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El legado de Fidel
  Nº 11 - Diciembre 2016
 
LOS AGRADECIDOS TE ACOMPAÑAN
Por Martín Granovsky [**]
Nº 11/1 - Diciembre 2016

Dice el verso más hermoso: “Hombre, los agradecidos te acompañan”. Esa frase de la canción “Cabalgando con Fidel” quedó como el mayor símbolo musical de la muerte de Castro, ocurrida a las 22.29 del viernes 25 de noviembre. De inmediato el cantautor Raúl Torres escribió la letra. Después de 40 horas de trabajo en estudios, un grupo de músicos redondeó el tema. Radio Rebelde y la televisión cubana lo difundieron sin parar en medio de un duelo de nueve días que mostró una cara inédita de Cuba. La Cuba silenciosa, sin música en las calles y el susurro de los agradecidos que acompañaban de esa manera al hombre muerto.
   Una semana de cobertura periodística para Página/12 no permite sacar ninguna conclusión científica. Pero conversar con cientos de cubanas y cubanos, observar el paso de la caravana con las cenizas de Fidel en ciudades como Santa Clara y Santiago y en centros más pequeños como Las Tunas, mirar las caras y compartir la pena tal vez autorice a ensayar algunas ideas.

   No hay en la historia ningún funeral de un líder donde lo colectivo se haya fundido a tal punto con lo individual. Con Fidel no hubo féretro inmóvil. Las cenizas hicieron en sentido inverso el recorrido que el Ejército Rebelde había cumplido en la primera semana de enero de 1959.
   Durante cuatro días, del miércoles 30 de noviembre al sábado 3 de diciembre, los restos de Fidel recorrieron mil kilómetros desde el Ministerio de las Fuerzas Armadas en La Habana al cementerio de Santa Ifigenia en Santiago de Cuba. Hicieron cuatro paradas para una vigilia nocturna (Santa Clara, Camagüey, Bayamo y Santiago) y entre esas paradas se internaron en pequeños pueblos o anduvieron a 20 kilómetros por hora en carretera siempre con cubanos a los dos lados.

   Lo colectivo estuvo en la organización. Los chicos fueron con sus escuelas, los trabajadores con su sindicato, los docentes con los chicos, los campesinos con su identificación de origen. Pero al mismo tiempo cada uno pudo ver, cara a cara, ese cofre de cedro envuelto en la bandera cubana. El que quiso tuvo su momento individual de despedida. El derecho a acompañar fue garantizado sin verticalidad alguna. Y fue ejercido por millones, que también podían ir a la vera del camino sin organizarse. Como los vecinos de Santa Clara que esperaron la llegada de la caravana de las nueve de la noche hasta después de las doce y marcharon en familia a la plaza donde está el mausoleo con los restos del Che.

   Uno de los líderes más importantes del siglo XX y de los primeros años de este milenio logró irse en medio de la horizontalidad que solo da la cercanía espiritual.
   Entre los millones de cubanos fue notoria la presencia de jóvenes menores de 25, en general estudiantes universitarios.

   En 2014 el politólogo cubano Luis Suárez, un ex miembro del Consejo Directivo de Clacso, explicó la dinámica generacional de Cuba. Definió cinco generaciones. Una es la histórica, la que  tiene hoy entre 80 y 95 años, la de Fidel y Raúl. La segunda es la guevarista (de alrededor de 70) que entró a la vida política en los primeros años de la Revolución y acompañó a Ernesto Guevara en las primeras iniciativas como la alfabetización masiva. La tercera es la que empieza a hacer política en 1976, cuando la Revolución se institucionaliza con la primera Constitución. La cuarta se metió en la vida pública durante el llamado período especial, cuando implosionaba la Unión Soviética y con esa implosión aumentaban las penurias de Cuba. La quinta generación se forma en los últimos 16 años. Tiene una fuerte identificación cubana nacional y a la vez se preocupa con mucha intensidad por elementos de la vida cotidiana como la formación profesional y la familia.

   Si ese análisis sigue siendo válido, la muerte de Fidel y el ya anunciado retiro de Raúl para 2018 podrían significar un cambio importante en el nivel más alto de la conducción del Estado. Ya hoy muchos integrantes del pertenecen incluso a la tercera o a la cuarta generación.

   ¿Fidel interpeló, con su muerte, a la quinta generación? Es probable. En ese caso el ascenso futuro de estos jóvenes, su potencia, habrán quedado marcados por esa interpelación. Los cubanos parecían más tristes que desamparados. Decían que la muerte de Fidel entrañaba un hecho enorme para la historia y para su propia vida. ¿También experimentaron que estaban convocados al relevo y entonces por eso no cundió el desamparo? Es posible.

    El “Yo soy Fidel”, la consigna que inundó Cuba, fue una creación espontánea que surgió entre los estudiantes de la universidad de La Habana y luego fue tomada por el gobierno, el Partido Comunista, el Estado, la tele y la radio, que la difundieron hasta que se convirtió en el grito único de toda Cuba. Nadie impone, por más que quiera, ni una lágrima ni una consigna. Si sucede es porque expresa una tendencia profunda. ¿Expresa la Revolución? ¿Y qué es la Revolución Cubana? ¿El socialismo o el patriotismo? ¿La cuestión nacional o el internacionalismo antes militar, luego alfabetizador y ahora médico? ¿Todo junto?

   Cuba tenía destino de Puerto Rico. Podría haber pasado de colonia española a colonia norteamericana y quedado así, como habría ocurrido sin los rebeldes del Granma. Socialmente tenía el destino de Honduras, un portaaviones de Washington, o de República Dominicana, con sus campesinos miserables conviviendo con los resorts de Punta Cana.

   Los funerales de Fidel, tratado como un compañero de la vida y no como un semidiós, revelan que la autoestima cubana es al mismo tiempo social y nacional. Tiene que ver con cada historia familiar, donde a menudo hay un abuelo guajiro y una nieta médica, y con la permanencia soberana de una islita que desafía a los Estados Unidos a solo 144 kilómetros de su costa. Una islita llena de agradecidos.
martin.granovsky@gmail.com



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[*] Periodista de Página/12. Coordinador de Clacso TV. Autor del documental Alcarajo. Director del Núcleo de Estudios del Brasil de la UMET. Escritor de un blog en Telesur.


 
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