Fidel. Pero bueh, lamentablemente, gran parte de la prensa "independiente" se lo perdió, porque estaba muy ocupada escribiendo que "Castro murió". Como siempre.





"Y AHORA QUÉ HAREMOS: HAREMOS LA PODEROSA EN CUBA"

* Por Delia Granado Duque.
Hija de Alberto Granado, copiloto del Che.

¿Cómo explicarles ahora, en medio de la Plaza, en medio de tanta gente, en medio de tanto dolor, cuánto ha significado el grito de esa Garganta hacia adentro de nuestra familia? Desde aquella moto que bautizaron mi padre y Ernesto, hasta esta organización internacionalista que supo mantenerla en movimiento, para mí, La Poderosa significa la Revolución, significa la lucha contra todo lo que está mal hecho, significa la búsqueda de un mundo mejor.

Mi padre tuvo la suerte de haber encontrado al Che y a Fidel, para poder encausarnos a todos nosotros en la inmensa dignidad del pueblo cubano, ¡pero qué digo suerte! No existe la suerte y tampoco las coincidencias. ¿O cómo nos hemos reunido acá, La Poderosa y la sangre de Alberto Granado, en el corazón de La Habana, justo para enfrentar este momento tan duro? Ninguna casualidad: los revolucionarios contamos con una gran ventaja, la capacidad de reagruparnos a toda hora, porque vamos a lo largo de nuestras vidas andando por los mismos caminos. ¿A quién se le ocurre que todo esto pudiera ser fortuito? Juntos estamos, porque juntos venimos persiguiendo una misma causa, con la misma convicción determinante: no permitir que nadie deje morir al Comandante.
Cuando allá decidieron iniciar una revolución villera y, para mejor, bautizarla como "La Poderosa", en acuerdo con mi padre, él regresó a Cuba entusiasmado y lo contó en la mesa familiar, porque consideraba indispensable la participación de los jóvenes en las grandes transformaciones. Fidelista como era, destacaba el valor de esa experiencia en su patria natal, porque entendía que cada país debía recorrer el rumbo hacia su propia revolución. Y ese camino, en la Argentina, como ustedes bien lo saben y lo gritan, sólo se puede construir desde la unidad.
Alberto Granado era un hombre sencillo, un hombre de pueblo, un hombre que nunca fue uno, siempre fue muchos. Un hombre que se formó con amigos, como Ernesto y Fidel. Por eso, cuando se presentaba en cualquier ámbito social, solía decir que para políticos estaban esos dos gigantes y que su mérito, su gran mérito, era haberlos hallado. ¿Pero qué decir del Comandante ahora? Que ha sido el héroe del siglo XX, del siglo XXI y de todos los siglos que vayan a venir. Un héroe capaz de transmitir el valor de los valores. Un héroe capaz de movilizar estas masas genuina y desinteresadamente. Un héroe siempre combativo. Pues aquí no van a encontrar a su pueblo apesadumbrado, ni abatido, sino más bien a su pueblo de pie, dispuesto a seguir peleando como él nos enseñó: leyendo, superándonos y fomentando un espíritu crítico que nos permita luchar, para seguir mejorando todo lo que deba ser mejorado.
No se puede olvidar la historia. Con certeza revolucionaria, podemos afirmar que aquí seguirá gobernando el pueblo, aferrado a sus raíces y abrazado a su Revolución, como siempre lo hemos hecho, porque así nos ha formado Camilo y porque desde hoy contamos con este poderoso legado, el legado de nuestro Comandante, que nos hará invencibles. Un genio, un estadista, un socialista consecuente, preparado para pensar el mundo de los explotados, esos invisibles a los que todo el universo puede ver ya mismo en cada rincón de la isla, flameando sus banderas.
De aquí en adelante vamos a trabajar todos juntos en esta tierra, todos los días, todo el tiempo, para poner en marcha al movimiento La Poderosa, también en Cuba, porque no hay Revolución posible sin internacionalismo.
Y eso también, lo aprendimos de Fidel.






"FIDEL CASTRO LUZ"

Foto: La Garganta Poderosa

Guarda, eh, cuidado cuando el foco está muy cerrado, porque algún despistado podría pensar que vamos a publicar un álbum de sensaciones, una panorámica de las convicciones que nadie pudo retocar, pero hay ciertas emociones que detonan cualquier angular. Ni toda esa película de la caravana que vienen enfocando hace una semana, bastaría como reproducción para la profunda desolación cubana, que viene marchando a contraluz desde La Habana, para exportar una imagen imponente desbordando la lente. Una postal capaz de sintetizar la vida real, el amor y el dolor en una sola ilustración, porque la Revolución no tuvo, ni tiene problemas de iluminación. Detrás del mismo objetivo, sin detenerse jamás en la definición del negativo, Fidel gatilla la garganta de la villa con otra ilustración de la dignidad sin maquillaje, una nueva impresión de la solidaridad sobre el ultraje. Y Cuba es eso, un flash al progreso desobediente, para poder alumbrar el presente que ninguna prepotencia supo bloquear, ni velar, una experiencia mucho más inteligente que la inteligencia militar. Porque sí, justo ahí, en la tierra de ninguna guerra para toda la paz, además hay fotografías que desmontan las escenografías y sus siniestras coartadas. Acá van las nuestras, todas reveladas.

Foto: La Garganta Poderosa

Foto: La Garganta Poderosa






"PARA SIEMPRE, COMANDANTE"

A decir verdad, nunca pensamos ver algo así, jamás, pero lo vimos. Y sentimos la obligación de contarlo. Ayer vimos a un policía llorando, llorando con las tripas, llorando con los mocos, llorando con las uñas que acribillaban las palmas de sus manos, envueltas en dos puños cerrados con todo el dolor que un alma puede soportar. Y sí, tienen razón, debimos haberlo fotografiado, pero no pudimos. Nosotros también estábamos llorando. Y sí, tienen razón, debimos haberlo esperado, pero no pudimos. Nosotros también estábamos atrapados por nuestra piel. Nos abrazamos.
Ahí viene Fidel.

Se, oye, se, siente, Fidel, está, presente. Se oye, se siente, Fidel está presente. ¡SeoyesesienteFidelestápresente! Y entonces, sí, ahora que ya pasó todo, ahora que no pasa nada, vamos a escribir el último párrafo del texto que recién empieza, el último alarido del silencio que nunca termina, el último adiós a la bienvenida que nadie podrá despedir. Pero ojalá estuvieran acá, ojalá todos sus sentidos o sus resentidos estuvieran acá, adentro de semejante óleo, aspirando la historia y tocando este recuerdo en vivo, entre las puertas oxidadas del carro modelo 50 que avanza penetrando la neblina, como si el tiempo se quisiera esconder. Ojalá. Son las 4 de la mañana. Y Santiago de Cuba no se deja ver.

Algo hay en el aire, que clama por no amanecer.
A un lado y otro de la carretera, la mirada prendida fuego va correteando al humo del invierno que arde. Y poco a poco, la trompa del almendrón comienza a descubrir las tribunas invisibles del grito mudo que aturde desde todos los costados. Las suelas gastadas, las pantorrillas negras, las medias escolares, las rodillas polvorientas y los borcegos de cuero forcejean por la primera fila del cordón que no tiene vereda. De ser cine, debiéramos quitar algunos cientos de miles, para que no parezca ficción. Y de ser dictadura, debiéramos quitar emoción, para que no parezca ternura. Desandando el mismo camino que surcó en 1959, ahora a contramano, vuelve la caravana del mismo Comandante, con el mismo pueblo adelante. Nublado, amaga con llover, pero algunos rayos del sol prometen un tiempo mejor.
El amor después del amor.
La Bodeguita del Medio no quiere llorar, pero tampoco lo sabe disimular. Sus metálicos párpados caídos anuncian el final de un luto que cualquiera puede respirar. Pinchamos una goma. Y volvimos a pinchar. Pero se entiende, neumáticos, cómo se entiende, cuando uno se dispone a sentir el peso muerto de cada cubano, cargando con su dolor, mientras Batista sigue acuartelado en cada grabador. Porque sí, las crónicas del mercado rebotan contra los huesos y golpetean la boca del estómago, cuando los ojos miran temblar la mandíbula de una anciana negra y campesina que supo camuflar rebeldes en un tacho de lavandería, para que los soldados del dinero dejaran de violar a sus hermanas, antes de robarse sus gallinas, mientras sus padres les labraban la tierra. Desfasado como el futuro vestido de pasado, los rostros cubanos y el audio de los noticieros componen una síntesis audiovisual del cinismo a viva voz.
El pañuelo de las Madres y el relato de José María Muñoz.
Sin montaje, ningún jinetero de la comunicación se atrevería a sostener su guión, ante la masividad de los convencidos, de los agradecidos, de las alfabetizadas. Acá nadie necesita plazas valladas. Donde sale, llega. Donde llega, entra. Y donde entra, triunfa, porque todos combaten la misma hiel. ¡Yo soy Fidel! Pero quién lo hubiera dicho, tan distinto que parecía en televisión. No parecía esa, ni ese, ni aquel, pero los escuchamos gritar con nuestros propios ojos, cuando la cera se volvió miel. Yo soy Fidel, ¡yo soy Fidel! Mulatas, mestizos, gringas, viejos, niñas, maestros, médicas, obreros, artistas, diplomáticos, trabajadoras, ajedrecistas, intelectuales, cocineros, periodistas, estudiantes, escritoras, lectores, luchadoras, peluqueros, beisbolistas, transexuales, bisexuales, chabones, mujeres, gays.
Todos, contados, son 26.
Largo, el acto. Y largo, el texto, puede ser. Ahora, largo lo que se dice largo, largo es un embargo criminal de medio siglo, para que nadie se atreva a desempolvar los guardapolvos de la Sierra Maestra. Porque no, no les molesta que presidentes cercanos se suban al escenario, ni que algún showman salga a interpelarlos. Todo eso les garpa, a tal punto que eligen mostrarlos. No así, al ex combatiente de Angola, que tiene los bigotes empapados de lágrimas y "volvería, si su memoria me lo pidiera". No así, el Camilito que reclama "sacarse la boina para cantar nuestro himno". No así, el sindicalista que jura "no negociar sus principios, porque esos principios se defienden a cualquier precio". No así, la feminista que celebra su "Revolución dentro de la Revolución". No así, el escritor que agradece "haber convertido a los libros de lujo, en artículos de primera necesidad". No así, la líder estudiantil que proclama "universidades que se vuelvan nuestro Granma, que se vuelvan nuestra Playa Girón". No así, el presidente que promete "un proyecto legislativo para prohibir el culto oficial, aun en su ausencia, porque ésa era su voluntad".
No así, la verdadera cara de la verdad.

Termina el discurso. Termina el acto. Y no termina nada más. A la eufórica retirada del féretro con más restos del mundo, la sigue una fuga agonizante del sonido hasta un vacío que no podría escribirse ni dejando de escribir, ni desenchufando la computadora, ni rompiendo todas las hojas en blanco, ni cortándose las orejas, para que la sangre completara el papel. Nunca ningún silencio había gritado tan fuerte. Murió el papá de todos los cubanos. Y nosotros seguimos acá, abrazando a 11 millones de hermanos, entre las banderas de sus corazones, que flamean para siempre en todos los balcones. No era sólo él, era muchos otros, una locomotora capaz de recorrer hasta el último riel.
Fidel fue todos nosotros.

Y ahora, todos nosotros vamos a ser Fidel.






"EL VIL PAPEL"

Justo cuando flotan las promesas sobre el bidet, cuando se limpian con los diplomas del CONICET, cuando atienden en emergencias a la tensión social, cuando llega la ciencia ficción a Chapadmalal, cuando los minoristas venden carnada, cuando la escuela queda desaprobada, cuando el salario mensual se morfa la PISA, cuando la industria nacional necesita visa, cuando vomitan 650 despidos diarios, cuando los agradecidos son millonarios, cuando el poder blanquea su historia, cuando quieren esconder el Día de la Memoria, cuando se llenan las ollas populares, cuando encubren a todos sus familiares, cuando el gatillo fácil revienta, cuando la inflación no paga la cuenta, cuando YPF carga telegramas, cuando Monsanto se va por las ramas, cuando Encuentro y Pakapaka se van a la tanda, cuando Aerolíneas te quita la vianda, cuando el ingeniero veta sus propios planos, cuando el mundo entero reclama por Derechos Humanos, los medios de confusión nos devuelven el sueño y nos ponen contentos, con una "nominación al Mejor Diseño, para el billete de 500", tan novedoso y tan bonito, que despierta la envidia de todos los demás…

Ojalá fuera espantoso y durara un poquito más.






"NOSOTRAS SOMOS FIDEL"

No se imaginan cómo estaba, ni se lo imaginan. Apareció desplomada de costado, flotando en un zanjón, sangrando mar, vomitando salsa, exudando gotas de ron. Un rastrillo de uñas le desangraba la espalda, con forma de malecón. No la tomaban de puta: la obligaban a trabajar de puterío, para el patrón. Y no, ni la Policía hubiera aprobado semejante vejación: el cuerpo lleno de tierra, desgarrado por los miembros borrachos e inconscientes del ejército imperial. A nombre del Rey, a nombre del capital, daba exactamente igual, porque no sólo habían atentado contra su condición de dama, habían mancillado su condición humana, sometiéndola a la trata de negros, al empalamiento de la United Fruit, al asfixiamiento soviético, al sometimiento del mercado internacional y al ahorcamiento del período especial. La violaron, se cansaron de violarla todos los dueños de la moral, mientras se masturbaba la prensa obsecuente.

Pero al final,
Cuba se volvió una sobreviviente.
Y ahora no la pueden ver. La odian. La maltratan. La denigran. La golpean. La bloquean. No hay caso, la tipa los sigue provocando, cuando se sigue embarazando por un plan social, que no sólo ofrece una licencia universal, tan maternal como paternal: prioriza la dignidad y garantiza la posibilidad de crecer, sin utilizar como variable a la libertad de la mujer. Desde el séptimo mes de gestación, la madre descansa en su habitación, a la espera del parto sin administrador comercial, que sólo será cesárea por fuerza mayor o voluntad personal. Ahora, si algún riesgo llegara a confirmarse, ahí deberá mudarse a otro lugar, un centro materno con todas las comodidades de su hogar, más una médica, más una enfermera auxiliar. Y sí, al momento del parto, cualquier exabrupto verbal implica la quita de la matrícula profesional, sin esperar, ni naturalizar la experiencia tétrica de otra madre primeriza… ¿Vieron la violencia obstétrica?
Bueno, acá no le dieron la visa.

Bienvenido el manto caliente y la polenta del Estado, cuando hay tanto pendiente en la cuenta del supermercado, avanzando sin miedo, sin desencuentro, sin freno: eso sí, prohibido meter un dedo adentro del cuerpo ajeno. Pues cada cubana decide sobre sí misma, por encima del prisma que impone la moral, tras haber transitado desde el inicio de quinto grado su educación sexual. Penes, vaginas y flujos en la currícula escolar, pero también muchos Centros de Planificación Familiar, donde los adolescentes reciben elocuentes instructivos sobre métodos anticonceptivos. Y cuando el embarazo está consumado, ¡bien ausente aparece el Estado! Porque sólo hay una responsable de la determinación final, con opción del aborto seguro, gratuito y legal, a espaldas de la religión, el deber y el capitalismo:
La mujer que gobierna ese organismo.

Al concebir el nacimiento, empieza a regir un año de acompañamiento a la experiencia, con licencia, con cuidado sanitario y con su blindado salario. Un año para enamorarse, que de ser necesario puede duplicarse, sin riesgo a perder el empleo en manos de ningún CEO. ¿Desgracias? ¿O democracias liberales? Si por cuestiones materiales o laborales, esa mujer decidiera trabajar, el padre podría tomar su licencia por paternidad, con las mismas garantías de inmunidad. Pero además, sus derechos civiles incluyen círculos infantiles abiertos de 6 a 19, para cuidarlos por si ninguno puede, porque a contraluz del sistema padre que te rebaja a toda hora, Cuba saluda a la madre trabajadora, desfondando a los televisores y sus contenidos, hasta la última gota. Y si no, miren a Julita relatando los mejores partidos de "pelota", tras ganar el combate sin bate por un cacho de siembra sobre el espectador.
Ni por macho, ni por hembra, por mejor.

Bajo la ternura que llaman dictadura los cerebros de mano dura, todas las niñas salen de los colegios defendiendo sus propios privilegios, hijo mío, con su instrucción, su reto, su poder y su llave, porque "faltarle el respeto a una mujer representa una falta grave". Pero por favor, señoritas, tengan pudor y alarguen sus polleritas. ¿Cortas? No, recontra cortitas. Y mire qué mal, usted, ¡una oficial con medias de red! No, ésa no, todas las oficiales tienen medias iguales… Pero nada, chabón, por alguna razón que nadie nos cuenta, a ninguno se le ocurre buscar en la vestimenta la justificación para una violación. Y si alguno osa intentarlo, la Justicia osará juzgarlo con la voz de una mujer, "que seguramente sabrá bien qué hacer", porque las juezas son mayorías, mal que les pese a las cabezas de las whiskerías. Pero qué raro, ¡hay jineteras! Claro, hay jineteras como en todas las carreteras del turismo o en cada atajo del capital, pero guarda con el cinismo, porque tienen otro trabajo, una obra social y una honrosa jubilación…
Ninguna trabaja de cosa, para ningún canal de televisión.

Todavía queda mucho, mucho, mucho por andar para llegar a la igualdad de verdad, en la isla y en cada rincón del planeta, pero la meta se asoma a la utopía, cuando se toma una conquista. ¿O creían que era broma la tiranía de Batista? Pues cuesta imaginarte la puesta, sin arte, ni teatro, cuando pensás que apenas había cuatro actividades laborales permitidas para las mujeres oprimidas: costureras, criadas, lavanderas o tabaqueras, no podían ocupar otro papel. Y en eso llegó Fidel, para poner las cosas en su lugar: hoy comparten por igual, la Asamblea Nacional del Poder Popular. Y la tabla de lavar. Y la Asamblea Provincial. Y los trabajos agrícolas. Y la Asamblea Municipal. Y las obras de construcción. Y la Asamblea barrial. Y la Mesa Redonda de televisión, en el horario central de Cuba Visión, donde todos los lunes emiten un programón de ningún degenerado, para bajarle los calzones a las tristes versiones del patriarcado y su porvenir, ante la más tenebrosa globalización materialista…
No hay cosa más poderosa,
que parir una revolución feminista.






"EL CAPITAL PODEROSO"

Foto: La Garganta Poderosa

¿Se imaginan a la villa, presentando una película en el más revolucionario festival internacional de cine? Algunos guionistas de toda la burguesía, proletarios asalariados, pero sin alta plusvalía, intentan contar al marxismo como puro teatro, pero nunca cierran la cuenta, porque no están dispuestos a pagar el costo. Y nosotros no podemos pagarlo, no tenemos su conciencia. Tenemos otra. ¿Se imaginan a los patasucias iluminando una alfombra roja, pero roja roja? Algunos directores de toda la mercancía, materialistas históricos, pero con pésima memoria, intentan dirigir al marxismo como puro teatro, pero nunca presentan su obra, porque no están dispuestos a escribir el final. Y nosotros no podemos escribirla, no tenemos su clase. Tenemos otra. ¿Se imaginan un documental de Zavaleta, rodando por La Habana, tras haber sido seleccionado entre 150 mil? Algunos actores de toda la hegemonía, discípulos de la mercancía, pero sin ningún valor, intentan representar al marxismo como puro teatro, pero nunca terminan su escena, porque no están dispuestos a dejar de actuar. Y nosotros no podemos caretearla, no tenemos su fuerza. Tenemos otra. ¿Se imaginan a Kevin gritando, desde Casa de las Américas hasta el teatro Karl Marx? Algunos espectadores de toda la superestructura, dictadores de la acumulación, pero sin relaciones de producción, intentan interpretar al marxismo como puro teatro, pero nunca terminan su crítica, porque no están dispuestos a dejarse criticar. Y nosotros no podemos criticarlos, no tenemos su trabajo. Tenemos otro. ¿Se imaginan a la garganta de Fidel, gritando "Ni un pibe menos"? Debe haber sido nuestra culpa otra vez, por haber entendido todo al revés, sobre la dialéctica del bien para el mal, la tesis del ocaso, la antítesis de la inclusión, la síntesis del destrato y el conjuro del capitalismo.

En tal caso, tienen razón:
el teatro es puro marxismo




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La Garganta Poderosa, un colectivo latinoamericano de comunicación popular, es parte del Grupo de Trabajo de CLACSO “Comunicación, poder y territorio”. Estos textos fueron escritos en Cuba por representantes de esa organización que viajaron para presentar la película “Ni un pibe menos”, en el marco del 38º Festival de Cine de La Habana
Avances de la película en: https://www.youtube.com/watch?v=rBKwlvCbuus.


 
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